Vuelva usted Mañana

Historias de genios y de palurdos

Qué vergüenza da, ¿no? que el Museo Picasso de Málaga, siete años después de su prometedora inauguración, siga siendo un lugar escondido, entre callejas sucias, en un entorno lleno de basuras, escombros y ruinas, en pleno corazón de Málaga. Qué sonrojo ver la cara de extrañeza o de horror de tantos visitantes que descubren la pinacoteca en medio de una podredumbre urbana. No creo que la culpa sea de una autoridad más que de otra, de un partido más que de otro, sino que la responsabilidad es de todos por igual porque todos son igual de culpables.

Se te cae el alma a los pies cuando ves que las expectativas que despertó aquel ilusionante proyecto se han estrellado contra la terquedad de quienes solo se empecinan en la pelea diaria, unos contra otros, olvidando que la ciudad necesita cuidados continuos para, al menos, seguir estando viva, ya que no es capaz de mostrarse culturalmente pujante.

No me gustan las comparaciones y ya dije, en un artículo, que no es que queramos un Guggenheim, que no, que ya lo tiene Bilbao, y que a su autor, Frank Gehry, lo espantaron de aquí, en una reunión surrealista, que él mismo contó en TED (“Technology Entertainment”), y de la que salió haciendo fú como el gato, directo al aeropuerto y negándose a almorzar y a cenar con el alcalde y sus adláteres. (La anécdota de cómo se sintió utilizado el grandísimo arquitecto merece la pena leerse y en cuanto al vídeo con la entrevista completa (con subtítulos en español), al final de la cual cuenta divertido cómo le gustó Málaga y cómo le disgustaron sus dirigentes, aconsejo que se vea sin dilación.

Aquel comportamiento cazurro (segunda acepción), que nos fue ocultado por temor al ridículo, resultó bastante ilustrativo del porqué andamos tan atrasados en materia cultural y de grandes proyectos. Con la propaganda que, con mucha razón, hace Frank Gehry están apañados los mandamases malagueños, que no Málaga ni sus paisajes, a los que alaba sin dudarlo.

Aquel hombre, con el Guggenheim, transformó Bilbao. Fortaleció su economía, le dio vida, cultura, turismo, le cambió la piel, regeneró suburbios desconsiderados y convirtió la ciudad en una prestigiosa capital mundial. Aquí, en cambio, fue traído, exhibido, mareado y casi humillado y probablemente, o seguramente, sin intención alguna de que nos dejara para siempre un emblema arquitectónico de reclamo internacional.

Años después se apostó por el Museo Picasso, pero fue el capricho de cuatro exquisitos. Un palacete oculto, que costó dios y ayuda remozar, emplazado en el centro, pero ¿en qué centro? En el centro más abandonado del mundo, un intrincado de callejuelas abandonadas que, siete años después, siguen igual. ¿Por qué no se apostó por un espectacular edificio picassiano para un Museo Picasso?, ¿por qué no se le encargó en su momento a Gehry en lugar de tomarle el pelo?, ¿por qué no se eligió un lugar ampliamente visible, por ejemplo los nuevos suelos del Puerto? La respuesta es sencilla. En tiempos como los que corren, tan difíciles para la lírica, para las artes, para la cultura, un lugar tan preeminente como el rincón portuario sólo puede ser destinado a la erección sublime de… un supermercado.

La historia de la relación de Málaga con Picasso, mientras el genio estuvo vivo, fue tempestuosa y estuvo trufada (con gloriosas excepciones personales) de incomprensiones y rechazos. El pintor comunista no era persona grata en Málaga. (Viví profesionalmente el desprecio de los medios oficiales hacia él.) Y cuando dejó de ser quien era, porque se le ocurrió morirse, la negación devino, por la fe de los conversos, y por el efecto democrático, en desmesuradas reconciliaciones y en homenajes post mortem. Sus más cordiales enemigos públicos “descubrieron” súbitamente el talento de aquel hombre que había nacido en la Plaza de la Merced. El ejemplo más palpable es su Museo. Escondido. Diseñado para los exquisitos. Para exquisitos que olvidan que el cuadro más llamativo de este malagueño universal –el “Guernica”- es la expresión más cruda y real, que nadie hubiera podido concebir como él, del desgarrado dolor popular ante la barbarie nazi. Si ha existido un pintor para la gente normal y corriente (eso que hemos dado en llamar pueblo) ese genio, que recorre todas las etapas de la pintura, desde el figurativismo hasta la sublimidad, es Pablo Ruiz Picasso, a quien, desgraciadamente para la estima de los malagueños, todavía siguen considerando francés en muchos lugares del mundo, Francia incluída.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo 31 de octubre 2010)

2 Respuestas to “Historias de genios y de palurdos”

  1. gloria dice:

    Estuve el año pasado y salí un poco decepcionada. No tanto por el entorno, sino por la escasez de obras valiosas de Picasso.

    Tú que eres nativo, seguro que tienes razón en lo que afirmas.

    Salu2

  2. yeiza dice:

    La verdad es que estoy de acuerdo con usted, con que Málaga ha sido mal entendida y suele ataviársela con ropajes complicados. Aunque esa enfermedad no la padece sólo esta esta ciudad. Normalmente, el oriundo no valora lo suficiente lo que tiene para sacarle brillo, lustre -de momento sólo le saca los colores-, hay que mirarla con ojos nuevos.

    Si así fuera, no haría falta una guía turística para conducirte en el laberinto de obras y encontrar la joyas artísticas de las que Málaga es poseedora.

    Es toda ella un misterio, una obra de arte, perderse en esas callejuelas tiene su encanto. Sólo hay que saber narrarlo, describirlo (esto es un guiño a los creadores del vídeo de Málaga 2016, que los pobres presentaron a una ciudad post-conflicto bélico).

    Un saludo

    http://reflejos-juegos-de-espejos.blogspot.com/

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