Vuelva usted Mañana

Especial para alumnos de Periodismo

Siempre he creído que, entre los géneros periodísticos tradicionales, es el reportaje el más completo, el más informativo y el más agradecido de todos. Un reportaje que se precie puede integrar, en un mismo trabajo, los ingredientes más necesarios de una buena información, que son la noticia, la crónica. la entrevista y, por supuesto, la propia narración de la historia que, a fin de cuentas, es la que debe llegar al lector limpia de polvo y paja, clara como un día de sol y sencilla para que todo el mundo la entienda.

De las etapas de mi dilatada vida profesional, exceptuando los periodos de redactor jefe –tiempo de locura que vives con el contenido de diez periódicos apretujados en tu cabeza y de los que debes extractar y editar solo uno- la que me proporcionó más gratificaciones personales fue la de reportero. Ejercí la especialidad en mi querido “El Faro” de Ceuta, siendo muy jovencito, pero me quedaron huellas indelebles de algunos de mis reportajes, porque fueron historias humanas de esas que no puede uno olvidar en su vida.

Nada como contar historias verdaderas de gentes anónimas que realmente interesan a otras gentes; pisar la calle, penetrar en el alma ajena, aislar sus problemas, observar lo aparentemente insignificante, absorber el interés humano posible, y luego sentarse a exprimir la esponja hasta conseguir un reportaje que refleje, hábilmente entremezclados, hechos y emociones, sentimientos y situaciones, pero, sobre todo, esos pequeños pormenores o elementos semi ocultos tan hermosos, interesantes y reveladores.

Hay géneros como el del reportaje –también otros, como la crónica- que rozan la literatura, cuando la narración es brillante. Y, como en todas las artes, también en el reporterismo existe un Olimpo donde habitan los dioses. Uno de ellos, el veterano Gay Talese, mito viviente del mejor periodismo, ha venido a España a presentar una nueva edición de su viejo libro, “Honrarás a tu padre”, en el que, con su habitual técnica narrativa, retrata a una familia de la mafia italiana, los Bonnano, con la que convivió años y años hasta conocerla en toda su dimensión humana.

Dicen que cada artículo de Gay Talese es un curso entero de periodismo…” Copio la frase de la webQué leer”, que añade: “… aunque a la vez que se aprende leyéndolo, uno siente que para hacer artículos así, además de oficio, hay una intuición innata, un olfato para oler las historias o una visión de rayos X para captar los pequeños detalles que harán grande un artículo, sólo al alcance de los grandes maestros”.

A sus 79 años, Gay Talese está considerado como el más práctico de todos los teóricos y el más mágico de los contadores de grandes historias periodísticas. Junto al otro gurú, Tom Wolfe, Talese es un emblema del Nuevo Periodismo, corriente periodística revolucionaria surgida en Estados Unidos allá por los sesenta. Ambos constituyen una pareja de dandys del mejor reporterismo. Practican la doble elegancia del estilo periodístico y de la vestimenta personal. Los dos escriben y describen el realismo social más clásico y actual y los dos se singularizan por su vestimenta habitual y personalísima: trajes y sombreros claros de época, chalecos, coloridos pañuelos y llamativas corbatas.

Me siento muy confortado, como escribidor veterano, por el hecho de que otros colegas de prestigio summun –genios de la profesión- coincidan con las teorías que, modestamente, llevo pregonando tiempo ha sobre el verdadero Periodismo y sus perspectivas de futuro. Y por ello me voy a recrear reproduciendo algunas de las afirmaciones de grandes escritores – reporteros como Bob Woodward, Gay Talese, Tom Wolfe, o el mismísimo Gabriel García Márquez, quien, como se sabe, inició su carrera de escritor ejerciendo como joven periodista. El viejo Gabo machaca su argumento de no precipitarse en dar la noticia hasta no darla bien. Y aboga por la supresión de la grabadora en las entrevistas, reivindicando la eficacia mayor del block de notas, herramienta indispensable del periodista de siempre. Y predica el uso del lenguaje real de la calle, evitando la sofisticación del escrito e incidiendo en las maneras de expresión callejeras, genuinas. En estos postulados y en otros muchos, ya clásicos, coinciden Talese, Woodward, Wolfe y todos los grandes rockeros del mejor periodismo, que, en sus grandes trabajos, rescatan el lenguaje popular manteniendo la tesis de que la gente, normalmente, no habla con “frases formadas”. Y sosteniendo que los temas hay que conseguirlos en la cercanía, en el contacto directo con las personas, no en la lejanía e irrealidad de las fuentes “virtuales”.

