Siempre había creído uno que los alemanes eran gente seria que jamás chismorreaba. (Que le voy a hacer. También sigo creyendo, y no escarmiento, que tó er mundo e güeno.) Pero no. El alemán Reinhard Gäde, que diseñó “El País” junto a Julio Alonso, y que trabajó una temporada con nosotros en “Sol de España”, era un creativo genial, extraordinario, aunque el alcohol después de las comidas lo ponía eufórico, le desataba la lengua y lo convertía en un vulgar chismoso. Todo lo que Gäde tenía de genio de la confección periodística lo tenía de cotilla en cuanto se soplaba el segundo coñac. Nos echaba a pelear a unos contra otros, periodistas, directivos, consejeros, razón por la que decidimos no invitarlo más a comer, aún sabiendo que ello nos privaría de conocer intrigas, maquinaciones y contubernios de la clase periodística madrileña porque su repertorio chismográfico no se circunscribía al ámbito local sino que abarcaba el territorio nacional. Algunos días comíamos en el “Ibiza”, donde César servía (sólo a los amigos) una sabrosa cecina de su tierra leonesa que quitaba el hipo. Bueno, a Reinhard Gäde era imposible quitarle el hipo. Sabíamos por él mismo que Juan Luis Cebrián (a quien ponía a parir con historias de grandeza que ahora no vienen a cuento) lo echó de su periódico, suponemos que por cizañero. Volvía de unas vacaciones, nos dijo, y vio que ya no tenía aparcamiento propio y que no le dejaban entrar en el edificio de la Calle Miguel Yuste. En nuestro caso no hubo necesidad de dejarlo sin parking. Simplemente lo dejamos sin trabajo. Y fue una pena porque aportaba conceptos novedosos del moderno diseño periodístico que ya se dejaba ver. Armaba bien las páginas en un alarde de sobriedad, aunque nosotros éramos más dados a ciertas alegrías tipográficas en los titulares. En cualquier caso, todo su talento lo había gastado en la creación de “El País”. Terminó montando un chiringuito ambulante con el que recorría periódicos periféricos a los que “vendía” juegos de maqueta como si fueran churros. Era el Mr. Hyde de la indiscreción y la incontinencia verbal, pero era también un revolucionario doctor Jekyll del diseño, con el que aprendí lo que no está en los libros.
Lo que hoy es diseño antes era confección. Los periódicos se confeccionaban, no se diseñaban. Cierto es que el diseño ha aportado plasticidad a las publicaciones, incluso arte. La confección era la estética de los contenidos, la limpieza de los espacios, los blancos estratégicos, la tipografía idónea. Era la armonía de títulos, textos e ilustraciones. Un periódico bien confeccionado se metía por los ojos. Trabajé con un confeccionador, Tomas Martínez Ruiz, que adoraba los “lutos” (rayas negras de un cícero de ancho), algo tétrico para mi gusto. Compartí tareas con otro, Eusebio Perdices, que vestía de alegría, arte y plasticidad las páginas. Y seguí de cerca el trabajo de un confeccionador magnífico, Luis Infante Bravo, que cambió la piel de “Sol de España”. Leo ahora “Historia gráfica de la prensa diaria española”, de Fermín Vilches. Un gozada asomarse al escaparate histórico de nuestra Prensa. Recomiendo su lectura.
Hubo tiempos de tipómetros y maquetas pautadas sobre las que distribuíamos y ubicábamos la información según su importancia. La maquetación tenía que plasmarse en el taller, así que era vital la precisión en títulos, tipos de letra (ahora fuentes) y cuerpos a emplear, sobre todo en la portada. A fuerza de hacer páginas llegamos a sustituir el tipómetro por el “ojímetro”. La “reunión de primera” devino en ritual al que asistían personajes de la vida local. Los redactores proponían y defendían sus temas de portada. Pero donde de verdad alcancé a calibrar la importancia de la estética en las publicaciones fue en las cuatro ediciones de la Cumbre Mundial de Diseño en Prensa que celebramos no hace mucho en “Estepona Ciudad del Periodismo”, programa de repercusión internacional. Ahí ratifiqué mi vieja convicción de que el diseño (antes confección) es la arquitectura de los periódicos convencionales, de las revistas, de los diarios digitales, de las páginas webs, de los blogs. El buen diseñador es un arquitecto que conjuga masas y volúmenes, un artista plástico de la letra impresa y de las ilustraciones. Alguien que nos acerca a la lectura. Podría citar a los mejores del mundo porque todos disertaron en Estepona. Pero tanta glosa no cabría aquí. De Estepona era, por cierto, el primer confeccionador de Prensa en España: Suárez de Figueroa, último periodista muerto a espada en un duelo de honor en 1904.
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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga“, domingo 12 de febrero 2012)
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(El cartel de la IV Cumbre Mundial de Diseño en Prensa que reproduzco es original de mi gran amigo Willy Gómez Hill, el gran artista mexicano que dirigió todos nuestros encuentros en Estepona)