Vuelva usted Mañana

La consigna es: “¡Hay que comprar!”

Cada año se adelantan los prolegómenos. Ya mismo comenzaremos las celebraciones y nos comeremos el turrón apenas acaben las fiestas de agosto. Hablo de las navidades, esas dos repetitivas festividades en las que tienes que divertirte a fecha fija, tengas o no tengas ganas, y que ya invaden el ambiente. Todos los topicazos coinciden en un mes. Las calles se transforman en ascuas multicolores, los comercios se adornan, los gordos vestidos de rojo dando por saco con las campanillas nos avasallan, y todo parece como siempre, hasta el frío que, ausente tanto tiempo, quiere sumarse a las fiestuquis para crear más tradición y para que los abrigos salgan al fin a los escaparates.
Este año, sin embargo –como el anterior-, se cierne sobre los consumidores el fantasma de la puñetera crisis, ese cíclico azote que generan en beneficio propio unos cuantos poderosos y que terminan pagando indefectiblemente quienes menos culpa y menos dinero tienen, o sea, el pueblo. Pero es que el pueblo empieza a estar un poquito harto de tanta cantinela (me gusta más cantinela que cantilena) y de tanto pesimismo. No sabemos a quién creer: si a los que llevan dos años repitiendo que esto se acaba ya y empezamos de nuevo otra época de derroche, o a quienes anuncian cada día, sin ningún miramiento, la llegada de los cuatro jinetes del Apocalipsis del que sólo pueden librarnos ellos. Mejor, creernos a nosotros mismos. Mejor, salir a combatir el mal rollo, a romper las previsiones y a pasarlo bien. Olvidemos, incluso, que estamos en Navidad.
Mejor, Ir de tiendas, que es un placer eminentemente femenino. Pregúntenlo a los grandes almacenes. Y a los pequeños. Pero también una tentación masculina. Ellas compran muchas más cosas, más baratas, y se llevan la fama de gastosas, pero nosotros cardamos la lana porque compramos muchas menos cosas, pero mucho más caras. Y como hay que espantar al espectro de las carencias, y en la convicción legítima de que también combatiremos el pesimismo, entreguémonos al activismo consumista.
Aprovechemos que las navidades son una bendición divina para la economía. Me da a mi que este año la clase sufridora, consciente de que la vida son dos días y medio, se presta a un consumo más alegre. Y divertido. En estas fechas se vende y se compra mucho más, el empleo crece, se desparrama la alegría del derroche. Pues, hala, salgamos cagando leches del pesimismo y ejercitemos con contundencia y felicidad el primer mandamiento económico que, alguien con toda la gracia e inteligencia del mundo, expresa asi: “¡ Hay que comprar!”

Un comentario to “La consigna es: “¡Hay que comprar!””

  1. B.Martínez. dice:

    Navidad: (orígenes) fiesta pagana de los babilónicos que los romanos cristianizaron.
    Con esto seguro que consiguieron más adeptos al catolicismo.
    Tengo la impresión de que en estos momentos la historia se repite y aunque nos quedan las reuniones familiares (un día ceno con papá y el otro con mamá), una minoría de católicos festejarán el nacimiento de su dios.
    Gracias, Rafael.

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