Hoy día el periodismo no es un emblema de la sociedad. No es un referente social. No goza de la credibilidad necesaria. El periodismo vive en los tiempos del cólera. Entre unos y otros, entre los adelantos de la tecnología y las sanguijuelas de tantas empresas están machacando a esta sacrificada profesión, que es tan digna como cualquier otra, más vocacional que muchas y peor pagada que ninguna. Infinidad de teóricos y pontificadores –algunos de los cuales no han ejercido en su vida- se dedican a analizar la crisis por la que atravesamos pero raramente dan con la tecla ni aportan soluciones concretas. Será, seguramente, porque no las hay. O porque estos estudiosos de salón miran al dedo cuando se les señala la luna.
Acabo de leer una acertada frase escrita por el periodista Aurelio Martín, vicepresidente de la FAPE . Dice así: “Sin periodistas no hay periodismo”. Ahí reside una de las claves esenciales de porqué en la actualidad ser periodista es casi como ser mendicante. Jamás un oficio que requiere una carrera universitaria y un rodaje previo ha estado tan mal considerado y tan mal retribuido como en estos tiempos. Por cierto, cada vez hay más estudiantes y más vocaciones en las aulas. Lo he comprobado. Verdaderamente admirable la devoción de muchos jóvenes, dispuestos a luchar por ser lo que quieren ser, más allá de crisis temporales o pesimismos sociales. El periodismo sobrevivirá, siempre que sea ejercido por periodistas, con independencia de que los soportes sean de papel, de nuevas materias o simplemente digitales. En ocasiones me he permitido alentar en universitarios de la Comunicación el impulso vital de ser periodista. Y siempre he encontrado respuestas estimulantes.
Es la crisis. Por supuesto que es la crisis. Otras muchas profesiones sufren el hachazo de los despidos masivos. Pero, además de la crisis, existen otras causas que han relegado al periodismo. Una de ellas, que he apuntado ya, es el progreso tecnológico que va convirtiendo en obsoleta la práctica tradicional. Y aquí es preciso entrar en detalles. El advenimiento –glorioso, por otra parte- de Internet y sus medios y sus redes sociales ha creado legiones de adictos a las herramientas virtuales, a las nuevas terminologías, a la creación y actualización de los nuevos soportes, gente joven obsesionada con “lo último”, empeñada en priorizar el cómo, que es la forma, sobre el qué, que es la información.
¿Le llamamos periodismo virtual? A mi me resulta inconcebible llamar virtual al periodismo. El periodismo o es real o no es periodismo. Está bien conseguir primicias y exclusivas para competir. La instantaneidad de la red es un valor añadido. Pero no a cualquier precio; no al precio del fraude informativo, de la falta de rigor, de la chapuza.
Lo repetiré hasta la saciedad: constatar los hechos, describirlos con claridad, informar verazmente, serán siempre valores fundamentales del trabajo periodístico y estarán por delante de la necedad –no necesidad- de tener que ser los primeros.
Millones de “periodistas” espontáneos (qué horror, llamarles periodistas aunque sea entre comillas), nacidos de las adicciones a la red, hurtan la posibilidad de trabajo a periodistas formados, honrados y parados. No suplirán nunca el rigor y la profesionalidad, pero se mantienen en su preponderancia porque estamos en la época y en la sociedad de la mediocridad. Ocurre igual con los okupas de la tele, esos usurpadores cuasi analfabetos que se llaman a sí mismos periodistas. Y en cuanto a los empresarios chupópteros de la comunicación, no veas qué bien les ha venido la confluencia de la crisis económica, el basureo tan de moda y el pretexto de las tecnologías.
Estoy con los jóvenes que insisten en ser periodistas porque lo sienten de verdad. Terminarán venciendo la coyuntura hostil y acabarán siendo buenos periodistas En cuanto a los otros, esos que anteponen la tecnología a la información, a ellos les hago una sugerencia, porque consejos no suelo dar: Si de verdad sois periodistas, contad bien vuestras historias… y dejaros de historias.
Querido Rafael, qué me gustaría que le dijeras esto a mis alumnos… ya se lo vengo repitiendo yo en cada clase. Por lo pronto, voy a remitirles a este artículo. Porque en los ‘tiempos del cólera’, además del amor del Gabo, nos queda el periodismo. Salud.
No podía estar más de acuerdo. Soy estudiante de periodismo y tengo exactamente el mismo pensamiento que el que manifiesta en su artículo. Y me quedo con esta frase “Estoy con los jóvenes que insisten en ser periodistas porque lo sienten de verdad. Terminarán venciendo la coyuntura hostil y acabarán siendo buenos periodistas”, puesto que no muchos se hacen eco de esto, debido a la tendenciosa inercia de tachar la labor de los nuevos periodistas.
Somos muchos con vocación e interés, los cuales precisamente pretendemos recibir el testigo y devolverlo en el mismo halo de calidad periodística que recibimos en su día. 0
http://sandradebenito.blogspot.com/
Le invito a que pase a leer alguno de mis artículos en mi blog, son pocos, pero dicen mucho
saludos
Más razón que un santo.
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