El Periodismo tiene sus categorías y sus clases, como los aviones, los barcos, los trenes. En primer lugar está el periodismo “first class“, que es el de lujo, el que se puede practicar en los grandes periódicos, las grandes revistas, las grandes cadenas de radio, las grandes televisiones, en los que para elaborar una información, un reportaje, cualquier trabajo, interviene un amplio equipo de reporteros, se dispone de tiempo suficiente para recabar y contrastar datos y se cuenta con los medios y los equipos adecuados para que todo quede a gran altura. Tienen repercusión nacional e internacional merced al prestigio de sus cabeceras, de sus nombres, incluso más allá de la autenticidad de sus exclusivas. No obstante, en alguna ocasión meten la pata hasta el muslo, como todo bicho viviente, y se les ve el plumerillo, pero su fuerza de recuperación es enorme. No les hace falta ni siquiera rectificar. Siguen adelante. Y punto.
Luego está el periodismo que podría llamarse de nivel medio, entre clase “turista” y “primera”, que se mueve con holgura suficiente como para sobrevivir en un mercado muy delimitado. Es el que se practica, fundamentalmente, en la periferia, principalmente en periódicos de gran tradición e historia. Hubo un tiempo en que éstos eran auténticos diarios referenciales que representaban socialmente el alma y el corazón de las capitales de provincia y de importantes ciudades: la famosa y ya periclitada prensa de provincias, sobre la que pivotaba la vida social, cultural y económica de la ciudadanía. Hasta que, literalmente absorbidos por los grandes grupos, mantuvieron su cabecera, quizá su marchamo de siempre, pero terminaron perdiendo su esencia real para convertirse en eslabones de producción de una cadena con intereses remotos. Es un periodismo exento de grandes medios, pero no incómodo de practicar. Y tiene cierto reconocimiento social.
Y luego está el periodismo que yo calificaría como el de la modesta clase turista, esa clase de los asientos apretados, que no tiene derecho ni a un poco de agua. A este periodismo, que es el más heroico y meritorio de todos, pertenecen los periódicos estrictamente locales, de pequeñas localidades, de los que ya apenas quedan algunos, pero, sobre todo, a esa clase de periodismo pertenecen las televisiones locales, las televisiones de pueblo, esas empresas admirables cuyos periodistas tienen que partirse el alma cada día para dar una información y una programación decentes.
En las televisiones de pueblo se hace un trabajo realmente admirable, anónimo, en infinidad de ocasiones bajo mínimos, y siempre padeciendo la tensión de las prisas, las escaseces y la incomprensión general. Sin los lujos ni los equipamientos de las capitales, el periodismo de las teles locales tiene que luchar, cada dia, no solo con las desventajas de una competencia imposible, sino hasta con las odiosas comparaciones que siempre hay quien hace despectivamente.
Conozco a compañeros de teles locales, periodistas y técnicos, que tienen tanta o más preparación que los colegas que disfrutan de status de privilegio en las grandes cadenas. Los he visto salir airosos en situaciones emergentes y hacer “milagros” cuando todo parecía hundirse. Y sé de su cualificación. Y son tan profesionales que ni siquiera les preocupa el hecho de no gozar del reconocimiento absoluto.
Digo todo esto con rotundidad y con conocimiento de causa por experiencia propia de periodismo ejercitado en las tres categorías. La única diferencia entre el periodismo de lujo, el de provincias y el de pueblo está en los medios de que se dispone. No hay más diferencias. La calidad profesional y humana no tiene clase específica. Se puede encontrar por igual en Madrid, en Málaga o en Estepona.
Gracias por su artículo. Por usted tengo un motivo para estar un buen rato frente a la pantalla del ordenador.
Es una pena el periodismo (si es que puede llamarse así)que hace ya bastante tiempo se hace en la tele. Se echan en falta programas que tengan algo qué decir y algo sobre todo, que sea nuevo. Menos basura y más cultura, que así nos luce el pelo.
Me hace muy feliz proporcionarte un motivo de lectura en la pantalla del ordendor. Te tuteo porque es la costumbre entre compañeros y te considero compañera. Si me lo permites…
Gracias por leerme. Un saludo cordial.
Rafael DE LOMA