Vuelva usted Mañana

Hoy es un día muy especial

La primavera está a punto de ebullición, vivimos a pocas horas de que, oficialmente, metafóricamente, las nubes se abran, resplandezca un sol radiante y la sangre se caliente y comience su excitante y cíclica alteración. Hoy puede ser un día muy especial para todos aquellos que esperan ilusionados y ansiosos un cambio sustancial en su vida, La estación primaveral es el tiempo adecuado para los espíritus alegres, porque la vida brota hasta debajo de las piedras, porque los días empiezan a ceder gentilmente a las noches sus últimas luces, porque es llegada la ocasión más propicia del año para la creatividad. Para mi, en cambio, hoy, 20 de marzo, es una víspera como las de siempre; solo un día cualquiera, un día más, porque siempre intenté que para mi todos los días del año fueran primavera. Si acaso, por ser domingo, la única diferencia con otros días de la semana es que estaré más horas que de ordinario saboreando la prensa, la prensa escrita, por supuesto.

Ya sé que no es ningún placer desayunarse con la horrible tragedia que asola al pueblo japonés, castigado varias veces, en un corto período de tiempo, por la brutal maldición histórica de la discutida desintegración del átomo y su “uso pacífico”. Primero fueron los americanos quienes, con la guerra ya ganada, se tomaron el plato frio de la venganza de Pearl Harbour, soltando dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, ciudades y ciudadanos a los que destruyeron sin piedad, y ahora han sido los agentes terroristas de la naturaleza los que, primero con el terremoto más grande de la historia, seguido del maremoto más destructivo que se ha conocido, han vuelto a ensañarse con un pueblo que ya andaba muy alejado de fanáticas obsesiones bélicas y vivía un tiempo de laboriosidad, productividad y pacifismo.

Distantes de la tragedia, aquí, en Europa, cómodamente instalados en el dolce far niente de la gobernanza continental, nos dedicamos a predecir apocalipsis sin tener en cuenta el daño y repercusión de las palabras ni el ejemplo magno que nos están dando los japoneses.

Tampoco es una alegría para el espíritu leer la crónica libia de un aplastamiento anunciado, atenuado por el eco mediático mundial de la catástrofe japonesa y cuestionado, al fin, por la ONU, a ver cómo frenan a este loco. Es demoledor, si te sientes mínimamente solidario con el mundo en que vives, percibir la ausencia de informaciones de otros dramas olvidados que se viven en países masacrados, como el Congo, donde las matanzas, los expolios, los abusos, las injusticias son tan habituales que no se les concede ni siquiera la categoría de noticia. Igual de poco placentera es la contemplación periodística del panorama político nacional, regional, local, impregnados en período preelectoral de sofismas, invectivas y malos modos, en lugar de promesas auténticas o mensajes diáfanos de fe y de esperanza.

(Seguiremos esperando que, pasadas tres décadas desde que decidimos la Constitución, algún día nos demos cuenta de que a la democracia le sigue faltando una patita, que es la de la participación plena, la de las listas abiertas, la del desmantelamiento del poder omnímodo de los partidos políticos, utopía casi imposible de alcanzar si son ellos, precisamente, quienes tendrían que decidirlo. Tal vez, una primavera de estas nos den la sorpresa agradable de que, al fin, vieron la luz. Y decidan que juguemos todos.)

Hoy podría ser un día muy especial si supiéramos a ciencia cierta que, a partir de mañana, la primavera nos va a cambiar la vida a mejor. A nosotros, en nuestro hemisferio, e igualmente al hemisferio sur, que mañana recibe el otoño, tampoco mala estación para la esperanza. La lectura de los periódicos dominicales, cuajados de atractivos temas intemporales, nos amplía el horizonte más allá de la desafección que nos produce tanta falacia y tanta mentira podrida. Y, además, nos eleva por encima de la dolorosa realidad catastrófica que ocupan las primeras páginas. Es un periodismo amable de fin de semana, para desconectar de las pesadillas cotidianas. La historia grande se escribe con letra pequeña. Algo relajante para veinticuatro horas antes de la estación del amor y de la felicidad soñada.

Hoy puede ser un día muy especial para muchos seres humanos. Seguro. Esperanza de nuevas esperanzas, momento de impaciencia para quienes esperan ansiosos que mañana, jornada inaugural de primavera, salga de una vez el definitivo sol de sus vidas, Para mi, en cambio, como todos los 20 de marzo, es solo una víspera más. De una primavera más.

(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga”, domingo, 20 marzo 2011.)

Una respuesta to “Hoy es un día muy especial”

  1. yeiza dice:

    La primavera es la explosión de las energías renovadas, ya lo avisan los almendros. Agotar un ciclo y comenzar otro, evolucionar.

    Mirarlo todo con ojos nuevos, en eso ayuda la luz. Ésta destaca tanto los defectos como las virtudes, pero preferible ir por la vida iluminado porque a oscuras es difícil arreglar algo.

    Un saludo y buen día, Rafael :-)

    http://reflejos-juegos-de-espejos.blogspot.com/

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