No hay nada nuevo, estrictamente hablando. Desde su aparición social como vehículo de expresión ciudadana para controlar los excesos del poder establecido, la Prensa como institución independiente ha sido cíclicamente vituperada, perseguida, prohibida, maltratada. En España duelen aún las heridas producidas por el régimen anterior contra la integridad periodística, contra el derecho a informar, no digamos ya a opinar libremente. Encarcelamientos de periodistas, cierres de periódicos, multas desproporcionadas, son experiencias nefastas que yo mismo viví muy de cerca en tiempos anteriores y posteriores a la desaparición del dictador.
Ahora, al cabo de las décadas, se otea en el horizonte otra guerra sorda contra los periodistas, no una guerra cruenta como las de antes, pero sí un hostigamiento que pretende la docilidad. Es lo que se huele, con independencia de situaciones económicas críticas.
Los periodistas, que encarnan a la Prensa buena, han sufrido y sufren en el mundo la ira de los sistemas totalitarios que no dejan de amordazarlos. Hay una lista negra de víctimas mortales que sigue creciendo en pleno siglo XXI sin que las grandes democracias se rasguen las vestiduras. En 2011, cuando cubrían su labor informativa, fueron asesinados 43 periodistas. Otros 35 desaparecieron sin que hayan sido aclaradas las razones. Pakistán es, actualmente, el país más peligroso para el libre ejercicio del periodismo. México le sigue en este ranking de horror. Y luego están Libia, Irak, Brasil, Perú, Colombia, Guatemala, Venezuela…
Pero, más allá de los intereses criminales de sistemas dictatoriales y de mafias organizadas (a las que sacan de quicio ver publicadas sus salvajadas), parece existir, en ámbitos supuestamente democráticos, un empeño obsesivo en desprestigiar, desacreditar y derribar a la profesión periodística.
Son gente a la que le viene muy bien la crisis que se cierne sobre el mal llamado cuarto poder. La revolución tecnológica y la eclosión de Internet han abaratado costos y han mermado plantillas. La crisis económica global hace el resto. Resulta mucho más fácil, cómodo y rentable usar las redes sociales para la intoxicación y la defensa de los intereses bastardos que soltar pasta en publicidad o en acciones o en gente infiltrada.
Los periodistas buenos resultan molestos. Determinados políticos, banqueros, financieros prefieren a los periodistas de cámara, y si éstos tienen nombres sonoros mucho mejor.
Los despidos masivos de periodistas, desgraciadamente el pan nuestro de cada día, los cierres de publicaciones –algunas digitales-, ofrecen un generalizado panorama desolador que también afecta a la moral de los jóvenes decididos a embarcarse en esta maravillosa profesión.
Hoy día una de las pocas opciones que tiene el pueblo para protestar, para criticar, para abatir falsos ídolos, es la Prensa –escrita, audiovisual, digital-, la Prensa buena, la de los periodistas buenos, porque la protesta callejera –el famoso 15M- y la acción sindical, dormitando, no parecen haber obstaculizado mucho el devenir de esta catástrofe económica y social. Dos victorias absolutas de los opuestos a los “indignados” no han mejorado la situación sino, al contrario, parece que la han empeorado. Así es que la crítica seria de la Prensa buena contra el poder omnímodo de los mercados, los especuladores, los gobiernos de fríos economistas, es de las pocas vías de escape que nos van quedando. Deberíamos aferrarnos a esta opción, dar un margen mayor de confianza a los medios de comunicación honestos, alentarlos en su cruzada contra la nueva forma de dictadura en que se ha convertido este odioso sistema. Los políticos honrados y alejados de la manipulación de los tiburones también deberían colaborar activamente con la Resistencia de los periodistas buenos.
Que no desesperen quienes perdieron sus puestos de redacción, quienes están prestos a ejercer, quienes estudian la carrera. El Periodismo bueno acabará con la crisis señalando a los verdaderos culpables y apartándolos del poder. La marionetas en manos del dinero, que prometen para no cumplir, que pisan a los débiles y que en vez de gobernar liquidan, no podrán nunca con la Prensa buena, escrita o etérea. Habrá que sustituir algún día esta democracia viciada, agotada, por otra más real, más humana y justa, con personas que crean en las personas y no sólo en el dinero.
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(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga“, 8 de enero 2012)
Ni más ni menos. Lo leeré esta semana de despedida de mi curso en la Facultad. Salud y que los dioses nos ayuden.
Gracias por creer, y también fomentar, periodismo del bueno. Un placer leer esta opinión.