Vuelva usted Mañana

Escapar a la otra realidad

Cuando nos fustiga una crisis tan gorda como la que padecemos actualmente, no nos resulta fácil poder sustraernos a la asfixiante hecatombe informativa que nos rodea desde la radio, la tele, los periódicos… Es gorda la que tenemos encima pero mas gorda la hacen nuestros dirigentes, y sus opositores, con sus errores, sus rectificaciones, sus decretos, sus contra decretos, sus peleas tabernarias, sus deprimentes y televisados espectáculos parlamentarios, sus descalificaciones… su ignorancia real para sacarnos del atolladero.
Los medios de comunicación están encantados de la vida. El morbazo garantiza audiencia. La oposición se regocija. Pero los pensionistas no están tan contentos. Por primera vez no son respetados ni protegidos por un partido que dice ser de izquierdas. Tampoco se ve muy satisfechos a los profesionales y trabajadores del Estado, víctimas habituales de la maledicencia popular y, esta vez, también de las intenciones gubernamentales. La batalla se plantea ahora en el reajuste y recorte del modelo de gestión. Quizá se descubra que no hacía falta tanta alforja, de gentes y de presupuestos, para tan poco viaje. A buenas horas, mangas verdes. También se plantea, dicen, establecer impuestos a los millonarios y a los bancos. Se podía haber empezado por ahí, ¿no?, en lugar de por los mayores y por los padres de familia. El sistema, a lo que se ve, estaba más roto de lo que parecía. Pero el empeño no es arreglarlo, sino recomponerlo, reparchearlo. De otra forma, no se hubiera dado tanto dinero a quienes causaron la crisis ni se hubiera empezado el súbito tijeretazo por los menos favorecidos en lugar de por los más beneficiados.
Lo quieren explicar pero se les ve el plumero a todos; a quienes se equivocan y a quienes no pueden ocultar su satisfacción por lo mal que van las cosas. Qué país, qué paisaje, qué paisanaje.
¿Qué hacer ante un panorama tan descorazonador? Quizá imitar a la cigüeña, meter el pico bajo tierra, desentenderse de todo. O, tal vez, mucho mejor, abrir las ventanas de tu mente de par en par, disfrutar de la otra parte de la vida, esa que ellos no controlan, acariciar los escasos momentos de pequeña felicidad que se crucen en tu camino, propiciar encuentros, fugaces tal vez, con lo bello; sentir la sacudida de la buena música, enamorarse del amor, ver lo grande que son las cosas pequeñas… Vivir. Vivir sin la exasperante presión a que nos somete esta gente.

3 comentarios to “Escapar a la otra realidad”

  1. Elena Sanchez dice:

    ¡¡Eres la repanocha!! ¡¡¡Genial!!!

    Gracias por lo que a mi me respecta como parte del colectivo infravalorado de empleados públicos.
    Abrazos!!!

  2. javier dice:

    Bien dicho, Rafael. ¿Es o no la felicidad el conjunto de pequeños bellos momentos que nos ofrece la vida diaramente?. Menos mal que al menos alguien se acuerda y nos lo recuerda. Al mal tiempo buena cara.

  3. Gonzalo Navarrete dice:

    PUF!!! Pocas veces en la vida se consigue lo que has hecho tú… has sabido poner letra y voz a un sentimiento.

    Enhorabuena.

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