En materia burocrática y de gestión no ha avanzado mucho este país en los últimos doscientos años. Incluso yo diría que ahora somos algo más obtusos en determinadas actuaciones. No voy a estar todo el tiempo refiriéndome a quien, conociendo a España como nadie porque le dolía más que a nadie, la pintó tal cual era por entonces… y tal y como sigue siendo ahora. Larra dictaminó con su pluma una enfermedad social, a escala nacional, que hasta hoy no ha encontrado cura: la pereza, la desidia, el desinterés generalizado; el “vuelva usted mañana”.
Leo una noticia que me hace sonreír porque reúne en sí misma todos los vicios denunciados por Larra. El titular de periódico, muy prometedor, dice así: “El Ayuntamiento de Málaga simplifica el proceso para abrir un nuevo negocio”. Qué bien, pienso. Pero leo el contenido y me encuentro con que, para empezar, no es que el Ayuntamiento haya puesto en marcha un plan simplificador, sino que “está impulsando su tramitación…” Continúo la lectura y quedo maravillado de la agilidad y la rapidez municipal: Cuando se apruebe la ordenanza (no se dice cuándo) el Consistorio culminará (así lo cuenta la noticia) un proceso de simplificación administrativa para la apertura de negocios que se inició…¡¡en 2007!!
Por supuesto, este procedimiento agilizado no es de carácter general, sino que contiene muchas exclusiones. Pero, bueno, en tiempos de crisis se agradece un esfuerzo titánico como este para que el papeleo y las trabas de las ventanillas no quiten las pocas ganas existentes de crear nuevas empresas.
Es para reír de escepticismo, pero es también para llorar. Somos España, sí, pero estamos en 2010 y si consideramos noticia que se den algunas facilidades públicas a la dinamización de la economía es que esto sigue siendo un desastre.
Cuando me movía en el periodismo de golf y asistía a los grandes torneos de los circuitos europeo y americano, resultaba para mi fascinante enterarme de cómo importantes empresarios anglosajones cerraban grandes negocios en diez minutos de conversación y cómo, veinticuatro horas después, se ultimaban los trámites oficiales, en cualquier país europeo o en los Estados Unidos, e irrumpían los bulldozers en los terrenos, aplanándolos para que la construcción de nuevos campos se iniciara de inmediato. Todo en un día. O dos. Mientras tanto, aquí, en nuestro país, algunos empresarios, europeos o nacionales se desesperaban después de aguardar inútilmente durante cuatro ó cinco años a que le dieran permisos oficiales. Alguna anécdota real tengo de un director general de Turismo, protagonista atónito ante un grupo de inversores europeos perplejos por la abulia española.
Otro factor añadido a las dificultades de potenciar la generación de riqueza económica en un país como el nuestro, tan católico, es la religión. Sí, la religión. En los países protestantes no existen las culpas íntimas que padecemos, arraigadas secularmente, los países católicos a la hora de tratar el dinero y los negocios. Así es que, entre actitudes de chupatintas vagos y prejuicios de curas viejos, asi nos va la película…
Todo esto empezó con la expulsión de los judíos, que eran los que sabían administrar. Así nos va. Un país que se dice desarrollado, pero con procedimientos del Tercer mundo…, una ruina.
Salud.