Vuelva usted Mañana

Cuando el Watergate era una referencia

Sostengo que trabajar el periodismo es ejercerlo intensamente, vivirlo, sentirlo, disfrutarlo, porque, para los que lo queremos, es el mejor oficio del mundo, en lo que, por cierto, también está de acuerdo Gabriel García Márquez, pero mira por donde hay gente de la profesión empeñada en reducir esa práctica absorbente y divertida al dominio de las nuevas tecnologías, anteponiendo al propio ejercicio informativo su devoción por la modernización de los soportes. Les divierte más jugar con los artilugios novedosos de la virtualidad que ser profesionales de la información. O eso parece.

Es como si a ti, periodista, te importara más la manera en que difundes la noticia que la noticia misma, su inmediatez de transmisión que su calidad y su veracidad. Para esta legión de enamorados de “lo último”, el verdadero referente periodístico hoy día consiste en la aparición de cualquier artilugio tecnológico que permite nuevas virguerías, no necesariamente siempre más éticas que estéticas
.
Me viene esta reflexión leyendo una entrevista con el mítico periodista norteamericano Robert (Bob) Woodward, publicada en el suplemento dominical “El Semanal”. Supongo que la mayoría de mis lectores –periodistas, estudiantes de periodismo, políticos, amigos de la comunicación- saben de quién hablo. Hablo del reportero que, junto a su compañero Carl Bernstein, ambos del “Washington Post”, ganaron el Premio Pulitzer por una serie de informaciones y reportajes de investigación (1972 y 1973) que concluyeron con la dimisión (1974) del presidente de los Estados Unidos, Richard M. Nixon, en el llamado “Caso Watergate”, uno de los escándalos periodísticos más sonados de la historia.

¿Por qué los periodistas estamos dejando de considerar como referencias esenciales de nuestro trabajo los valores de siempre y los modelos que nos dejaron los grandes, los que dieron ejemplo, los que hicieron un trabajo sensacional, los que dejaron huella de bien hacer, en lugar de creernos que la profesión es sólo tecnología, redes sociales, virtualidad e inmediatez? Bueno, pretendo decir que hay informadores, tampoco tantos, que dejan de lado el espíritu verdadero de la Prensa, los valores del rigor informativo, la comprobación de los hechos, porque prefieren ser los primeros en empaquetar y direccionar el producto informativo a la mayor brevedad posible, sacrificando la autenticidad de los datos y la verificación de los hechos.

Bob Woodward, cuya entrevista recomiendo a mis seguidores, sigue mostrándose, a la altura de su dilatada experiencia, como un simple periodista y escritor, que, cuando escribe (y lo hace a diario) se recrea, recopilando los elementos imprescindibles para que lo que escribe ofrezca toda la sustancia y contenga la mayor parte de verdad posible; documentándose, contrastando las declaraciones, volviendo una y otra vez a las fuentes, aislando la información pura de la mera opinión sobre ella. Se muestra contrario a la revolución “virtual” que está dando al traste con el sistema tradicional de hacer el periodismo, algo bastante lógico, por otra parte, en alguien que observa cómo se deteriora el método convencional para llegar a la recompensa del trabajo bien hecho.

He aquí una de sus respuestas a la pregunta del porqué de su diagnóstico pesimista sobre el periodismo que se practica ahora:
El sistema –dice Bob Woodward- vive obsesionado por la velocidad y la obligación de responder a una supuesta impaciencia del público, cuando lo que necesita este mundo complejo es un periodismo de calidad, que exige trabajo y profundidad. No se puede hacer un reportaje por teléfono o navegando por Internet. La información revelada en el Watergate no se habría encontrado en la web. “Garganta Profunda” (seudónimo del informador de Woodward en el asunto del Watergate) no tendría cuenta en Facebook. Nuestras fuentes eran humanas. Hubo que buscarlas, convencerlas y sonsacarles cada dato.

Woodward vaticina que cuando, dentro de cincuenta años, la información basada en los nuevos elementos tecnológicos de Internet, cubra todo el mundo como una nube de inmediatez, el magnate del invento tendrá que reinvertir sus millones en volver al sistema del buen periodismo, de la investigación, de la honestidad, de la claridad. Habrá que buscar el futuro donde antes estaba el presente.

Los inventos tecnológicos aplicados a la Prensa nos hacen avanzar y nos facilitan el trabajo informativo. Sí. Pero sostengo que sólo son complementos necesarios de los nuevos soportes. Y sostengo que, al contrario que sostienen otros compañeros, esas herramientas no son juguetes para divertirse. Al menos no lo son para quienes, como el que suscribe, nos iniciamos en tiempos de carencias y supimos muy pronto que con las cosas de comer no se juega.

(En la foto, Bob Woodward, a la derecha, junto a su compañero del “WatergateCarl Bernstein.)

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