Vuelva usted Mañana

En un libro todos los libros

El futuro del libro habita entre nosotros, pero no terminamos de percibirlo. Se llama libro electrónico y llega dispuesto a destrozar la Galaxia Gutenberg, aunque, eso sí, imitándola has-ta donde le es posible. El nuevo libro no es de papel, aunque la textura de su pantalla pueda parecerlo. Sus diferentes tamaños son idénticos a los de los formatos impresos. Es cómodo, práctico, de muy poco peso y, encima, no sólo contiene un volumen para leer sino que puede almacenar mil quinientos libros (una librería completita) y estar conectado, a la vez, a las super millonarias bibliotecas de Internet.
En el libro electrónico puedes ampliar el cuerpo de letra, de forma que no necesitarás ni siquiera las gafas de cerca. Es posible escribir notas a pie de página, o al margen, o también consultar el diccionario sin dejar de tener delante la página que estás leyendo. Su capacidad de memoria permite añadir a los archivos todas las fotografías que te apetezca y todas las cancio-nes que quieras escuchar mientras lees. O sea, la leche.
El único inconveniente por ahora (algún “pero” tenía que tener) es el precio. No es ase-quible de momento a las economías débiles que son mayoría en tiempo de crisis. Pero pasará como pasa siempre con las nuevas tecnologías, que al principio son prohibitivas pero que rápidamente se democratizan.
¿Es el final de los libros impresos? Pues no. Al libro impreso le queda larga vida. Ese placer que subyace al abrir tu libro, tocarlo (acariciarlo sería la palabra), notar el tacto con el papel, impregnarte del olor a tinta, pasar las páginas con tus manos; ese gozo que en el len-guaje moderno se llamaría interacción, participación, no puede ser sustituído, así por las bue-nas, por un robot inteligente, tan inteligente que te usurpa el verdadero sentimiento de la lectura pausada.
Su valor social tendrá que ganárselo a pulso el libro electrónico, como se lo ganó el libro impreso. El salto no puede ser al vacío. Es demasiado salto. Una cosa es la lectura rápida, ne-cesaria, para conocer noticias, para adquirir datos, y otra muy distinta la lectura placentera de un buen libro.
Creo que tenemos por delante un período largo de convivencia entre los libros tradi-cionales y los libros electrónicos (a partir del momento en que éstos sean baratitos) porque, particularmente, no creo que se acabe la letra impresa. Al menos, durante un período bastan-te extenso de tiempo. Me atrevo a decir que, así como la Prensa tradicional ofrece síntomas de grave enfermedad (todavía no con peligro de muerte), los libros tienen una salud de hierro. Podría demostrarse que el libro no solo coexiste con la nueva galaxia, sino que está más vivo y expandido que nunca. En un artículo de M. J. Lamarca Lapuente (leído en la red, en el verano de 2007) se citaba al autor Gabriel Zaid, quien, en su ensayo “Los demasiados libros”, afirma-ba lo siguiente:
“En el primer siglo de la imprenta (1450 – 1550) se publicaron unos 35.000 títulos; en el último medio siglo (1950 – 2000) mil veces más: unos 36 millones. La humanidad publica un libro cada medio minuto (…) Si uno leyera un libro diario, estaría dejando de leer cuatro mil, publicados el mismo día. Es decir, sus libros no leídos aumentarían cuatro mil veces más que sus libros leídos. Su incultura, cuatro mil veces más que su cultura. El número de películas producidas en el mundo no es ni el 1% de los títulos editoriales publicados.”
El plazo más próximo en el tiempo que se vaticina para que el libro electrónico iguale al impreso es de nueve años. Una encuesta entre mil libreros de treinta países, efectuada en la Feria del Libro de Francfort (2008), decía que hasta 2018 no facturarán los libros electrónicos tanto o más que los impresos. Además, y eso me permito afirmarlo yo mismo por el simple ejercicio de la observación, las nuevas tecnologías, en lugar de frenar el trabajo de las impren-tas, lo que hacen es llenar los kioscos y los puntos de ventas de más y más publicaciones es-pecializadas en ordenadores, programas, avances de Internet, etc., impresas en papel, con lo que el inventor alemán sigue mas vivo que nunca en su galaxia, conviviendo, eso sí, con la re-volución que se nos ha venido encima.
Para mayor demostración de la vigencia de Gutenberg, una noticia de la red: se anuncia que Wikipedia, la inmensa enciclopedia libre y espontánea de Internet, se va a llevar a la letra impresa, en forma de libros. Qué quieren que les diga.

Una respuesta to “En un libro todos los libros”

  1. bubu dice:

    me traigo un libro electrónico de japon!!. Mañana vamos al barrio de la electronica (akihabara). Saludos nipones

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