Vuelva usted Mañana

La crisis no es para ellos

No todos los ricos son iguales. Sólo la mayoría. Y hay algunos, muy poquitos, que lloran. Los ricos creyeron, desde la prehistoria, que, por derecho divino, son ellos quienes deben detentar el poder sobre el pueblo ignorante, con votos, sin votos, por la razón de la fuerza o bajo cualquier circunstancia. Yo he oído a alguno de ellos, sentado en un ostentoso despacho decorado con un gran crucifijo, negar convencido la parábola de Jesús en la que se afirma que “más fácil entra un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de Dios”. Aquel hombre, de negocios poderosos y fe absoluta en el catolicismo, reclamaba su derecho a ir al cielo. Para eso daba limosnas en la puerta de la iglesia, entregaba su óbolo al Domund y colaboraba con algunas organizaciones benéficas. No tuvo empacho en atribuir a errores de transcripción los pasajes evangélicos sobre el egoísmo y la insolidaridad intrínseca de los ricos Epulones frente a los pobres Lázaros.

Mientras son noticia manida las estadísticas de vícitmas mortales infantiles, hambruna, sida, catástrofes devastadoras que matan a centenares de miles de personas del quinto mundo, otros datos económicos saltan a la actualidad informativa y nos lastiman las pupilas.

La Rolls Royce, marca exclusiva de coches super lujosos, acaba de batir el record de ventas en sus 107 años de historia. Nunca como ahora, en plena crisis mundial pero especialmente europea, había logrado Rolls Royce colocar más unidades de su variada y costosísima gama de cochazos para grandes millonarios. El consejero delegado de esta firma británica (perteneciente al grupo alemán BMW) Torsten Mueller-Oetvoes, asegura que su empresa mira al futuro con optimismo porque el número de “súper ricos” en todo el mundo está creciendo, con lo que aumenta su base de clientes potenciales. Por su parte, Porsche, otro coche de lujo para velocistas con muchísima pasta, ha aumentado sus ventas un 24 por ciento en este último año.

En cambio, la fiel infantería de los usuarios comunes, los que necesitan el coche para ir a trabajar, ésos la están pasando putas porque no les dan créditos para renovar la tartana o comprar un modesto vehículo nuevo. Así es que el sistema político económico social neoliberal de las jons y de los grandes ferrocarriles europeos, que “nos” hemos dado, genera un “equilibrio” significativo en el aumento de población rica y población pobre. La proporción exacta no la conocemos. Ignoramos aún cuántos pobres nuevos hacen falta para crear un rico nuevo. Pero los grandes trusts financieros, los mercados y las agencias de clasificación están trabajando seriamente en la elaboración de unos estudios rigurosos y fiables.

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