Vuelva usted Mañana

El dios publicitario llueve sobre nosotros

La publicidad siempre ha sido considerada parte de la información, aunque nunca se ha llevado bien con las noticias. Periodistas y publicistas luchan cada día por un hueco destacado en los medios. Si no hay ingresos publicitarios, no se puede subsistir. Es uno de los argumentos contendientes. El otro es: si no hay lectores, ¿a quién le vendes la publicidad?

Tradicionalmente, la publicidad en los periódicos no debía superar el treinta por ciento del espacio. Encima, el director tenía derecho de veto sobre todos los contenidos, incluyendo los comerciales. Era el equilibrio aconsejado para que textos periodísticos y mensajes publicitarios armonizaran en un conjunto homogéneo que favoreciera a ambos. La ubicación del anuncio es clave para su optimización comercial. Por eso, las páginas impares, (también llamadas “nobles”) que son las que más “se ven”, son siempre las preferidas, y no digamos si, además, son las que “abren” el periódico, las páginas tres y cinco, incluso la siete.

Pero los tiempos han cambiado. Ya no hay tanto tiquismiquis. El director se lo piensa mil veces antes de negar una publicidad, porque el gerente está presto a darle con la nómina en la cabeza. Desaparecieron los remilgos en los porcentajes de ocupación, en la elección de espacios y se acude con ansiedad al productivo invento de los monográficos.

En la radio, la publicidad fue toda la vida musical, creativa y eficaz. Desde “Yo soy aquel negrito del Africa tropical…” hasta “Una co-pi-ta de O-jén”, pasando por “Norit el Borreguito!, una serie de inolvidables melodías quedó en la memoria colectiva de varias generaciones. Aquella publicidad amable, pegadiza, ha devenido hoy en larguísimos y sufridos espacios de anuncios insulsos que cortan súbitamente el interesante programa que estás escuchando.

Pero la que de verdad le dio calidad artística a la publicidad fue la televisión. Empezaron los americanos, como siempre, con auténticas creaciones. Era espectacular, cada año, la aparición de la nueva campaña de esa firma de refresco adictivo que aquí hemos llamado siempre zarzaparrilla. Y los españoles, con nuestro cava, también alardeamos de creatividad y de expectación los fines de año. La publicidad de grandes marcas acudió a Hollywood en busca de directores para que realizaran, con destino a la tele, auténticas películas de 30 segundos.

Como a todo hijo de vecino (supongo), a mí me gusta la publicidad creativa, artística, que envuelve el mensaje en sutiles encuadres, que colma de belleza y de estética cada secuencia, que introduce el elemento sorpresa y que te deja una reconfortante impresión cuando ves el spot por primera vez. En más de una ocasión he sentido la necesidad de comentar elogiosamente tal anuncio (aunque me he reprimido), por más que, en algunos casos, de tan buenos que son los spots se le olvida a uno qué es lo que anuncian.

Pero… ¿por qué odio la publicidad si tanto me gusta? ¡Qué clase de contradicción es esa!

La respuesta es sencilla. Si te gusta el caviar y te lo hacen comer varias veces al día, terminarás hasta los huevos, digo las huevas, perdón. Y eso es lo que ocurre con la publicidad televisiva. Muy bien hecha, muy creativa, muy original, pero… te la repiten tantas y tantas veces al dia que acabas maldiciéndola y yéndote a otro canal, donde, no lo dudes, está esperándote agazapada la misma tanda de anuncios de un eterno cuarto de hora duración.

Y ahora viene la guinda. Como quiera que los creativos ya no saben qué hacer para retenerte delante de la tele, para que no huyas, para que te tragues el mensaje, van y se inventan la porquería más repelente, creyendo que ahí radica el verdadero ingenio creador. Y te ponen a un tío echándote la pota en el salón de tu casa. A ver quién se traga eso…

Una respuesta to “El dios publicitario llueve sobre nosotros”

  1. Raul dice:

    El anuncio de la vomitona es un escándalo, que desagradable!! EStoy de acuerdo contigo, Rafa. Además, me resulta curioso que los mejores spots publicitarios de televisión se ven en los programas de Canal + sobre estos asuntos o en youtube, nunca en la television española convencional, donde detecto, desde mi profano punto de vista, un poco-bastante de mediocridad.

    Por cierto, bonita foto la que ilustra este post.

    Un abrazo.

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