Vuelva usted Mañana

Cuando un empleo vale un riñón

De una manera súbita, y luego progresiva, que yo no logro entender –porque soy lego en economía-, veo y compruebo con horror que la crisis, iniciada hace dos años, no sólo no cesa sino que se extiende como una hidra corrosiva por todo el entramado de la sociedad. No consigo averiguar el porqué de esta catástrofe casi mundial; no puedo saber quiénes, en realidad, la ocasionaron y si los mismos de siempre –que me parece que sí- son los que siguen mandando, ganando dinero a espuertas y rigiendo el negro destino de millones de obreros y empleados del mundo, españoles incluídos, a los que han destrozado su vida cotidiana. Quiero que alguien me explique porqué vamos descubriendo, a medida que pasan los meses, que la situación es mucho mas grave de lo que se dijo y tiene cada vez más difícil solución.

Los gobiernos reducen los presupuestos, aligeran las nóminas oficiales, reducen las inversiones. Incluso los gobiernos de izquierda, como se suponía que era el nuestro, tiran por la borda los logros sociales alcanzados tras décadas de sacrificio y, para encauzar la crisis, en lugar de apretar el cinturón por la parte más rellena, estrujan la cintura de los más débiles, amenazando incluso un peor trato para las ya congeladas pensiones.

La impresión es deprimente. ¿Tanto mandan los que tienen el dinero y nos amenazan con no prestárnoslo si no le hacemos su juego financiero? Juego que, imagino, sigue siendo el mismo de antes de la crisis, porque, que yo sepa, aquellas entidades “criminalizadas” continúan rentando obscenos bonus supermillonarios a sus directivos. ¿O habría que hacer otra pregunta? ¿No decía Einstein que en los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento?

¿Dónde anda la imaginación? Seguramente extraviada entre los estériles enfrentamientos políticos, seguramente oculta entre el afán del poder por el poder, probablemente olvidada por no haber nadie entre los de arriba capaz de esgrimir arma tan poderosa contra la dejadez y la incompetencia…

Centenares de miles de parados no dejan de preguntarse cuándo tendrán un empleo. Uno de ellos, concretamente un malagueño, puso en venta a través de Internet un riñón para salir de su crisis particular. Pedía por él cincuenta o sesenta mil euros, pero han llegado a ofrecerle hasta cien mil. Como el caso no es legal, el hombre se ha replegado. ¿Qué se puede decir ante esto? Benditas las almas, anónimas y generosas, que donan desinteresadamente sus órganos para insuflar vida en otros seres. Benditos los familiares que dan su aprobación. Benditas y dichosas las personas que reciben el don preciado de un riñón, de un corazón, que le van a proporcionar amorosamente nuevas ilusiones de vivir. Y, descontado el horror de los traficantes del mal, que, sin escrúpulos, destrozan vidas incipientes en el tercer mundo, malhadada sea la ocasión en que una persona normal se ve obligada a mercadear con sus propias entrañas para lograr algo parecido a un puesto de trabajo. Pero, en fin, esto es un ejemplo último de la desesperación. Hay muchos más. Familias enteras sin uno solo de sus miembros con un puesto de trabajo, por ejemplo, que ese sí que es otro drama.

¿Cómo se aguanta esta situación? Seguramente porque, por fortuna, todavía hay casi veinte millones de españoles trabajando y sosteniendo el tinglado de las cotizaciones; quizá porque, dígase lo que se diga, hay mucha economía sumergida, en los estratos de abajo, y también porque nos ha pillado el tsunami de Wall Street con las alforjas llenas. Pero esas argumentaciones no les valen a quienes no pueden llevar el sustento a casa porque no encuentran donde trabajar.

¿Es que no hay nadie con capacidad para generar soluciones que no se basen únicamente en reducir, reducir y reducir? ¿Cómo no es posible crear un sistema bancario de microcréditos para pequeños emprendedores -que ya ideó en la India un personaje excepcional, Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz, y funciona divinamente-? ¿Por qué no se estimula y se subvenciona a los autónomos, a los jóvenes empresarios con ideas, a las mujeres imaginativas? El tejido económico más importante del país, el de la pequeña empresa, el de los autónomos, capaz de dinamizar la situación y generar empleo, resulta ser el más abandonado oficialmente. ¿Por qué?, ¿por qué los bancos, que tanto dinero ganan, no colaboran más en crear riqueza que en generar beneficios?

Las decisiones deben tomarla los políticos que mandan, o proponerlas los que quieren mandar. Pero no es el caso. Ellos están en otra historia: la de mantenerse o la de llegar al poder. No padecen el problema de las nóminas. Especialmente no lo “sufre” alguna que otra persona “volcada” en la política, a la que, por cierto, no deja de criticarse, con razón, por lo que se lleva a casa.

Supuesto que la imaginación es cero para los responsables de sacarnos del atolladero, seguro que hay otros ciudadanos con ideas, con proyectos, con ganas, pero que habitan fuera de los círculos políticos. Pueden estar en la Universidad, en la iniciativa privada, en las ciencias, en los lugares donde se cultiva la inteligencia, la imaginación y donde brotan ideas. ¿Por qué no acuden a ellos los políticos? Hablo de gente con imaginación, gente que necesitaríamos para que ayudaran a mejorar la situación económica. Pero, sobre todo, gente capaz de devolvernos las ilusiones y la auto estima, que las tenemos por los suelos.

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