Dime cómo tienes la bandeja de entrada de tus correos electrónicos y te diré como eres. Los usos de las nuevas tecnologías retratan psicológicamente al personal. Entre el correo basura y el que te importa un carajo, la bandeja se atiborra cada día y, por más que quieres limpiar, lo que ocurre es que crece y crece… y así nunca tendrás tiempo de leer, descartar y borrar.
Los españoles, según fuentes fidedignas, reciben 23 millones de e-mails cada día. El promedio es de 23 por usuario. En esa cifra se incluye todo tipo de mensajes: los sucios, los inútiles, los innecesarios, los indescifrables, los amorosos, los pornos y hasta los de trabajo.
Como quiera que el género epistolar (tan literario, tan humano) dejó de funcionar con el advenimiento de la tecnología de la comunicación, quedando reducido a los extractos bancarios y a las ofertas comerciales, que son las únicas cartas que encuentras en tu buzón, el correo electrónico ha asumido todo el protagonismo de la correspondencia. Pasa como con el móvil, que lo usas hasta para decir que estás llegando a la puerta. Y, claro, la bandejita se colma y corre el peligro de que un día pueda desbordarse.
Un profesor de sistemas, Enrique Dans, al explicar el fenómeno social de los correos electrónicos, clasifica a sus usuarios. Unos son tipos, o tipas, cuidadosos que lo analizan y lo guardan casi todo. Otros son selectivos y, tal vez por escarmiento de un día de saturación que pudo costarles un disgusto, sólo guardan lo importante. Por su parte, los sentimentales no borran nada que pueda emocionarles. Están los llamados “diógenes”, que esos lo conservan todo, servible o inservible. Y luego están los gloriosos “vivalavirgen”, unos seres anárquicos que no guardan nada de nada porque, al final, les importa todo un comino.
Nadie debe pensar de entre los lectores de este blog que yo sepa mucho de estos menesteres y que por eso hablo con tanta propiedad y conocimiento. De eso nada. Lo aprendo leyendo la prensa. Recomiendo la lectura de un excelente y documentado artículo de Cristina Castro en “El Pais” de ayer, dia 31, titulado “Y el síndrome de Diógenes llegó al ordenador”. Ahí se analizan comportamientos de usuarios y se aportan datos muy interesantes sobre los correos electrónicos, que son la herramienta más usada de Internet. Y de ahí parten mis reflexiones.
Ocurre que los hábitos adquiridos marcan mucho la vida activa de los adultos. Aquellas cartas entrañables que guardábamos, aquellos documentos que se ponían amarillos en las cómodas de los libros, pero que a veces rescatábamos de las sombras para vivirlos de nuevo… Gran parte de nuestros recuerdos estaban impresos en papel o impresionados en fotos. Ahora, o los guardas en “carpetas” o los dejas en la bandeja de entrada de los correos. No hay otra.
Toda tu vida, poco a poco, se va volcando en tu ordenata y al final tú eres tu ordenata.