La radio, ese aire caliente, ese aire envolvente, se ha adueñado de nuestras mañanas y, casi, casi, de nuestras vidas. Nos da información, nos entretiene, nos engancha, nos sobresalta, nos hace sonreír, nos irrita, nos prende. La radio es noticia y es espectáculo, y es, sobre todo, imaginación. Un día, no muy atrás en el tiempo, la radio salió a la calle y ganó para siempre la batalla de la credibilidad.
Desde entonces, no ha hecho más que fortalecerse; de aquella atomización de pequeñas emisoras se ha pasado a una concentración de muy pocas cadenas pero muy poderosas. Una competencia feroz les hace ser cada vez más creativas, luchan por ganar la audiencia, por ser cada uno los primeros, y dan entrada en sus programaciones a todo aquello que pueda suscitar interés de los oyentes.
La radio puede ser, lo es, una pasión, una pasión que arrebata a la tele el protagonismo de las retransmisiones en directo. La gente ve la imagen en el televisor, pero prefiere el sonido «vivo» de la radio. Es el medio caliente, el que transmite más sensaciones, el que más te hace soñar, el que te permite recrear tu propia realidad, el que sólo te sugiere para que tú imagines. Es el medio directo, instantáneo, que se ha hecho dueño y señor de las mañanas y que nos pone al día en modas, usos, costumbres, y nos da la versión inmediata de los hechos, y su interpretación, y siempre lo hace en un tono cordial tremendamente subjetivo, de ahí su grandeza y su atractivo.
Hubo otras épocas de oro en la radio en nuestro país, claro que sí, con nombres míticos, algunos aún felizmente dando testimonio profesional, pero la de ahora es una época de autenticidad, de estilo libre y directo. La radio te demuestra cada día cómo es quien se asoma a ella. Se fueron para siempre los engolamientos, los excesos de preocupación por la dicción, las declamaciones exageradas. Ahora cuenta más lo que digas y no el cómo lo digas. Fue la radio, de entre los medios clásicos de comunicación, el que más rápidamente se democratizó en España, y ese mérito se convirtió en ventaja y esa ventaja todavía prevalece.
Un espacio, dentro de un programa matinal emitido en cadena, puede alcanzar cifras millonarias en su audiencia, razón por la cual la gente, la gente importante, se mata «por salir» en la radio. Todo aquel o todo aquello que precise de una gran publicidad tienen que acudir a la radio y, a ser posible, en horas «punta», por la mañana o por la noche. Incluso la gente que no ama especialmente al medio, no tiene más remedio que someterse al dictado popular y acudir a la llamada, cuando se produce, si no quiere verse sometido a una manifiesta indefensión.
Los grandes espectáculos están ahora en la radio: la música, el humor, el debate de la actualidad, y en ellos intervienen las estrellas musicales, los ases del humor, los periodistas más famosos. En un rato nos harán sentirnos mejor con una melodía, nos harán sonreír con historias divertidas, nos dirán qué está pasando, y por qué, y nos harán participar en tertulias amenas en las que todo el mundo puede defender sus ideas con libertad.
Algo tan vivo como la radio de hoy tiene sus excesos, no podía ser de otra forma, pero el oyente, que no necesita una gran concentración, sino que, incluso, puede estar perfectamente trabajando, haciendo cualquier cosa al mismo tiempo que oye su programa favorito, lo asimila, lo comprende y lo perdona. Hay exceso en la publicidad, en la cantidad irritante de números de teléfono para veinte mil cosas, hay exceso en el pontificado de algunos dioses de la comunicación, pero sabemos que la publicidad, teléfonos incluidos, es necesaria para que siga la fiesta, y en cuanto a los sumos pontífices, en el pecado de su petulancia y pedantería públicas pueden llevar, sin duda llevan, su propia penitencia.
Me gusta el aire caliente que envuelve las mañanas de la radio.
(Artículo publicado en “Diario 16”, correspondiente al libro “Una España de Cine” -columnas de actualidad con títulos cinematográficos-, en los años previos al Centenario del Cine en nuestro país (1996). Era mi modesto homenaje al celuloide. Ha pasado tanto tiempo y, sin embargo, siguen vi-gentes muchos de estos artículos sobre cuestiones de la vida nacional.)