Vuelva usted Mañana

Controladores: chantajistas, inhumanos y ruines

Por primera vez en nuestro país, el Gobierno decreta el Estado de Alarma, en aplicación del cual los controladores aéreos pasan a estar “movilizados” por lo que si no acuden a su trabajo pueden estar cometiendo un delito.

No se recuerda una situación así desde que la democracia se instauró en España. Nunca un grupito de privilegiados había producido tanto daño a la ya de por sí escuálida economía de un país en plena crisis; ni tanto quebranto, perjuicios y sufrimiento a centenares de miles de familias. Jamás nadie había osado provocar un caos sin límites –con infinidad de dramas personales y gravísimos daños colaterales para empresas y organismos- ni nadie nunca había echado un pulso salvaje al Gobierno, exigiendo más prebendas de las que ya goza. Son los controladores aéreos, primos hermanos de los pilotos –el otro colectivo elitista que nos ha amargado algunas vacaciones- y que esta vez han traspasado la línea del sentido común para adentrarse en el territorio de la locura y la insensatez, paralizando súbitamente el tráfico en el espacio aéreo español y tomando como rehenes a los viajeros, a los ciudadanos que les pagan sus suculentos salarios, a los que han dejado tirados literalmente en las salas de embarque de los aeropuertos.

En una situación de escasez económica, en medio de una crisis que afecta a tantas y tantas empresas, cuando todos los sectores de España -principalmente las clases populares- están aportando esfuerzos sobrehumanos para seguir adelante, ¿cómo puede permitirse que unos pocos señoritos endiosados arruinen la oportunidad de inyectar un poco de oxígeno económico al país en una ocasión tan propicia como el puente de la Constitución?

Estos sinvergüenzas, que han actuado como en un Oeste sin leyes, están destrozando también nuestra imagen turística en todo el mundo. La palabra indignación no es suficiente para describir la reacción de prácticamente toda la población española ante la salvajada de los controladores que, en grupos y ante la sorpresa general, abandonaron su trabajo a medio hacer como quien decide ir a por tabaco. Siempre bajo el lema sanguinario de dar donde más duele, máxima que, al principio de la tarde de ayer, fue bendecida supuestamente, con su habitual forma desafortunada de actuar, por nuestros gloriosos sindicatos.

No cabrían en este espacio las frases desesperadas de muchos de los damnificados. Hay quienes piden para los controladores que sean detenidos inmediatamente por delito penal, quienes solicitan cárcel inmediata para estos chantajistas, quienes exigen que, como poco, sean despedidos ya, quienes piden que sean sustituidos por controladores militares.

El Gobierno ha tomado medidas sin precedentes que, aunque no solucionan instantáneamente el caos producido por los descontrolados controladores, al menos paliarán y acortarán sus efectos y establecerá un antes y un después para que nunca más tengamos que padecer una dictadura tan cruel por parte de estos colectivos de privilegiadas señoritas y privilegiados señoritos.

Soy partidario de que si no quieren mostrarse civilizados, pues que los militaricen.

Unanimidad, pues, en aplicar las leyes del Estado de derecho a estos ventajistas sin escrúpulos. Unanimidad, salvo, claro, en quienes, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pretenden sacar tajada política partidista, importándole menos el padecimiento del pueblo que sus ansias de mandar. ¿No sería lógico estar todos juntos contra el abuso y el chantaje de los controladores y dejar para más tarde las críticas políticas? Pregunto.

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