Sigo siendo del papel. De la Prensa escrita. Sé que estas afirmaciones contundentes me ocasionan incomprensión y más cosas, por parte de conversos y talibanes del nuevo tiempo y del mismo gremio, pero es mi verdad. El papel me dio la vida, la profesión, he sufrido con él, he gozado, he vivido. Lo devoro con placer cada mañana. Fue el papel impreso el que me enseñó que el periodismo no es nada si hace stop y no avanza. La nuestra es una profesión en evolución contínua, que ha superado los embates más virulentos de los cambios tecnológicos en todos los soportes, especialmente en el de la Prensa escrita, y siempre ha salido triunfante, razón poderosa por la cual seguirá sobreviviendo y cada vez de manera más vigorosa. Por algo, los periódicos siguen liderando la información y sobre todo la opinión en el mundo actual…
Sin embargo, reconozco que las palabras llegan mucho antes con Internet porque vuelan más rápido, más alto y más lejos y porque encuentran en su vertiginosa órbita terrestre a destinatarios no previstos que las atrapan en plena navegación.
Sin dejar de pertenecer al mundo tangible de la información estampada en rotativa, llevo ya un tiempecito subido a esta lanzadera espacial de la virtualidad con la que viajo a lugares insospechados. Tener lectores (muy pocos, tampoco exageremos) en varios continentes, incluso en los países antípodas, hubiera sido un imposible antes del desarrollo de las autopistas de la información. La circulación de los medios, por amplia que fuera, tenían un limite. Hoy, ese límite no existe. Tú simplemente tecleas en el ordenador, luego cuelgas tus escritos y, a partir de ahí, ya no controlas porque esos textos se hacen nómadas del tiempo. (En el caso de las imágenes habría que dosificarlas y tener muchísimo más cuidado cuando se las echa a volar. Pero hoy hablo de palabras.)
Los buscadores te proporcionan visitas inesperadas. Gente que anda buscando otra cosa distinta, de pronto te descubre y curiosea en tu blog, en tu página. Y algunos, incluso se incorporan al carro de los visitantes asiduos. Amigos y conocidos de los que no sabías nada hacía tanto tiempo aparecen súbitamente y te llenan de alegría.
Siempre fui consciente del cuidado que hay que tener cuando se escribe para el público. No sabes quién puede llegar a leerte, motivo por el que has de ser claro, preciso, entendible, lo menos rebuscado posible y sencillo al máximo. Terriblemente difícil todo ello, pero, desde que los textos no se quedan fijados únicamente al papel sino que saltan y se disparan al cielo de la comunicación cibernética, el pudor por lo que uno escribe aumenta considerablemente. Mucho cuidado antes de estampar tu firma al pie de un escrito…
No hay conclusiones a lo que digo. Es una mera reflexión sobre mi devota adscripción de siempre a la Prensa y mi incursión, también definitiva, en los nuevos caminos tecnológicos de la instantaneidad. El trabajo sigue siendo el mismo prácticamente. Quizá aumente la responsabilidad. Solo eso. Al menos en mi caso.