Continúan vivitos y coleando, y existirán por mucho tiempo, los periódicos de papel, que yo seguiré leyendo cada día plácidamente, al contrario de lo que me ocurre con los digitales, cuya lectura veo continuamente interrumpida por inoportunas y molestas publicidades que me distraen y me cabrean. Larga vida, pues, a mis periódicos de siempre que me hacen feliz al leerlos y repasarlos y recrearme en sus artículos sin necesidad de recibir impactos visuales y luminosos de anuncios repetitivos que me lastiman los ojos.
Dicho lo cual, me permito afirmar sin rodeos –y no es una contradicción- que los cimientos de la prensa escrita se estremecen. El viento huracanado de las nuevas tecnologías asola los viejos procesos industriales de las rotativas, convirtiéndolos en obsoletas y costosas maquinarias con las que es cada vez más complicado pelear en un mundo intangible y puramente virtual.
El máximo nivel de diario paradigmático de España lo alcanzó “El País”, cuando, en tiempo record –y tiempo propicio, digámoslo también- , se convirtió en el mejor, el más rentable, el más avanzado y el más prestigioso de los periódicos españoles. Fue tal su éxito económico que, por sí mismo, se erigió en plataforma de un buen número de negocios de comunicación –entre ellos el del fútbol televisivo, que los hizo multimillonarios- hasta alcanzar la cima de los grandes grupos mediáticos internacionales.
Hoy, “El País” es noticia por sus problemas de financiación, por sus escándalos laborales, por sus despidos, porque sus periodistas protestan negándose a firmar sus escritos y porque donde no hay harina todo es mohina. Su crisis parece mayor que la de sus competidores, que no fueron por cierto tan lanzados en los cambios tecnológicos.
Llama la atención que una cabecera tan prestigiada se vea sometida a una crisis espantosa, siendo, quizá, y paradójicamente, la que mayores esfuerzos ha realizado por adaptarse a los nuevos tiempos. ¿Todo es por culpa de la llegada de la nueva era de Internet o hay algún otro ingrediente de intereses internos que motiven la erosión del grupo?
Como lector, confío en que “El País”· supere sus dificultades. Y lo mismo deseo para los demás medios que se ven amenazados por los digitales, tan rápidos ellos, tan fugaces, tan poco reposados.
Me duelen los ojos después de echar varios vistazos a la red para documentarme. Ahora mismo, para compensar, cojo mi periódico de cabecera, “La Opinión de Málaga”, y tranquilamente me pongo a acariciar sus páginas de papel a la caza y captura de sus excelentes artículos.