A primeros de junio del año pasado hice un comentario (“Adiós al virus del miedo”) a propósito de unas declaraciones que el científico Marc Siegel, autoridad mundial en el estudio de pandemias, había hecho a “La Vanguardia” y en las que afirmaba rotundamente que la llamada “Gripe A” era benigna en todas partes “menos en los medios de comunicación, que son los que contagian de verdad el virus del miedo, convirtiéndolo en la auténtica pandemia demoledora de economías nacionales como es el caso de México”. El profesor Siegel, indignado, vaticinó que “esta gripe durará lo que dure en las teles, radios y portadas de Internet y diarios. A medida que los directores vean que no da audiencia relegarán la gripe a espacios secundarios y al final no darán nada de ella”.
Y, en efecto, el científico llevaba razón. En pocas semanas la gripe dejó de ser “porcina” para recuperar su modesto nombre de siempre. En unos meses, México dejó de ser masacrada mundialmente, tras haber sido destrozada su economía y maltratada su población. Lentamente, los diarios dejaron de dar portadas aterradoras, la red cesó en la multiplicación del pánico y la histeria y los telediarios se olvidaron de la enfermedad. Los ministros dejaron de hacer declaraciones. Y es llegado el momento en que los millones y millones de vacunas adquiridas con urgencia por los gobiernos de todo el mundo están, en su mayoría, sin usar y a la espera de endosárselas como sea a los países subdesarrollados.
Pero el doctor Siegel, que sabía muy bien que la nueva gripe era de menor cuantía incluso que la estacional, y que produciría dos tercios de víctimas menos, ignoraba, en cambio, que la sicosis de miedo no fue generada por los medios de comunicación, sino que éstos se limitaron a dar pábulo a lo que les transmitían los gobiernos que, a su vez, fueron mediatizados por la OMS, que, a su vez, fue influenciada por los lobbys de la industria farmacéutica. Un escandalazo, que acaba de revelar el presidente de la Comisión de Salud del Consejo de Europa, el doctor alemán Wolfgang Wodang, en unas sorprendentes declaraciones al diario francés “L¨Humanité”.
El doctor Wodang, autoridad médica especializado en epidemiología, acusa formalmente a la Organización Mundial de la Salud de haber modificado la definición de pandemia, en mayo del año pasado, dando más importancia al hecho de la propagación que al de la gravedad en sí misma, justo cuando los gobiernos contribuían, con su presencia en los medios –algo que irritó también al doctor Siegel- a crear una histeria colectiva en prácticamente todo el mundo. Al fondo de todo este panorama, la industria farmacéutica producía sin cesar millones y más millones de vacunas.
Si todo lo que dice el médico alemán es cierto,–aunque tengamos que proteger los hechos con el calificativo de presuntos- habría que reconsiderar el concepto que tenemos de las grandes instituciones como la OMS, que, en teoría, abogan por nuestra salud y el concepto que tenemos de los dirigentes políticos mundiales.
Estamos seguros, eso sí, de que la gripe A no era tan peligrosa. Y de que la vacuna ha sido un espléndido negocio. Un negocio ¿para cuánta gente?