Vuelva usted Mañana

Elogio del invento Gutenberg

No sólo son las nuevas oleadas juveniles las que, adheridas como lapas a la diversión, al embobamiento y a esa adicción que proporcionan los infinitos entretenimientos de la red, desprecian olímpicamente el placer de la lectura impresa. Ellos -mayoritariamente los de la generación “Ni Ni”- irrumpen en este nuevo universo de la comunicación con la fuerza de lo único que han mamado. Quiera que no, la familia es esencial en la formación individual. Es lógico que se decanten por el facilísimo acceso a las nuevas maravillas del ocio inmediato, sin tener que tocar un papel, y que se harten de jugar, de decir tonterías en foros y redes sociales, que vean los vídeos de YouTube, que se empachen con cuanto circula por el espacio cibernético, que utilicen el material práctico a su alcance, que conozcan a otras gentes, a otras culturas. Algo, sino mucho, terminarán aprendiendo en Internet, por donde trasiega lo mejor y lo peor de este mundo. Seguro.

Me lamento, en un desahogo inútil, de que estos niños/as no tengan en cuenta el valor de la lectura sosegada, instructiva, (nutrititva, que diría un fino escritor al que conozco muy de cerca), que ignoren absolutamente esa gozada de recrearte cómoda y serenamente en un texto impreso, un libro, una crónica, un reportaje, un artículo, y hacerlo sin interferencias, sin tics de luces nerviosas que distraen tu atención, sin reflejos, sin anuncios intrusos y odiosos, sin intermitencias molestas, sin urgencias… Esos niños son como sus padres, que jamás disfrutaron de un libro, de un periódico o de una revista. No hay miedo mayor que el que se tiene a lo desconocido. Y, lamentablemente, el revolucionario invento de Gutenberg, que dio un vuelco social y cultural al mundo, sigue siendo, por mil razones, un instrumento desconocido para millones de seres. Nuestros jóvenes y adolescentes militantes enfervorizados de la red, y nada más que de la red, no tienen ya remedio. Para lo bueno y para lo malo forman parte importante de lo que será el futuro de la tela de araña global.

Pero de lo que sí me quejo es de la actitud de las centurias tremebundas de conversos, amantes engañosos del progreso, fracasados de los medios tradicionales, que se han lanzado a la persecución de la Prensa escrita, de los libros, de las publicaciones, de la Galaxia Gutenberg, a ver cuándo le clavan el puñal último y los entierran para siempre. Craso error, que dirían los clásicos, porque los clásicos lo son al mantener en el tiempo su esencia y no ser flor de un día. Y la Prensa es clásica. Y contra eso no podrán los remedos digitales. No me imagino a los lectores asiduos de los grandes diarios generalistas o deportivos (no a los que compran el periódico para llevarse la cacerola) leyendo parsimoniosamente en Internet. Ni a los que prefieren “Hola” viendo las estampitas en digital. Ni a los amantes del tacto del libro impreso.

Y ahora viene mi posicionamiento. Soy usuario hasta las cachas de Internet. Veo los periódicos digitales, me entusiasman los buenos blogs (el columnismo de Internet, dígase lo que se diga), incluso tengo mi propio blog (“Vuelva usted mañana”, muy visitado, perdonen la inmodestia), consulto a diario todo tipo de webs: el acontecer en los medios de comunicación, los diccionarios, los vídeos, los descubrimientos científicos, leo los “flashes “ de las nuevas noticias, aprovecho las maravillosas ventajas de la más grande y mágica enciclopedia que jamás pudieran imaginar los enciclopedistas. Pero leo, cada día, los periódicos impresos. Y gozo con los libros impresos que puedo. Y me recreo en la lectura tranquila y sosegada de los textos tranquilos y sosegados. Y es mi mejor tiempo empleado. Y tengo el descaro, y el decoro, de decir todo esto en un territorio que podría ser para mí, pero no lo es, un territorio comanche. Y lo digo y lo escribo como si lo hiciera en papel, sin un mísero link que llevarse a la boca…

Nunca los periodistas hemos escrito tanto sobre la Prensa como lo hacemos ahora. Estamos preocupados, si bien debiéramos diferenciar entre periodismo y soportes. El periodismo auténtico tiene en la red un sitio y una misión: imponer profesionalidad entre tanta mediocridad. Los digitales no le ganan la batalla a los diarios tradicionales por las mejoras tecnológicas. El morse, el teletipo, el telefoto, las ilustraciones, aportaron mejoras para el lector tradicional, pero no la inmediatez, la avalancha informativa, el totum revolutum. La crisis de lo impreso tiene un motivo puramente económico. Elaborar un producto digital es la enésima parte más barato, en costos, que hacer un diario de papel. Pero jamás suplirá al disfrute de su lectura porque no le aporta más que instantaneidad, que nunca fue la esencia de la Prensa. Ni siquiera los libros electrónicos dejarán de ser un sucedáneo de los verdaderos libros. Gutenberg resistirá, conviviendo con McLuhan, por supuesto. Pero estén seguros de que resistirá.

(Artículo publicado enLa Opinión de Málaga”, domingo 19 de septiembre 2010)

Una respuesta to “Elogio del invento Gutenberg”

  1. Miguel Ángel Reina dice:

    Internet simboliza los valores de estas nuevas generaciones: inmediatez en el éxito, superficialidad frente al trabajo meticuloso y preciso, colectividad adocenada para suplir la individualidad ilustrada, etc. Y, sin embargo, paradójicamente, el nivel cultural de nuestros jóvenes es superior al que tuvieron las generaciones de los que hoy peinamos canas.

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