De pronto aparecen gentes poderosas de las multinacionales del ocio y te dicen que conviertas tu pueblecito en una villa azul poblada de pitufos. Y tú les dices: vale, lo consulto con los vecinos. Y tus conciudadanos, que son sólo un puñado, dicen a coro que sí, que de acuerdo, que pintamos todas las casas de azul y salimos en la tele y nos hacemos famosos. Pero que la única condición que ponemos es que se contrate a los nueve parados del pueblo. Y te dicen que sí, y, súbitamente, Júzcar, que es el nombre del pequeño pueblo malagueño, se transforma con los brochazos azules que tiñen sus casitas y se convierte en una postal con fondo de verde espesura entre pequeñas y bellísimas estribaciones serranas.
Y se hace el milagro. Los pitufos, en su estreno mundial en 3D, proyectarán al mundo un trocito de tierra malagueña. La preciosa estampa seguirá siendo azul hasta septiembre. Y sus gentes serán felices un tiempo. Luego Dios dirá.