Vuelva usted Mañana

Eligió la esperanza por encima del miedo

Cien días ya desde que, en un hecho sin precedentes, un político de raza negra se aupara a la presidencia del país más importante de la Tierra. Y en ese período, considerado como de cortesía para los novatos, el máximo dirigente mundial no ha decepcionado a nadie, salvo a los que ya estaban decepcionados de antemano por su elección.
Barak Hussein Obama protagonizó el mayor despliegue informativo de la Historia de la comunicación. Nunca antes se había puesto en marcha tan amplio aparato informativo, en todos los soportes mediáticos, en todas las lenguas, en todos los confines del mundo. Y nunca antes se había encontrado un presidente norteamericano con una situación económica, propia y ajena, tan crítica, tan paralizante, y con una situación política tan retorcida y tan atomizada frente a un enemigo fanático que mata sin motivos racionales y frente a talibanes de la intolerancia a quienes molesta que un tipo de color sea quien tome las decisiones para acabar con ese caos.
Entre un setenta y un setenta y cinco por ciento de los estadounidenses aprueban a Obama por consumar un beneficioso cambio radical de rumbo político, por sus cualidades personales,
por simbolizar una mayor fe en el futuro, por estar a punto de superar la división racial y por estimar que Estados Unidos -tras el desastre de Bush- ha vuelto a recuperar el respeto internacional.
El regalo que ha recibido Obama por sus primeros cien días ha sido fantástico para él y para su partido: el veterano y reconocido senador republicano Arlen Specter se acaba de cambiar de bando, con lo que los demócratas alcanzan los sesenta escaños suficientes para evitar cualquier obstrucción en el Senado.
Me he desviado. No quiero meterme en la política de la política. Sólo quería decir que me alegro de que, cien días después, Obama siga navegando con viento favorable, después de derogar la crueldad de Guantánamo y después de oxigenar el diálogo internacional. También me alegro de que no vea a España como a un muñeco para la fotografía que justifique una cruel invasión guerrera, como nos veía su predecesor, sino que considere de España algunas cosas buenas –como la sanidad pública o el desarrollo del Ave- para copiarlas en su país.
Me alegro de que su discurso no haya cambiado sustancialmente, a pesar de que la penosa realidad que se ha encontrado supera en mucho a lo que él podía imaginar.
Me reconforta recordar con ilusión algunas de las frases de su discurso de ganador, pronunciado en la madrugada del 5 de noviembre de 2008 (y escritas por un muchacho de 27 años, Jon Favreau, “Favs”, su asesor de comunicación):
“Hemos elegido la esperanza por encima del miedo…”
“A partir de ahora debemos sacudirnos el polvo y empezar a trabajar juntos…”
“Un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos…”
“A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas…”
“Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas…”
Sigo teniendo fe en el contenido de ese discurso. Y en la figura de quien lo pronuncia.

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de Gütemberg a Obama
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