Este post en realidad es un poco tocho, lo aviso, pero para los amantes del periodismo quizá tenga algún interés. Mi reciente artículo en “La Opinión” “Cuando leer es también llorar” sobre la lluvia de malas noticias que convierten la lectura en llanto, ha suscitado unas cuestiones ciertamente interesantes por parte de un periodista al que, amistad aparte, tengo en alta estima profesional por lo extraordinariamente bien que hace su trabajo. José Ramón Mendaza, subdirector del diario “La Opinión de Málaga”, me dice en un eMail: “Acabo de leer tu artículo y estoy completamente de acuerdo contigo, pero te hago algunas preguntas:…”
Para empezar, amigo Moncho, agradezco que me hagas preguntas como si yo fuera capaz de contestarlas con autoridad, cuando lo cierto es que sólo puedo presumir de experiencia y tú sabes muy bien que la experiencia es el faro que alumbra el camino recorrido pero que deja en tinieblas el camino que hay que recorrer. He aqui las preguntas de mi querido subdire con quien tuve la suerte de compartir otra redacción en tiempos pretéritos.
Pregunta de J. R. Mendaza.-
–¿Por qué los periodistas creemos que solo las malas noticias son noticia y no damos la importancia debida a las buenas, cuando también es sabido que la gente adora las buenas noticias?
Respuesta.-
–No puedo negar que alguna gente adore las buenas noticias. Lo que cuestiono es que éstas se produzcan con frecuencia y despierten interés general. Normalmente, la felicidad se pretende para uno mismo, casi nunca para los demás. No suele hacer feliz a la gente que otra gente sea feliz. Por el contrario, las desgracias –las “malas noticias”- siempre producen morbo informativo. Dolor y sufrimiento, individual o colectivo (preferible individual), superan en expectación a alegría y bienestar. Eso es lo que me dice la experiencia, pero que conste que siempre me ha encantado dar buenas noticias. Recuerdo una: la creación de la Universidad de Málaga…, pero no recuerdo muchas más. Una frase muy periodística como bien sabes, es que sólo cuando no hay noticias son buenas noticias.
Pregunta de J. R. M.-
–¿Por qué depositas tus esperanzas sólo en los estudiantes? Me entristece pensar que quienes aún resistimos en el papel estamos irremediablemente condenados a vivir al borde del abismo.
Respuesta.-
–No deposito exclusivamente en los estudiantes mi confianza en el futuro inmediato de la Prensa. Tu queja está justificada por mi torpe explicación. No sólo reconozco y valoro el difícil e incomprendido rol que os ha tocado asumir a quienes, elaborando un producto informativo de calidad, dais cada dia lo mejor de vosotros mismos al frente de la prensa escrita. No solo valoro ese esfuerzo de dignidad y orgullo periodísticos, sino que estoy convencido de que, a pesar de las dificultades o precisamente por ellas, estais (en los mejores años de vuestras vidas) luchando por algo que (debeis reconocerlo) os hace feliz. Si la Resistencia a esta guerra absurda termina triunfando será, claramente, porque vosotros, los periodistas de verdad, los que desertais del estrellato, los que preferís trabajar anónimamente y no como pavos reales, manteneis viva la llama. Por otro lado, lo que yo llamo mi “cruzada” personal a favor de las nuevas vocaciones, alentándolas a vencer los obstáculos, las maledicencias, los malos augurios, se basa precisamente en seguir vuestro ejemplo. Vivir al borde del abismo, como tú dices, es, por otra parte, algo consustancial con el ejercicio de esta profesión, algo que deben saber los jóvenes que sienten hervir la tinta en sus venas. La mayor parte de mi vida profesional transcurrió felizmente (y no sin sobresaltos) en la prensa de papel. En esas vivencias baso mis charlas a los estudiantes para que superen la adversidad y sean periodistas si es que de verdad quieren serlo.
Pregunta de J. R. M.-
–¿A qué nuevos contenidos te refieres? Me interesa saberlo, sé que hacen falta cambios.
Respuesta.-
–Qué mejor que las primicias y las exclusivas para acreditar a un periódico y hacerlo líder de ventas. Sería una respuesta fácil, pero esa no es mi respuesta. Cada vez que se pueda, claro que sí, hay que sacar un “scoop”. Hay dos clases de periódicos: los que tienen acreditada su cabecera y viven del prestigio, y los que tienen que acreditarse cada dia y recurren a titulares sensacionalistas o, como mínimo, llamativos. No sé, en realidad, si son nuevos o son clásicos los contenidos que, creo, hacen falta en la prensa escrita. Todos estamos de acuerdo en que, en la era de las prisas y las velocidades infernales, las noticias se queman en cuestión de segundos, Por lo tanto, la prensa escrita que aparece por las mañanas no puede ser un calco de lo que los soportes digitales y audiovisuales han dicho quince ó veinte horas antes. Habrá que dar las noticias, aunque éstas hayan perdido ya su principal factor de sorpresa, aunque sean simplemente informaciones ya conocidas. Pero supongo que habrá que interpretarlas serenamente, comentarlas, tratarlas más profundamente, atraer la atención de los lectores con aportaciones nuevas, con opiniones y datos nuevos, con nuevas revelaciones. Es decir, trabajar la noticia ya trillada hasta convertirla en noticia nueva; completarla en todas sus facetas. Sin embargo, mi propuesta, al decir que hay que remozar los contenidos, la baso fundamentalmente en la necesidad de volver a un periodismo auténtico que se ha ido olvidando pero que siempre estableció las diferencias desde que alcanzó el reconocimiento popular en el siglo XIX. Me refiero al reporterismo. Nada como una buena historia para que el lector se entusiasme leyéndola. Nada como un buen reportaje. Nada como extraer de la calle la actualidad y el interés humano –el famoso I. H., despreciado en la era cibernética-. A mi juicio, deberíamos volver al reportaje, a la crónica, al periodismo bien escrito, bien narrado, bien titulado, pleno de interés. En el reporterismo entra todo; la noticia, la crónica, el comentario, la entrevista, alrededor siempre de la persona. Suelo decir, y lo digo desde que lo aprendí siendo niño, que el axioma más determinante de la Prensa es que a la gente le interesa la gente. Y en la actualidad me temo mucho que, en la tabla de valores informativos, se antepone con demasiada frecuencia el interés por las cosas al interés por las personas.
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Como veis, me he defendido como he podido ante la perspicacia de un profesional tan competente como José Ramón Mendaza, mi querido Moncho. Reconozco que ha sido un placer dialogar con él, de periodista a periodista.