La cultura personal, dicen, es el poso que nos queda cuando todo lo demás se nos ha olvidado. Lo vemos muy claro en concursos televisivos como “Pasapalabra,” galería de indocumentados de distintas generaciones, que nos asombran por su supina ignorancia de lo más elemental, de aquello que se aprende en el colegio –que aprendimos nosotros, al parecer ellos no- y que jamás se nos olvida, como, por ejemplo, las tablas de sumar, restar y multiplicar, las reglas gramaticales, la ortografía, las fechas y citas claves, los nombres de grandes protagonistas de la historia, los autores célebres de nuestras primeras lecturas literarias. La lectura, como nos dice en su grandioso discurso de Premio Nobel el genial Mario Vargas Llosa -léanlo, por favor, que merece mucho la pena-, es clave en la vida de las personas sobre todo si se sustenta al comienzo del periplo vital. Enfrascarse en la buena ficción es vivir la vida dos veces, pero una de ellas, la de los libros, mucho más enriquecedora, formativa y estimulante, No es por presumir, pero los de mi quinta, y unas cuantas posteriores a la mía, sabríamos responder mucho mejor que la mayoría de los concursantes televisivos, excepto cuando las preguntas versan sobre el pop, el el rap y los ruidos estereofónicos más actuales. Ahí nos ganan. Y no siempre.
A muchos de nosotros nos pilló la pesadez de la enseñanza fascista: “…de Isabel a Fernando el espíritu impera, moriremos besando la sagrada bandera…”, lemas que tampoco hemos podido borrar del disco duro del cerebro. Durante once años consecutivos, de párvulos a adolescentes, nos obligaban a cantar el “Cara al Sol” todas la mañanas al izar la bandera en el colegio, en mi caso los agustinos de Ceuta. Como para olvidarlo. Pero, al menos, aquel sistema contaminado nos dotó de los conocimientos básicos inalterables en materias que no rozaban los ideales bastardos del régimen. La democracia exorcizó las loas imperialistas y puso en marcha un borrón y cuenta nueva. Pero lo malo es que cada gobierno elegido acaba con los planes educativos ideados por el anterior. Y el resultado es que, a estas alturas del Siglo XXI, varias décadas después de gozar de libertad absoluta para diseñar una educación universal que nos llevara a la cultura que nos correspondería por nuestra propia historia, por nuestro crecimiento económico, por el avance tecnológico, por nuestra posición en el panorama mundial, estamos a la cola de Occidente en materia tan delicada como es el conocimiento cultural de nuestros alumnos de quince años.
Eso es lo que dice el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCD (conocido por sus siglas en inglés como el informe PISA), que sitúa a España 12 puntos por debajo de la media de la OCDE. Y ello, a pesar de habernos recuperado de los veinte puntos que llevábamos de retraso en 2006. Ya dentro de España, los mejores resultados son para Madrid, Castilla y León y Cataluña, mientras los peores, cómo no, se los lleva Andalucía, acompañada de Baleares y Canarias.
Se aprecia claramente que los dos partidos mayoritarios son incapaces de ponerse de acuerdo porque ninguno cede ante el otro y ambos quieren ideologizar, a derecha e izquierda, la enseñanza básica. Y los dos defienden numantinamente sus irreductibles y politizadas ideas sobre la cultura general. Peor aún que en la dictadura, ¡parece mentira!
Aunque resulte raro, el país mejor clasificado en este ranking es Corea del Sur –estos dias veíamos a sus parlamentarios pegarse golpes y tirarse sillones a la cabeza-, cuyos estudiantes dedican diez horas diarias a formarse. Le sigue Finlandia, donde o se estudia o se trabaja o -ya saben- se combate el frío…
Dicho lo del analfabetismo que padecemos –entendiéndolo como medidor de un país desarrollado-, nuestros indicadores sociales apuntan, además, a otras dañinas perversiones, Por ejemplo, aumentan los borrachos en España, según datos de la Encuesta Domiciliaria 2009 sobre Consumo de Alcohol y otras Drogas. El 18,4 por ciento de la población encuestada se ha emborrachado “hasta 10 veces” durante el último año. Beben más los españoles que las españolas. Y se abusa los fines de semanas. Y la otra perla se refiere al consumo de cocaína. Hemos bajado unas décimas desde 2007, pero seguimos figurando en segundo lugar, tras el Reino Unido, en número de cocainómanos. No sé de dónde sale tanto dinero para el alcohol, vicio de clase media y de pobres. A la coca, en cambio, no le afecta la crisis. Tampoco a los arrogantes e inhumanos controladores –otra desgracia nacional-, gente despreciable a quienes muchos “pisuerguistas” justifican porque en política vale todo. Todo menos, por lo visto y oído, la educación y la cultura.
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(Artículo publicado en el diario “La Opinión de Málaga”, domingo, 12 diciembre 2010)
No se puede decir mejor, estamos a la deriva en educación criando a burros que ni siquiera saben comprender un texto escrito. Algo hay que hacer porque también la incultura se va apreciando cada vez más entre los políticos. Un abrazo
Aunque es cierto que no se puede entender el proceso de enseñanza-aprendizaje sin un efectivo sistema de evaluación, el informe PISA es más una arma arrojadiza política que un instrumento que ayude a la mejora del sistema educativo.
El ensalzamiento de países como Finlandia, que se lleva los primeros puestos del ranking, nos lleva a realizar una lectura muy simple: qué bien funciona el sistema educativo allí. Pero la Educación es otra historia, todo es mejorable, pero en España tenemos el mejor o de los mejores sistemas educativos del mundo.
El informe PISA se limita a un par de pruebas: una matemática y otra de lengua … y qué pasa con el resto, los valores, etc. Si realmente analizamos a Finlandia vemos que tiene un porcentaje mayor de violencia en las aulas, de violencia de género, de suicidios juveniles, … que España.
Otro ejemplo es Singapur, que obtiene muy buenas calificaciones y una buena posición en la clasificación y sin embargo es un país que no respeta los derechos humanos, ¿es un país EDUCADO?.
Quizá sumemos o leamos peor que el resto, pero estamos EDUCANDO PERSONAS, a TODAS las personas.
Cuando se trata de hablar de EDUCACiÓN todo el mundo cree saber, pero hasta en eso hay profesionales y no creo que sea justo tildar de ineficaces a aquellos y aquellas que cada día dan la cara frente a 30 chicos y chicas.
Estoy totalmente de acuerdo con la opinión expresada por Mario Armario.
En España el principal problema es que los que más hablan de educación son aquellos que menos saben del tema.