Sería trágico que el periodismo se quedara en Facebook”, dice Talese –y yo lo aplaudo- en una entrevista publicada en “La Vanguardia” con la redactora de la Agencia Efe Carmen Sigüenza, a la que dice también, en clara recomendación a los periodistas que empiezan: “Hay que tener curiosidad, paciencia y perseverancia. Por eso, cuando un director te mete presión (la prisa, factor dominante en la cultura y el periodismo de Internet) hay que recordarle que si quieren calidad se necesita tiempo y así se creará un producto bello”.

Al prolífico compañero Juan Cruz, de “El Pais”, Talese le reconoce con pesar que “sería una tragedia que el periodismo tradicional desapareciera”. “Siempre hay una buena historia”, dice. “Solo es necesario saber buscar.” Se muestra con dureza contra la tentación que puede sentir el periodista cerca del poder. “Nunca me interesó cubrir el Capitolio”. En la historia de estos dias de Strauss Khan, el director del FMI , acusado de intento de violación, asegura que el personaje periodístico sería la camarera pobre que trabaja en hoteles de lujo. Está contra la falsificación de los datos que obtiene el informador, contra el “titular ventajista”, contra la traición a las fuentes. Sus trabajos más interesantes tratan sobre gente muy corriente como las semblanzas que hace de un redactor de necrológicas del “New York Times” o de alguien que pasó cincuenta años tocando la campana en un ring de boxeo, si bien son más que famosas narraciones como las que hizo sobre Peter O´Toole, Joe Louis o el trabajo tituladoFrank Sinatra está resfriado”, en el que alcanza un nivel óptimo de recreación de un personaje y su entorno. A los jóvenes aspirantes a periodistas les sugiere que “Hay que ser fuertes para tener éxito y humildad”, refiriéndose a que nadie empieza por arriba. “Picasso, al principio, no era Picasso; los aspirantes a triunfar como actores o bailarines a veces trabajan de camareros o taxistas”.

En “Abc”, el periodista Manuel de la Fuente le hace una magnífica entrevista a Talese, del que dice que no enloquece con las tecnologías y del que asegura que ha vivido sin Twitter (y no le ha ido nada mal) y que ha pasado por “The New York Times”, “The New Yorker” y “Esquire” y ha escrito grandes libros y grandes reportajes. El viejo zorro, como lo califica De la Fuente, afirma con contundencia: “Lo que sé es que no se puede dejar el periodismo en manos de amateurs, el periodismo profesional tiene que seguir existiendo, sobre todo porque hay que proteger a los ciudadanos de los gobiernos que tienden (o tienen que) mentir. Y la tecnología por sí sola no es periodismo”.

Leyendo las entrevistas que le han hecho en España a Gay Talese, recreándome en la vigencia del viejo Nuevo Periodismo, que él simboliza, aunque no le agrade reconocerlo, porque reclama su propia individualidad de estilo, me reafirmo en mis viejas tesis de que lo único que está cambiando, con la aparición de las nuevas tecnologías, es el soporte en el que viaja la noticia, que es más rápido y tiene más alcance de cobertura. Pero en cuanto al periodismo en sí, está claro que sólo hay uno: el bueno. El Periodismo con mayúsculas que, con 79 años a sus espaldas, sigue practicando Gay Talese, quizá el mejor reportero del mundo.

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