Vuelva usted Mañana

Cuando torturar y matar animales es una fiesta popular

El hombre ha estado en la Luna, el mayor caudal de conocimientos de la humanidad está al alcance de un adolescente con solo teclear un ordenador, los científicos se acercan a prodigiosas vacunas contra males horribles hasta hace poco incurables; se han erradicado enfermedades que asolaron al mundo, la civilización alcanza cotas culturales y de desarrollo jamás soñadas ni por las mentes más imaginativas…, pero el virus de la maldad, de la violencia, de la perversidad, continúa anidado en el alma humana y no parece hallarse un remedio global para acabar con él.

Me ha salido un prólogo quizá excesivamente prolijo para lo que quiero criticar. No voy a hablar de las guerras que siguen prodigándose y matando a tanta gente inocente. Ni voy a referirme a los sátrapas que sojuzgan a países enteros y terminan huyendo luego de connivencias vergonzosas con los grandes líderes democráticos. No voy a hablar de tanta injusticia que tiene como origen el bacilo de la maldad humana. Es un tema menor, pero que me pone los pelos de punta. Es que estoy viendo en estos momentos, en la tele, las escenas de persecución, acoso y derribo de un toro en unas “fiestas populares con quinientos años de tradición”. El método para “cazar” al animal es la lanza. El toro es lanceado hasta que muere. Y el mozo que lo mata se convierte en el héroe del pueblo. Es una diversión colectiva con risas, aplausos y premios.

El pueblo se llama Tordesillas, en la provincia de Valladolid, y el “festejo” se celebra cada año el 12 de septiembre, pero los lugareños, que defienden con fervor su tradición, no permiten que las cámaras filmen la horrible muerte del toro, aunque siempre hay quien se cuela y graba a hurtadillas el “espectáculo”.

Mientras tanto, cada vez más, se levantan voces en contra de lo que infinidad de personas sensibles, organizaciones protectoras de animales y colectivos anti taurinos, consideran una auténtica salvajada. A mi me llama la atención que un divertimento tan bárbaro se repita un año y otro sin más consecuencias que la de una polémica intrascendente y que quienes están a favor tengan mucha más fuerza social que quienes rechazan la “fiesta”. En los incidentes de este año, la única perjudicada ha sido una mujer que intentó evitar la sangría y que terminó en el calabozo.

Estas costumbres ancestrales rechinan en un país que se llama civilizado. Los “bous” de Cataluña o el toro de la Vega en Tordesillas, o el toro embolao, o la vaquilla de Alhaurín el Grande, o cualesquiera otras manifestaciones de maltratos y torturas a animales para regocijo popular, son reminiscencias de épocas de atraso y salvajismo que no tendrían que existir ni siquiera en los diccionarios. No entraré en polémicas sobre si el toro de lidia desaparecería si desaparece su “fiesta”. Tampoco sobre el sufrimiento de otros animales con los que nos alimentamos. Simplemente, estoy en contra de los circos de sangre.

En cierta ocasión, hace la tira de años, presencié en la plaza de toros de Marbella una carnicería que no podré olvidar. Vi cómo un torero de renombre, tras una faena deplorable, daba catorce pinchazos a un astado que se resistía a morir y al que luego hubo que dar la puntilla unas cuantas veces más. Y, ante mi sorpresa, hubo espectadores que aplaudieron “la voluntad” y el empeño del matador, nunca mejor empleada la palabra matador.

Hasta entonces, no es que me apasionaran los “festejos” taurinos, pero tampoco los despreciaba, por aquello del arte intrínseco, implícito suele decirse, que se le supone a la lidia, por la electricidad que los pasodobles, interpretados oportunamente, hacen subir hasta el graderío, por la liturgia y los ritos de las corridas, por la influencia que ejercían en mis lecturas grandes escritores, poetas e intelectuales españoles y no españoles, que han glosado y glorificado el toreo…, pero desde entonces mis ojos se fijan más en la sangre que se derrama y en lo innecesario de divertirse haciendo sufrir a los animales. Y ya, desde hace bastante tiempo, lo reconozco, me parece detestable que se torture y se mate a los animales para diversión general, haya arte o no haya arte.

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