Vuelva usted Mañana

El año en que perdimos la inocencia

Este año que termina pasará a nuestra historia personal como el tiempo aquel en el que perdimos el poquito de inocencia política que todavía nos quedaba a los españoles. El año en que descubrimos que los gobiernos elegidos democrática, y al parecer inútilmente, no tienen capacidad de decisión sobre la economía de sus propios países, porque se lo impide la existencia de una fuerza omnipotente llamada mercados, integrada por millares o millones de seres anónimos pero controlada por especuladores puros y duros. Y son éstos quienes mandan de verdad en el mundo y quienes dictan las normas. Hasta este año, yo al menos, fui incapaz de imaginar que, por imposición de los señores del dinero, los gobiernos de Europa se pondrían de rodillas aplicando una economía de guerra a trabajadores y pensionistas, rebajando sueldos, suprimiendo logros sociales alcanzados tras muchos años y haciendo tambalear el edificio del bienestar que, de tanto paro, se nos viene abajo sin remedio.

Las palabras de los políticos, lejos de tranquilizarnos, nos hacen recordar aquel axioma del pesimismo que reza así: “Nunca están las cosas tan mal como que no puedan ponerse peor”.

Este es el año en que la política ha sido totalmente derrotada por la economía. Siempre creímos que existían políticas progresistas o conservadoras y que la ideología impregnaba la gestión económica y financiera en un estado de derecho, y que una simple ojeada callejera bastaba para saber si una ciudad, una capital, era gobernada por la izquierda o por la derecha. A partir de estos años eso se ha acabado. De pronto, una larga trayectoria de mejoras sociales se rompe estrepitosamente y da paso a una política restrictiva de recortes y privaciones laborales. Hay que apretarse el cinturón, pero no todos. Tal es la enseñanza de este 2010 que, además, no cierra ningún ciclo desgraciado porque la amenaza del Apocalipsis sigue pendiendo sobre nuestras cabezas. Al menos hasta que los lideres mundiales echen del templo a los desaprensivos mercaderes y consigan, solidariamente, la autofinanciación.

Por lo demás, este ha sido año de noticias malas y noticias peores. “No news, good news” es una máxima del periodismo anglosajón. Si no pasa nada es buena señal. Pero han pasado cosas. Cosas graves, como el terremoto de Haiti (el país más pobre del mundo) que mató a cien mil personas, o como los tres grandes sucesos que jamás olvidará Chile: el “milagro” del salvamento de 33 mineros, que tuvo en vilo al mundo en medio de un sentimiento generalizado de fe y esperanza; el terremoto que se llevó por delante a centenares de personas y el incendio en una cárcel masificada que causó 81 víctimas mortales. Alguna noticia fue gratificante para los enfervorizados amantes de las nuevas tecnologías: la aparición, ideada por el luminoso Steve Jobs (alma mater de mi querida Apple), de la tableta iPad, artilugio llamado a grandes proezas como la de servir de soporte bibliográfico. (Por cierto, mi último libro, “De Gutënberg a Obama”, editado en formato eBook, es ideal para el iPad. Lo digo por si hay interés…) Y muchas más noticias fueron portada en 2010, tales como el escandalazo del portal Wikileaks, que descubre los secretos de estado de EE. UU. o sea, las porquerías de sus cloacas. Prestigiosos diarios se han sumado a la publicación de las revelaciones que sitúan al país americano en una dudosa posición de credibilidad mundial. Mala la noticia del Desfile del Amor (Love Parade) que mató en Duisburgo a 19 jóvenes, dos españolas entre ellos. Dramática la represión, todavía impune, de soldados israelíes, que abortaron la llegada a Gaza de la humanitariaFlota de la Libertad”, matando a 16 cooperantes y provocando 30 heridos. En nuestros lares, una noticia que sigue irritándonos fue el chantaje de los controladores aéreos que colapsaron el país, fastidiaron nuestra raquítica economía, amargaron nuestras vacaciones y, encima, nos insultaron en sus blogs. Si esto fuera Europa, o América, en lugar de España, estos tipos ya habrían pagado caro por su delito. Pero no. Estado de alarma (estado de susto) y a negociar otra vez. Y noticia, igualmente, nuestra huelga semi general, que tiene visos de repetirse. Menos sorprendente, la supresión de la fiesta de los toros en Cataluña, la hipócrita actitud española en el tema de los saharauis y el no rotundo a ley Sinde. Pésima noticia, la nueva sospecha de doping en pretendidos héroes de nuestro deporte.

Pero, pese a todo, de 2010 siempre nos quedará Iniesta, el único líder genuino que nos ha elevado a la cima mundial. Los otros lo único que hacen es hundirnos cada día un poco más.


(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 26 diciembre 2010)

Una respuesta to “El año en que perdimos la inocencia”

  1. Belén dice:

    Feliz Navidad!!
    El artículo de hoy me ha parecido fantástico de principio a fin. Me parece una síntesis sublime del año y del momento histórico q nos está tocando vivir.
    Enhorabuena y gracias.

    Un saludo
    Belén Tineo

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