No estoy muy de acuerdo en que la venganza sea un plato que se sirve frío y tampoco creo que sea un placer de dioses; la venganza es una urgencia y, además, una urgencia muy caliente y muy humana. Lo llevamos viendo a lo largo de la Historia, lo vemos alrededor nuestra por todas partes. La venganza, por razones personales, políticas, económicas, de soberbia, de vanidad, de odio, de celos, de desamor, es un plato muy caliente que figura en todos los menús de la sociedad.
Los reyes de la venganza han sido siempre los mafiosos del sur de Italia, que llevaron a América su sistema y, desde allí, lo universalizaron. La «vendetta» es algo temible y bien presente en quienes tienen algún negocio con los mafiosos, y mafiosos no son solamente los gángsters con trajes a rayas, camisas negras, corbatas blancas y sombrero, tipo Capone o Frank Nitti. Hoy, la mafia tiene mil vestimentas distintas. Pero, de todos modos, la venganza, aparte de ser una herramienta de disuasión para los fuera de la ley, también está asentada en otras esferas de nuestra sociedad. Viene desde muy lejos, viene desde la Biblia, ese libro escrito o descrito a través de miles de años: el que la hace la paga, incluso con el ojo por ojo, diente por diente.
Ruiz Mateos hacreido siempre que lo suyo fue una venganza. Dicen que Conde piensa que también fue objeto de una represalia. En ambos casos está claro que pisaron el área prohibida, les mostraron la tarjeta roja y los despacharon con lo puesto, aunque «lo puesto», en su caso, era bastante.
El corte que dio Lorena Bobbit a su marido marine en su masculinidad se nos ha vendido como la venganza de una sufrida mujer víctima del machismo despiadado de su obseso compañero, y así lo ha aplaudido medio mundo. El fallo del jurado, mayoritariamente de mujeres, podría entenderse como la justa aplicación de la ley bíblica: humillación por humillación, venganza al fin. Y ahora, cuando escribo estas líneas, la radio me informa de otra venganza de amor. Una joven le ha arrancado la lengua a su pareja cuando ambos se daban un beso de tornillo. Las mujeres, que saben muy bien dónde atacar, se vengan de los hombres, como puede verse, no de manera fría sino de la forma más ardiente, justo en el sitio, justo en el momento.
¿Y en la política?, ¡ah! en la política… ahí sí que hay historias para no dormir. Hay nerviosismo en los cuarteles generales de la política. Las «vendettas», cuando hay luchas intestinas, y ahora las hay en todos los partidos, afloran por doquier. No se dan cuenta estos políticos que están en el escaparate, no se aperciben de que hay periodistas por todas partes; periodistas profesionales, con detectores, escáners y sensores por todos sitios, periodistas de ocasión, denunciadores anónimos. Ignoran que están dando un espectáculo deprimente a sus votantes
La venganza, en política, se intenta camuflar, disfrazar, pero se ve, se transparenta. Acabamos de ver cómo, tras los últimos combates periféricos del partido en el poder, se han producido las primeras dentelladas. Quieren devolver a sus labores a gente valiente que ha osado moverse en la foto, aunque parece que se terminaron las víctimas de guerra en estas luchas fratricidas. Los mordiscos de la venganza política trascienden de las sedes de los partidos. En estos momentos, como en todos los momentos que preceden a elecciones, el zoco persa se ha instalado en los partidos. Se reparten escaños, cargos, prebendas, se saca brillo a currículums, se compra, se vende, se alquila, se muerde, se asesina…
¡Vaya panorama fin de siglo! La venganza está servida. Cuidado con los cortes tipo Lorena, cuidado con la lengua. Mucho cuidado.
(Artículo nº 34 del libro “Una España de Cine” (año 1996), publicado en “Diario 16” en forma de columna diaria. Era mi homenaje, en años previos, al Centenario del Cine en España. Ha pasado tanto tiempo y, sin embargo, siguen vigentes muchas cuestiones de la vida nacional.)