El Blog de Rafael DE LOMA

De cómo prosperó el invento del turismo

La Semana Santa, que hoy comienza -esperemos que con buen tiempo-, marca el arranque de la temporada turística que, llegado el verano, alcanzará su cota máxima anual. No solo la capital se puebla de visitantes atraídos por el esplendor procesional. También los pueblos costeros y no pocos del interior reciben los efluvios generosos de la industria del ocio. Esa es la riqueza que trajo el turismo, aquel invento al que tanto debemos. Pero quiero refrescar un poco la memoria para que valoremos haber llegado a una época de bienestar como la que disfrutamos (crisis mundial, y deseemos que coyuntural, aparte) y para que no olvidemos que hay que permanecer vigilantes y no permitir abusos.

Desde que echó a andar la Costa del Sol, los estropicios, las especulaciones, la masificación, el ataque frontal al paisaje y al medio ambiente fueron, durante demasiado tiempo, la tónica habitual en un sector no regularizado del que sólo se exigía que proporcionara divisas al coste que fuera. Sin embargo, de las dos partes involucradas en aquella política incongruente, en aquel desarrollo anárquico –el Estado y el sector privado– creo que fue éste último el que cargó con la responsabilidad de tirar del carro sin apenas reconocimiento, sin ningún tipo de ayuda oficial al principio. El éxito actual de nuestra Costa se debe, en gran medida, al esfuerzo de grandes profesionales y promotores y al de los trabajadores, desplegado desde los primeros tiempos. A pesar de las autoridades, a pesar de los políticos, el turismo fue imponiéndose de abajo hacia arriba hasta llegar a constituir una actividad principal en todo el litoral malagueño.

Habrían de transcurrir años hasta que el régimen franquista percibiera la necesidad de ordenar mínimamente, de equipar y de promocionar el turismo. España era, en efecto, diferente, pero no en el sentido oficial y lúdico que se daba al slogan, sino en la realidad misma del país, en su incongruencia, en la tozudez de no reconocer que el turismo estaba abriéndonos al mundo y proporcionándonos medios para atender a otras necesidades, en la absurda inclusión administrativa del sector en el mismo departamento ministerial que tenía como misión controlar y amordazar a los medios de comunicación. España era diferente, sí, diferente al resto de Europa, diferente al resto de países que gozaban de libertad, pero esa es otra historia.

Pudo haberse puesto al principio un poco de orden en el desorbitado y anárquico crecimiento urbanístico de los municipios costasoleños, aquellas horribles colmenas humanas, aquellas torres de cemento que escondían el tesoro más preciado que era la visión del paisaje mediterráneo -¡qué espanto!-, tantas cosas buenas pudieron hacerse pero qué pocas se hicieron.

Todo se improvisaba con la rapidez que requería la necesidad de atesorar divisas. Y si alguna voz disonante osaba la más mínima crítica periodística –como nos ocurrió alguna vez en “Sol de España”- en seguida se desataban las iras oficiales y los demonios de la conspiración judeo masónica.

Con la llegada y desarrollo de la Democracia, y merced al esfuerzo e imaginación de todos, se terminó de consolidar el destino Costa del Sol. Hoy, afortunadamente, los vientos soplan favorables, porque la gran estructura está hecha y, además, está bien hecha. Fluctúan las temporadas, pero la industria sigue adelante pujante y apenas sin fiebre crítica.

Debemos celebrarlo, pero sin olvidar que esta industria es excesivamente sensible a los volcanes sociales y económicos. El turismo, inductor de casi toda la economía de la zona, ha proporcionado los recursos necesarios para acometer las trascendentales obras de modernización y de equipamientos que nos han puesto en el mapa de la modernidad.

El gran milagro del turismo es haber sustituido las invasiones hostiles de territorios que implicaban métodos bélicos con fines de expolio y de destrucción, por pacíficos encuentros e intercambios entre razas, culturas y civilizaciones, generando, además, una industria potente que avanza imparable por todo el mundo.

Basándome en el axioma de que conocer es querer, no encuentro fórmula mejor para conseguir la unión de los pueblos que la de la potenciación del turismo, el invento más inteligente de la especie humana.

  (Artículo publicado en el diario  “La Opinión de Málaga”, domingo, día 5 de abril 2009)

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