Vuelva usted Mañana

El abogado que vendió su deportivo

Debes tratar a todas las personas con las que tienes contacto como si fueran las personas más importantes del mundo. Tienes que ser consciente de la brevedad de la vida, no vivir como si fuéramos eternos, posponiéndolo todo. Tu pensamiento crea tu realidad. Por ejemplo: la tasa de paro es altísima y, ante ese obstáculo vital, tenemos dos opciones: una, posicionarnos como víctimas centrándonos en todo lo negativo, o dos, concentrar nuestra atención en las oportunidades. No es que no nos atrevamos porque las cosas sean difíciles; es porque no nos atrevamos por lo que las cosas son difíciles. Este último pensamiento es de Séneca. Los anteriores son de Robin Sharma, nuevo gurú de las auto ayudas, un converso a la meditación tras triunfar en la burocracia de los negocios.
Sigo con algunos de sus hallazgos, transcritos en la magnífica entrevista que le hace Ima Sanchís en “La Vanguardia”, uno de mis dos diarios preferidos: Cada día tus capacidades deben crecer y ser expresadas. Hay que leer, formarse y afrontar los temores en lugar de eludirlos. Cuando haces cosas que te dan miedo creces. Has de rodearte de gente interesante y escribir a diario para observarte a tí mismo. Conviene darle sentido de misión al trabajo que haces, de manera que ayudes a la gente creando energía. Haz ejercicios físicos, aprovecha tu tiempo porque tus días son tu vida en miniatura. Sé hoy más positivo, más valiente, más apasionado, más afectuoso; tus horas se llenarán y construirán tu vida. No tienes que ser el mejor, tienes que mejorarte a ti mismo. Lo que ahora te parece importantísimo, al final resultará nimio. Lo aparentemente insignificante es en realidad lo que debió importarnos. En esto, y en algún concepto más sobre la felicidad, Robin Sharma, biólogo y master en Derecho, coincide con José Antonio Marina, el filósofo español experto en dirigir nuestra mirada hacia la belleza y la grandiosidad de lo pequeño.
Asegura Sharma que enterramos nuestra creatividad bajo el temor, el estrés y las creencias que nos dicen “no brilles, no sobresalgas”. Demasiada gente hace reproches, pone excusas y se queja, en lugar de asumir su responsabilidad y hacer su parte para que todo funcione mejor.
Las recetas de Robin Sharma casan bien con el conocimiento de la inteligencia emocional y con los descubrimientos acerca del crecimiento continuo de las neuronas. Comparto la opinión: quien sea capaz de impregnarse de emociones y sentimientos sin atragantarse de egoísmo mejorará su calidad de vida. Si acaso, echo de menos en las teorías de Sharma (desarrolladas al más puro y genuino estilo yanqui) algún método que proporcione ayuda a los millones de seres desgraciados que antes que una vida feliz persiguen sin suerte una vida con dignidad, sólo eso. Los libros de este autor (“Éxito”, “Una inspiración para cada día” y otros ocho superventas) están escritos para capitanes de empresa, jefes, líderes de grupos, aunque es meritorio su valor aplicado al cada día de la gente corriente. Sólo por el hecho de que nos induce a pensar, a leer, a rodearnos de buena gente y de energía positiva y a irradiarla, ya resulta interesante la propuesta de Robin Sharma. Parece que este hombre se hartó de vivir triste y sin valores y súbitamente pasó de excesos, buenos coches, confortable despacho y mucho dinero, a la revitalización y al sosiego de su espíritu. O al menos eso es lo que nos vende su biografía. Descubrió aún joven que la mayoría de la gente se resigna a la mediocridad y vive vidas ajenas. Su primer libro –“El monje que vendió su Ferrari”- se lo tuvo que editar su madre y fue su padre quien ayudó a venderlo en pequeñas reuniones. A su primer seminario asistieron veintitrés personas, de ellas veintidós familiares. Me recuerda las historias ejemplares del hombre hecho a sí mismo, propias del cine americano. Aquellos niños (grandes hombres después) vendiendo periódicos en los trenes. Robin Sharma dejó de ser abogado de éxito para convertirse en gurú de éxito. Supongo que ganará más dinero con sus best sellers que con su jugoso trabajo ejerciendo el Derecho durante seis años. Pero eso sería otra historia. Me quedo con gran parte de lo que nos dice en sus libros, con los pensamientos que recuperó de los clásicos, a los que siempre, indefectiblemente, volvemos. A la postre, todo es viejo bajo el sol, aunque a veces tardemos siglos en distinguirlo y apreciarlo. A ver si aprendemos a partir de este incierto 2010.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 3 enero 2010)

2 comentarios to “El abogado que vendió su deportivo”

  1. Belén dice:

    Enhorabuena, se agradecen artículos como este para empezar el año, como siempre, me ha encantado.

  2. El Desheredado dice:

    Qué bueno sería que todos pensaramos así. Poder dejar las cosas tangibles, tan supuestamente necesarias para nuestra existencia y dedicarnos un poco más a limar las asperezas de nuestra alma.
    A mi entender, siempre limitado, y mirando bien la foto, se puede aplicar esa frase de “ni tanto, ni tan calvo”, o sea, ni un Ferrari, ni la cabeza afeitada.
    Creo que la vida es una mezcla de espiritualidad y de materialismo necesario e impuesto por una sociedad que nos marca como las reses, desde que nacemos.
    La palabra “gurú”, como la palabra cura, sacerdote, fraile, monje, Papa, me dan miedo porque tras ellos se esconde el término “imposición” a corto o largo plazo; y de eso ya estamos muy desbordados en este mundo cada día más “espiritualizado” vía cheque.
    Por desgracia la historia es muy bonita, pero por más buenas ideas que tenga un españolito medio no podrá ser Gurú hasta los 65 años…que es más o menos el día que uno termina de pagar la hipoteca.

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