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El periodismo, ante la doble crisis

Desde siempre, para determinado personal, el periodista ha sido una tentadora pieza de caza. Las escopetas disparan sin venir a cuento. No digamos ya cuando, como ahora, se dan las circunstancias propicias, las condiciones más óptimas, para la cacería a mansalva. Están que se salen. Los periodistas, sobre todo, están que se salen… al paro.

Podríamos establecer una tesis que justificara aparentemente el problema. Si tradicionalmente, el periodismo ha padecido una crisis detrás de otra, siempre motivadas por el avance de las nuevas tecnologías, en la actualidad no es una sino que son dos, al mismo tiempo, las crisis que azotan a la profesión. A saber:

Crisis una.- La que afecta a todo bicho viviente, es decir, la originada, desarrollada y exportada al mundo entero por los sinvergüenzas de Wall Street, problema angustioso que tendrá solución, pero que todavía no la tiene. Y

Crisis dos. La de siempre: el progreso tecnológico, en este caso, el monstruo imparable e invencible de Internet que lo fagocita todo.

Pero no creo que éste sea el planteamiento real del problema, sino más bien un argumento manido y posiblemente falaz, con algo de verdad, sí, pero no del todo cierto. El periodismo en sí mismo no tiene problema de subsistencia. Antes al contrario, la profesión está cada día más robusta, aunque infectada, hay que decirlo, de una pandilla de diletantes, intrusos iletrados que irrumpen, sobre todo en televisión (también en Internet), inventando, difamando, pontificando… Infectada igualmente de ese pestoso catálogo de miserias llamado telebasura, compuesto de especímenes y de desperdicios, que pone contra las cuerdas al periodismo auténtico.

El amarillismo, como modelo empresarial, o como proyecto personal, es otro virus que ataca a esta profesión. Haciendo bien su trabajo, actuando dignamente, entregándose a él con devoción, es difícil que un periodista se haga rico. En cambio, despreciando las normas y bañándose en el lodazal de la desvergüenza, hay profesionales -pero sobre todo no profesionales- que prosperan económicamente. Por eso, existen periodistas –lamentablemente así se denominan—que, dejando al margen los valores de la deontología profesional, no sólo desprecian los datos de la información, sino que directamente falsean las noticias o, peor todavía, se las inventan. Una cínica frase, típica y tópica del viejo periodismo amarillo y del cine americano es aquella que dice: “No dejes que la verdad te estropee una buena noticia”. Detrás de esa frase, indeseable pero ciertamente ingeniosa, existe un catálogo inmenso de intereses bastardos. No permitas –sería lo correcto- que la estulticia, el afán del dinero fácil, la puñetera vanidad o la ambición insana te aparten de la verdad de la noticia, que sería tu propia verdad.

el-periodismo-ante-la-doble-crisisPero, virus aparte, insisto: los periodistas tienen, pasada la coyuntura crítica de la economía mundial, más perspectivas que nunca porque la comunicación se ha globalizado; porque las nuevas publicaciones “on line” en la red mundial se cuentan por millones, porque la propia facilidad (rapidez, instantaneidad, textos, imágenes, sonido)de transmitir las noticias opera a su vez el efecto sorprendente de multiplicar la capacidad de creación de más noticias, porque organismos, entidades, corporaciones, empresas y, en suma, todas las organizaciones que se precien necesitan periodistas para trasladar sus mensajes.

Lo que sí es cierto es que la doble crisis afecta concretamente a la prensa escrita y que, bajo esa justificación, se están produciéndose despidos masivos en los periódicos españoles y en los no españoles. La prensa de papel se enfrenta al mayor reto de su historia. Muchos estudiosos están convencidos de que los diarios desaparecerán en diez ó quince años. Pero hay otros tantos que vaticinan lo contrario; es decir, su supervivencia. En ambas posiciones existen argumentos sólidos en los que podríamos entrar otro día.

En suma, la crisis existe. La prensa escrita lo está pasando mal. Pero los que peor lo pasan son los compañeros que van al desempleo, en muchos casos no por la crisis, sino porque algunos empresarios espabilados aprovechan que el Pisuerga pasa por Valladolid…

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga” el domingo, día 29 de marzo 2009)

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