El papel de la Prensa de papel

El papel de la Prensa de papel

El advenimiento de las tecnologías cibernéticas ha creado una activa cofradía de enemigos de la prensa de papel. Y, como los lectores saben, no hay peor cuña que la de la misma madera. Ninguna hostilidad hacia los medios escritos, ni siquiera la de los políticos mediocres, supera a la ejercida gratuitamente por los propios periodistas reconvertidos al nuevo credo de la red. Han llegado a agruparse en formaciones de combate. Denigran todo lo que huela a letra impresa (bendito aroma de la tinta fresca) y manifiestan desprecio hacia la más clásica manera de hacer periodismo crítico y auténtico. ¡Oh, la fe de los conversos!

Nadie ignora que la Prensa de papel pasa por uno de los más graves y difíciles ciclos de su historia. Esa no es una incógnita virtual, es una aterradora realidad. Ya, a lo largo de de los últimos siglos, la Prensa escrita ha pasado por momentos críticos en los que fue torpedeada por otros inventos revolucionarios de la comunicación. Está más que escrito. El primer gran competidor revolucionario fue la radio, que tenía la virtud de adelantarse en la transmisión de las noticias. Esa guerra quedó en tablas. El periodismo abrazó al medio radiofónico y lo hizo suyo. La Prensa de papel siguió su camino e incluso llegó a épocas doradas. Luego, fue la televisión el enemigo a batir. Era un supuesto adversario mucho más peligroso porque aunaba la inmediatez de la radio y las imágenes de la noticia. Sin embargo, la Prensa volvió a salir airosa. No hubo vencedores ni vencidos. Otra vez el periodismo, desde el plano de la actualidad, colonizó al nuevo medio y éste se proyectó más como espectáculo, de forma que los diarios siguieron reinando en el mundo.

Hoy sabemos que Internet lo puede todo. O casi todo. Y que asistimos a un cambio traumático, imparable, en la utilización de los soportes mediáticos. Los periódicos convencionales puede que pierdan lectores porque la información es más rápida que sus rotativas, y también porque sus contenidos no se han puesto al día; es decir, no han vuelto a sus orígenes que son los de contar bien las historias y opinar serenamente. Pero, en realidad, los factores negativos, verdaderos culpables de la crisis sin precedente de los periódicos de papel, son dos y han coincidido en el tiempo. Por un lado, los costes de producción elevados, en contraposición con lo barato que resulta Internet. Las tecnologías han simplificado la elaboración de productos informativos, hasta el extremo de que hoy día cualquier indocumentado puede sentirse periodista porque sabe manejar las herramientas de la red.

Por otro lado, la tremenda crisis –la quiebra del estado del bienestar- en que nos han metido los tiburones de las finanzas y sus subordinados políticos, ha afectado seriamente al negocio de la prensa tradicional. La masa publicitaria ha descendido nada menos que un cincuenta por ciento en los últimos cinco años. Los grandes anunciantes restringen sus inserciones. Sólo van sobreviviendo los verdaderos empresarios editores, aquellos que se especializaron en proyectos informativos serios, aquellos que alientan a sus periodistas a que mejoren el producto, sin concesiones a la indecencia ni siquiera a la frivolidad, en tanto que los que llegaron a la Prensa con fines espúreos o porque coyunturalmente era rentable, ésos son los que huyen del barco tras haber presumido de ser los grandes paladines de la libertad.

La Prensa de papel sigue siendo la que genera y conforma la opinión social. Son los grandes diarios los que polarizan la crítica, favorable o desfavorable, al gobierno de turno; los que marcan tendencias en los aconteceres social, económico y cultural. Radio y televisión resaltan cada día los titulares de los periódicos y acomodan a ellos el interés de sus informativos. Y no hablo solo de España. Hablo de Europa, de América, del mundo libre. Editoriales de “The New York Times” o de “Wall Street Journal”, ejemplos que se prodigan, pueden influir en decisiones políticas de gobiernos europeos. Los auténticos grandes rotativos mejoran sus ediciones digitales, pero al mismo tiempo refuerzan sus ediciones de papel. La primera pregunta es si volverán a superar su tercera gran crisis los diarios de siempre. Y la segunda es si el periodista riguroso, serio, que cuenta la historia como Dios manda, será superado algún día por el que antepone la versatilidad de las tecnologías al valor de los contenidos. Nadie me va a quitar, a estas alturas, el placer de tantos años de deleitarme con los periódicos impresos. Y no es porque renuncie a los nuevos soportes. Al contrario, estoy a la última en mi blog.

(Artículo publicado el domingo 20 en los diarios “La Opinión de Málaga” y “Diario de Mallorca“; el lunes 21 en “El Faro de Vigo“; el martes 22 en “La Opinión de Murcia” el viernes 25 en “La Opinión de Tenerife” y en otros periódicos de la Editorial Prensa Ibérica, mayo 2012)

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