Mi intención era escribirle a los reyes magos (la nueva Ortografía de la Academia aconseja poner en minúsculas a reyes y reinas), pero como mi tiempo de creer en monarcas queda muy lejano, dedico esta epístola a la década que estrenamos. No al año nuevo sino a la década nueva. Por cierto, incierta. Así que ahí va la carta:
Considerada década, segunda del Tercer Milenio: Te escribo para pedirte en primer lugar, y por todos los dioses magos del mundo, que intentes ser justa y equitativa con los centenares de millones de seres, niños especialmente, que padecen hambre, sed y enfermedades en tierras menos afortunadas que las nuestras. Que ilumines a los líderes mundiales, a los odiosos mercados, a los grandes tiranos, a los multimillonarios, para que el tercer mundo ascienda por lo menos a Segunda División. No pretendo de ti que seas otra década prodigiosa. Bastaría con que fueras más equitativa que la que acaba de periclitar, menos violenta, más pacífica. Te pido que a ver si eres capaz de calmar la sed de guerra de quienes necesitan que la industria del armamento no pare de funcionar para que sus cuentas corrientes no paren de engordar. Y que hagas imposible una nueva foto de tres hombres sin piedad mintiendo masivamente. Te reclamo que derrames solidaridad entre tanto insolidario; serenidad y hombría de bien entre tanto asesino de mujeres. Te insto a que pongas de tu parte para que la naturaleza no sea tan cruel como lo fue en la década anterior con los terremotos, el huracán y el tsunami que machacaron a Haití, Chile, Cachemira, Nueva Orleans, Tailandia, Maldivas, Myanmar, la India… Y te ruego que pongas unas gotas de sensatez y de humanidad en los corazones sanguinarios, capaces de sembrar muerte y dolor de forma gratuita e indiscriminada, como los de aquellos fanáticos autores del “11 S”, el “11 M” y el “7-J” que mueren matando, convencidos de que es su pasaporte al paraiso. O como los terroristas de estado que se cebaron con Gaza hasta destruirla, sembrarla de muerte, empobrecerla más aún y aislarla literalmente del mundo, sin la más mínima piedad y con toda la impunidad.
Considerada década: Sosiega, si es que puedes, la codicia insaciable de los que en la década que se ha ido dieron una puñalada trapera a la economía mundial, provocando dramas, hambre y paro en muchas regiones del mundo, entre ellas la nuestra, sin que por ello dejaran de percibir “bonus” millonarios por su brillante gestión.
Para España te pido que los españoles recuperemos la ilusión que nos quitaron. Con ese detallito, con recuperar la auto estima, con la regeneración de la clase dirigente, nos bastaría para volver a creer en nuestras fuerzas, en nuestro país. Esa medicina tan barata curaría los males del pesimismo económico y la miseria en que estamos envueltos desde que nos llegó la crisis (de valores) y nos sumió en este tiempo infortunado. Es hora, década deseada, de que afrontemos el problemón del paro, pariendo ideas y recursos para ponernos a trabajar, en lugar de seguir instalados en las lamentaciones. El desempleo es la primera de las preocupaciones actuales del español medio, a la que siguen la falta de fe en los políticos, la corrupción y las grandes estafas financieras, inquietudes todas ellas que rompen la moral de cualquier ciudadano que se precie. Como la actitud incontrolada de los controladores.
Sería deseable, estimada década, que no volviéramos a padecer en los próximos diez años errores y descuidos letales e imperdonables del poder, como el de las Azores, el del “Yak-42”, el del “Prestige” o el estúpido soplido de vientos de guerra de Perejil. Tampoco los cambios bruscos y desmedidos de política económica, guiados por la avaricia de los mercados, que han degenerado, quién lo hubiera dicho, en ataque feroz a la línea de flotación del bienestar social y, por ende, en cuchillada directa al bolsillo y al estómago de la débil economía de los parados, de la gente sin recursos y de los pensionistas. Necesitamos, deseada e incierta década, que no haya más Farruquitos conduciendo por nuestras calles, ni más asesinos de chicas como Marta. Que los desalmados de la “T-4”, y de tantas salvajadas, reconsideren la inutilidad de la masacre que llevan cincuenta años infligiendo a gente inocente y que renuncien de una vez por todas a la sangre y prueben a ser personas.
Créeme, década sospechosa, si te digo que en mi trayectoria vital nunca había dejado atrás un año sin confiar en que el siguiente iba a ser mejor. Te deseo diez felices años. En nombre de España y de los españoles.
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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 2 de enero 2011)
Me ha gustado muchísimo tu carta a la década que viene.
Me sumo a tus deseos. (Ojalá, así sea, amén)