Cosas raras que ocurren en los periódicos

Cosas raras que ocurren en los periódicos

No se debe confundir periodista de cámara con reportero gráfico o fotógrafo de prensa (me horripila el palabro “fotoperiodista”, aunque lo respeto sin aceptarlo). Los periodistas gráficos son unos abnegados profesionales que portan una máquina con la que inmortalizan las noticias. La distancia que existe entre ellos y los periodistas de cámara es la misma que separa el oro del oropel o la dignidad de la indecencia.

A lo largo de la historia, ayudas de cámara, mayordomos, valets, lacayos, criados, bufones (oficios dignos), han pululado alrededor del poder, hasta que una clase elitista y moderna, los periodistas de cámara, se auparon en lo alto del ranking desplazando incluso a los validos, históricamente los personajes mas influyentes en cualquier sistema político. Y ello a pesar de que la sonoridad y pomposidad de sus nombres, otrora prestigiosos, haga increíble a veces aceptar su desvergüenza…

Esto nos lleva al famoso “fondo de reptiles”, término acuñado por el creador del moderno estado alemán Otto von Bismarck. Se trata de un ardid político que lleva funcionando desde el siglo XIX en gobiernos de todo el mundo. Partidas dinerarias, a veces secretas a veces de “libre disposición”, que han servido a gobernantes y a servicios secretos para cometer horrendos crímenes de estado, pero también para comprar voluntades y opiniones de la Prensa. Hay Prensa de cámara y hay periodistas de cámara. Y luego hay cosas raras que ocurren en la vida de los periódicos.

En pleno hervor político, dirigiendo el periódico “Sol de España”, cierta tarde gris de la Transición, un ministro de Suárez me llamó por teléfono a mi despacho para ofrecerme una subvención “inmediata” que nosotros no habíamos solicitado. Lejos de mostrarme encantado de la vida, creí conveniente sugerirle que subiera el número de millones de pesetas que me ofrecía puesto que andábamos (como siempre) tiesos de solemnidad (y de tesorería). Quedé atónito cuando, tras una regañina cariñosa por mi osadía, aceptó la cifra que le propuse y, además, me prometió que no me pedía nada a cambio. No podía ser. Para mostrar mi decoro le agradecí sin excesivas euforias su generosidad institucional. Y diez minutos después salíamos disparados hacia el aeropuerto el gerente y yo, que queríamos estar a primerísimas horas del día siguiente en los Nuevos Ministerios de Castellana, en Madrid. Pero más que nosotros habían madrugado los demás directores de los periódicos privados andaluces. Eufóricos, bajaban por las escalinatas que dan a la explanada mostrándonos el cheque con mezcla de incredulidad y de alegría en sus rostros. El ministro sevillano pretendía sin pedírnosla (lo supimos en la Corte) nuestra espontánea solidaridad con su dimisión (rara avis en un país donde no hay un dios que dimita), producida pocos días después por desencuentro con su propio Gobierno que quería forzar una Autonomía de segunda para Andalucía.

No sé si el ministro ignoraba –creo que no lo ignoraba- que la opinión de “Sol de España” en tema de tan capital importancia era beligerante,notoria y radical y no admitía vaivenes ni volatilidades, incluso más allá de nuestra zona de influencia. Así es que en nuestro caso no hubo Prensa de cámara, ya que la línea editorial no varió ni un ápice en la defensa apasionada de una Autonomía plena para Andalucía. Estuvimos en primera línea de combate, pese a que, desde dentro, parece mentira, hubo presiones para que no “nos destacáramos” en un tema que nosotros sabíamos apasionaba al pueblo andaluz. Pudo tratarse de una ocasión extraña, hábilmente optimizada (perdón por la inmodestia), o de un maná caído oportunamente del cielo, pero el hecho nunca entró en la degradación de la mamandurria, la sinecura o, peor aún, la indignidad, aunque los fondos de “libre disposición” pudieran calificarse de “fondo de reptiles”.

Las hemerotecas certifican nuestro comportamiento periodístico. Sólo sé que “Sol de España” colocó una bandera andaluza en su fachada y sustituyó el tradicional color rojo de su cabecera por el de la blanquiverde el día aquel en que millones de andaluces salieron a la calle a pedir su histórico y justo derecho a decidir por sí mismos. (Lástima que una jornada vibrante deviniera en drama de sangre cuando fuerzas represoras asesinaron, en la impunidad del tumulto, a un joven malagueño.) El ministro y nosotros estábamos de acuerdo. Pues qué bien. En un libro que ultimo sobre la vida de “Sol de España”, el periódico que tanto significó para algunas generaciones malagueñas en particular y andaluzas en general, contaré con detalle esta y otras anécdotas y peripecias. Por cierto, con aquel dinero pagamos la nómina de un mes en tiempos de penurias.

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(Artículo publcado en el diario “La Opìnión de Málaga“, domingo 15 enero 2012)

1 Comment

  1. Muy interesante su artículo. Cada día me cuesta más pensar que hay medios independientes que no venden su línea editorial a cambio de dinero. El caso de los medios de comunicación en Melilla es muy especial. Sin las subvenciones encubiertas que otorga la Ciudad Autónoma en concepto de publicidad institucional no podrían sobrevivir, deberían cerrar en su mayoría. Imagine cómo afecta eso a la imparcialidad de los medios. http://estoesdepelicula.blogspot.com/

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