Vuelva usted Mañana

Guerras particulares

La guerra, como es sabido, es uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis, vaticinadores bíblicos del fin del mundo. Los otros tres son la peste, el hambre y la muerte. Ahora, este jinete del horror, del enfrentamiento, de los bombardeos, de las matanzas; ese jinete que tanto daño lleva hecho desde que el hombre es hombre, vuelve a estar de moda en nuestro país. La guerra debe ser, y de hecho lo es, una maldición de la que no logramos salir a pesar de los maravillosos avances de la ciencia en materias de salud, de tecnologías, de inventos e instrumentos útiles para que nos lleváramos mucho mejor de lo que nos llevamos. Cada vez tenemos más perspectivas de vida, pero cada vez nos matamos más.

Formar parte del club de los grandes lleva implícito comprometerse en acciones bélicas bendecidas por la ONU, organismo decorativo que se pasa la vida bendiciendo guerras y rehuyendo paces. España está en ese club de privilegiados y es protagonista en las decisiones conjuntas de ataque a quienes aplastan a sangre y fuego a la democracia, aunque, ciertamente, no a todos… El criterio selectivo suele aplicarse a los sátrapas en función de las disponibilidades de sus yacimientos petrolíferos.

Pero, aparte la guerra de fuera, la de verdad, la que produce muertos y heridos; la guerra a la que van a jugarse la vida nuestros pilotos, nuestros soldados, nuestros marinos, está la otra guerra: la guerrita de los partidos, la que escenifican en la tele y en el Parlamento, algunas veces de manera frívola, los principales líderes, que comparan una guerra anterior con la de ahora.

A mi me parece que, simplemente, por el horror que suponen las bombas y los proyectiles que matan, desde la distancia, a miles de personas inocentes; y por el respeto que merecen los ciudadanos que salen a la calle a expresarse con libertad, donde no hay libertad, y son masacrados por ese acto de valentía; a mi me parece, digo, que los políticos que deciden esas intervenciones militares desde confortables despachos enmoquetados, deberían ser un poco más cautos y respetuosos y no intentar demostrar cuál de las dos guerras es más “legal” o cuál de los dictadores es más sangriento.

Una actitud de mayor discreción, compatible con una información veraz y transparente, serían suficientes para no convertir la guerra de fuego real en guerras particulares. Un poco de pudor político ante la tragedia que produce ese devastador jinete del Apocalipsis, bastaría para comprender mejor que todas las guerras son odiosas y que todos los sátrapas, todos, sin excepción, deberían desaparecer de la faz del mundo.

Una respuesta to “Guerras particulares”

  1. yeiza dice:

    Hola Rafael:

    Es complicado pensar en la paz con los tambores de guerra sonando por todas partes. Queremos un mundo mejor, pero para eso hay que dar un paso al frente buscando alternativas en el diálogo y no en las armas.

    Lo malo es que se interpreta la virtud como debilidad, y las buenas prácticas con el colmo de la tontería.

    Líderes que se toman el mundo como un tablero de ajedrez donde todos somos meras piezas huecas. Hay que seguir recordándoles que se juegan la vida de civiles.

    Hay que redoblar el esfuerzo para amansar a los caballos.

    Un saludo

    http://reflejos-juegos-de-espejos.blogspot.com/

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