Reconozco que me paso un poco con este título tan rimbombante y tan manoseado en los manuales periodísticos desde que se instauró en éstos la docencia formal. Pero es una forma como otra cualquiera de que los estudiantes -que son los que más me interesan-, y el resto de periodistas y curiosos de la información atraídos por el tema, se acerquen hasta esta líneas para ver de qué demonios voy a hablar cuando parece que, sobre praxis y teórica, está todo más que dicho.
Obviamente, no voy a filosofar sobre los fundamentos del Periodismo y sí, en cambio, pretendo hacerlo –no filosofar, no pontificar, sólo reflexionar- sobre la forma en que se ejerce actualmente nuestra profesión, que ese sí parece un tema de sumo interés, aunque más de puertas adentro que de cara a consumidores externos.
La invasión tecnológica, que como todas las grandes revoluciones apasionan a mucha gente hasta trastornarla (cuando lo único que deben producir en la mayoría es la simple necesidad de adaptarse a los cambios para mejorar en todos los sentidos) ha convulsionado al Periodismo, aunque yo afirmo que más que al Periodismo ha transformado a algunos soportes periodísticos, haciéndolos más inmediatos, y ha creado algunos nuevos que maravillan por sus capacidades “olímpicas” (citius, altius, fortius: más lejos, más alto, más fuerte, Pierre de Coubertin dixit), noticias con alas que vuelan por el cielo cibernético superando la velocidad de la luz.
Ante este terremoto, los periodistas, según sus inclinaciones, se alinean en tres bandos: los que no han dejado de practicar el Periodismo de siempre, adaptándose a los tiempos pero practicando la pureza de informar y opinar; los que ejercen brillantemente la docencia compartiéndola con la práctica del oficio y los que consideran las nuevas tecnologías de la información más importantes que la propia información y se pasan el día hablando de mejoras, olvidando lo esencial.
En la primera y segunda categoría habitan los mejores periodistas. Sin duda. Veamos una nómina, sólo a modo de ejemplo, para no hacerla prolija, de nombres sonoros del periodismo que, utilizando, simultáneamente, los más viejos y los más novedosos soportes de la comunicación, mantienen, inalterable, su forma de escribir, de hablar, de trabajar, de informar, de dar su opinión y de dar brillo a la profesión con su inteligencia y su saber hacer, ideologías y tendencias políticas aparte. No incluyo ejemplos de novelistas y poetas consagrados que colaboran asiduamente en medios escritos. Y repito: sólo es un pequeño muestrario en el que faltan magníficas firmas.
Ahí voy. Entre los que más sigo, más creo y más me gustan porque los considero más independientes, honrados y progresistas están: Iñaki Gabilondo, Enric González, Ramón Lobo, Arturo Pérez Reverte (críticos sociales y políticos), Maruja Torres, Rosa Montero, Juan Cruz (cronistas de todo), Lluis Amiguet (entrevistador), Ignacio Escolar, Pilar Rahola, Xavier Batalla, Lluis Basset (analistas políticos de España y del mundo) y otros muchos que vosotros y yo mismo podemos seguir agregando a esta pequeña relación. Entre los que menos sigo o menos creo porque los considero parciales y excesivamente conservadores: Arcadi Espada, Isabel San Sebastián, Luis Maria Anson, Martin Prieto, Victoria Prego, Carlos Herrera, Pedro J. Ramírez. Entre los que mantienen una línea oscilante, Carmen Rigalt, Raúl del Pozo. Todos ellos, y muchísimos más que no puedo incluir, repito, por falta de espacio, hacen su trabajo periodístico tal y como lo han hecho siempre, sin importarles el soporte a través del cual se comunican con lectores, oyentes o usuarios de Internet. Se centran en hacerlo lo mejor que saben. Y no se ocupan ni un segundo del cómo ni el porqué de las nuevas tecnologías. Este bando completo, con fobias y con filias, conforma el Periodismo auténtico, el de antes, el de ahora y el de siempre.
En el segundo bando, el docente, hay magníficos periodistas que investigan, crean e inventan modos y usos para los nuevos soportes y, además, escriben y enseñan. Ejemplo máximo (para mi), José Luis Orihuela, animador de Twitter (donde ni una sola de sus palabras tiene desperdicio), profesor de Navarra, número uno, ilustre y didáctico conferenciante sobre el buen uso de las redes sociales. Otros “fuera de serie” son Mario Tascón (imaginativo creador de grandes diarios y grandes blogs digitales), Juan Varela, Ismael Nafría, Sonia Blanco. Ellos representan, dibujan y ejemplifican la tecnología del Periodismo de hoy y del futuro.
Pero donde no encuentro referentes a tener en cuenta es en el tercer bando: el de los periodistas que olvidan que son periodistas y se emocionan y lloran con los nuevos artilugios. Y dejan que la noticia vuele rápida y vertiginosa y llegue en un santiamén a todos los lugares del mundo pero sin contrastar, incompleta, exenta de datos. Estos periodistas se confunden cada día más con los millones de diletantes que inundan la red.
Buenos días, Rafael:
Me ha gustado mucho el post, además en el curso de verano de la UMA, “El periodismo enredado”, hemos tenido la oportunidad de conocer a algunos periodistas del apartado “periodistas interesantes” de tu lista.
Un saludo
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