Nunca en mi vida había visto un logotipo tan engorroso como el que ha presentado Madrid, aspirante a organizar los Juegos de 2020. Para empezar, da la impresión visual de que están pidiendo los Juegos de dentro de unos cuantos miles de años, concretamente para el 20020 (veinte mil veinte). Quizá sea algún subconsciente traicionero el que ha fiado tan largo el logro (que no logo) de las Olimpíadas de verano. Y luego, cuando uno quiere buscar la pretendida inspiración de la Puerta de Alcalá, lo que uno ve es un descabellado conjunto de colores que ni siquiera son los colores olímpicos. Un desastre, que me niego a reproducir en este post.
Gallardón, lejos de reconocer que, como dice un montón de gente, el logo es un bodrio, lo defiende y le echa una mano a Ana Botella, verdadera responsable, argumentando que la polémica hace que más gente lo conozca. Y si más gente lo conoce, digo yo, más gente sabrá que es un bodrio.
Hay logos universalmente conocidos y reconocidos que son de simple diseño pero de eficacia comprobada. Algunos son muy antiguos, pero nadie los llama viejos, si acaso clásicos. Uno de ellos es el de la Coca Cola, otro el de la fábrica de coches Mercedes. O el de la firma automovilística americana Ford. Y también los hay modernos muy bien paridos, como el de CNN o el de Apple, por no poner otros numerosísimos ejemplos.
Sin embargo, el logo de Madrid me da la impresión de que, pase lo que pase con los Juegos –y ojalá los consiga de una vez la capital- pasará por el tiempo con muchísima pena y ninguna gloria.
No quiero pensar que la horrorosa crisis económica y moral que nos está azotando pueda causar estragos en la mente de los creativos. Si también nos falla la imaginación en esta época de crisis, apaga y vámonos.