La palabra es uno de los motores que impulsa todo lo humano. Sin palabras no podríamos estructurar el pensamiento. Ni definir las cosas. No habría conceptos, no avanzaríamos. Sin palabras seríamos sólo seres instintivos abocados a una búsqueda desesperada de una mejor comunicación. El lenguaje de las palabras nos diferencia del resto de nuestros hermanos de otras especies. Esta reflexión, más descriptiva y más didáctica, la hacía en uno de sus instructivos libros (“El vuelo de la inteligencia”), mi admirado filósofo de cabecera José Antonio Marina, una de las autoridades máximas en el conocimiento de la inteligencia adaptada a la sociedad.
La imagen necesita de la palabra, aunque sólo sea para enunciarla, a diferencia de la palabra que es autosuficiente, se vale por sí misma y hasta puede valer por un millón de imágenes.
Hoy, Día del Español, es buena ocasión para hacer un elogio de nuestro idioma, nuestro lenguaje, el conjunto de nuestras palabras, hablado ya por 500 millones de personas en todo el mundo.
El Instituto Cervantes ha hecho un juego para este día. Que cada español elija la palabra de nuestra lengua universal que más le guste. Parece ser que la palabra triunfadora, tras una encuesta entre personalidades y gente famosa, fue “Querétaro”, que es el nombre de una ciudad mejicana. No está mal. Es esdrújula, y por eso tiene un plus eufónico, y además es sugerente de otras interpretaciones. Y rara.
A mi, de pequeño, siempre me ilusionó la palabra ilusión. Y cuando empecé a escribir, siendo adolescente, me encantó utilizar el verbo coadyuvar. Otras palabras que también cultivo son felicidad, amor, paz, solidaridad, alegría, dicha, comprensión, deleite, serenidad, esfuerzo, aliento, ánimo. Y muchas más.
Tenemos una lengua rica y plena de matices y de dulces cadencias. Y de acentos y definiciones. Y de modismos. Confieso que estoy muy contento de tener como idioma el español, que es, quizá, la palabra más conocida de nuestro acervo común.
Feliz Díaz a los quinientos millones de seres humanos que universalizan nuestro verbo.