Vuelva usted Mañana

La Calle de la Aventura

No es muy usual darse de bruces con un rótulo que dice “Calle de los Periodistas”. Te puedes encontrar calles con nombres de oficios, originarias del tiempo en que la actividad comercial e industrial de las ciudades se dividía en gremios. En Málaga, sin ir más lejos, tenemos un callejero muy definitorio: Especerías, Carretería, Ollería, Cintería, Calderería, Zapateros, etc., sobre el que el gran radiofonista Domingo Mérida ha hecho toda una imprescindible enciclopedia. Pero, volviendo a lo nuestro, el periodismo es una profesión relativamente moderna y todo lo más que ha alcanzado es el honor de personalizarse en algún docto compañero al que su ayuntamiento ha dedicado una avenida, un callejoncito o una plaza. Genéricamente no había logrado un reconocimiento urbano. En Londres, sí. En Londres, que también conserva cierta tradición gremial, había una calle de los periódicos, una gran calle, Fleet Street, en la que se ubicaba “The Times” y otros muchísimos diarios y agencias informativas. Lo que pasa es que Fleet Street, que tuve la ocasión y el placer de visitar en su plenitud, estaba situada en la City, el distrito financiero, y sus terrenos valían mucho dinero, por lo que los grandes de la prensa huyeron en los años ochenta a la zona portuaria y la dejaron llena de brokers y hueca de encanto, de bohemia, de romanticismo, ella que había sido la meca durante mucho tiempo de los periodistas de todo el mundo y que había inspirado a Philip Gibbs una novela clásica sobre periodismo: “The Street of Adventure” (La Calle de la Aventura), publicada en 1919 y reeditada un montón de veces.
Esta disgresión viene a cuento de una foto que me envía desde Barcelona mi colega y paisano Jacinto Pérez, quien, de vacaciones por la bella Ciudad Condal, se encontró de pronto con el “Carrier dels Periodistes”, hallazgo que le sorprendió y “le llenó de orgullo” porque, dice, “es raro que alguien se acuerde de nosotros y nos rinda homenaje en los tiempos que corren cuando sabemos que es una de las profesiones más prostituídas que pueden ejercerse”. Supongo que el nombre de la calle es de otro tiempo, en el que seguramente no se cernían tantas sospechas sobre nosotros, pero, en cualquier caso, no creo que el periodismo sea una profesión prostituída. Lo que sí creo es que muchos prostitutos sociales utilizan descaradamente los medios de comunicación o se hacen pasar por periodistas dañando la imagen de esta digna profesión. También ocurre con los falsos médicos, que esos sí que perjudican seriamente la salud. Hasta no hace mucho, tal osadía se llamaba intrusismo; ahora, se llama simplemente poca vergüenza. Y no es de descartar que, en poco tiempo, esos caraduras tengan también su calle.

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