Si digo que Arturo Pérez Reverte es un tipo que me cae muy bien y al que leo con devoción, seguro que hay muchos lectores que estarán de acuerdo conmigo. También supongo que habrá quien no lo soporte, porque el laureado periodista – escritor cartagenero es sincero, descarado y de lo menos políticamente correcto que pisa el panorama literario. A escopetazos anda siempre contra los tópicos, defendiendo lo español por encima de prejuicios, hipocresías y conveniencias y reconociendo el mérito y el talento por encima de ideologías, tan impostoras y acomodaticias en estos tiempos. Que yo sepa, es el único miembro de la Real Academia que utiliza, al mismo tiempo, un lenguaje directo, crudo, coloquial, culto y hasta arrabalero. De reportero de calle, block de notas y cámara en ristre, pasó a jugarse la vida (literalmente hablando) como corresponsal periodístico y televisivo en las atrocidades de las guerras, y de ahí dio el salto a la literatura, donde se ha hecho fuerte con la bendición y el soporte de unos cuantos millones de incondicionales. Escribe novelas y artículos periodísticos. Pero no es un acomodaticio ni un acomodado. Ya no trabaja entre cañones, kalashnikoff ni minas antipersonales, pero sigue diciendo en voz alta lo que piensa y tamaña osadía pone muy nerviosos a esos mierdas que, escondidos siempre, dan puñaladas por la espalda.
Pérez Reverte, autor de novelas como “El asedio” (Cádiz en 1812, cuando se proclama “La Pepa”), “Cabo Trafalgar”, “La Reina del Sur”, “”El pintor de batallas”, “Territorio Comanche” (la experiencia brutal de la guerra en la ex Yugoslavia), “El capitán Alatriste”( con varias secuelas), “La Tabla de Flandes”, y de otras cuantas más, recibió un buen día el encargo de organizar una exposición magna sobre los hechos históricos que determinaron la proclamación de la primera Constitución liberal en España. Y aceptó encantado. Enamorado como es del espíritu altivo y rebelde del pueblo español, en este caso gaditano, y de sus gestas y heroicidades históricas, antes de escribir sobre el asedio, se pateó Cádiz de La Viña a la Caleta y luego entroncó con la gente de la calle y se documentó, como hace siempre, para que la exposición sea la reproducción más exacta y real posible de lo que ocurrió hace doscientos años en la Tacita de Plata.
Hasta ahí, nada anormal. Pero, mira por donde, aparece un político gaditano y dice que se le va a dar mucho dinero al escritor. Como ustedes saben, en su inmensa mayoría, los políticos introducen la gamba una, al menos, de cada dos veces que abren el pico, por lo creo que también en esta afirmación habrá ingente cantidad de hastiados ciudadanos que me dén la razón. Este señorito, socialista creo (pero eso es lo de menos), en lugar de apoyar una iniciativa tan interesante para sus paisanos, va y monta un circo mediático por el motivo de siempre: machacar al rival político, en este caso, a la alcaldesa del partido popular.
Cuando escribo estas líneas no sé si Reverte se ha terminado de cabrear y ha mandado a hacer puñetas al político y al proyecto o, si por el contrario, despachará al oportunista con un artículo de los suyos y montará una gran exposición histórica con el proyecto. Espero que siga adelante con la exposición. Pero es una pena que ocurran estas gilipolleces. No sé si algún día lograremos que los políticos sean representantes auténticos, genuinos, de la voluntad popular y no del capricho de los partidos que los designan, pero, mientras tanto, mientras la partitocracia domina a la democracia, no estaría de más que los dirigentes pusieran un poco de cordura en lo que hacen y en lo que dicen, cuando gobiernan y cuando se oponen. Y dejen en paz a un periodista y académico prestigioso e independiente que, por otra parte, ganaría más dinero escribiendo novelas y artículos que perdiendo el tiempo con estos bandarras.
¡Qué razón tienes en cuanto a la personalidad de Pérez Reverte!. Es “sincero, descarado y de lo menos políticamente correcto que pisa el panorama literario. A escopetazos anda siempre contra los tópicos, defendiendo lo español por encima de prejuicios, hipocresías y conveniencias y reconociendo el mérito y el talento por encima de ideologías, tan impostoras y acomodaticias en estos tiempos” (te cito sin pudor).
No se puede definir mejor, Rafael, Pero su forma de proceder y de calificar llevada a una persona que no tenga su valía y nombre podría ser calificada de grosera o de vehemente (escogiendo dos exquisitos adjetivos de la RAE); porque en España tenemos un doble rasero para las cosas: El loco pobre es un loco, y el loco con dinero es un excéntrico. Decir la verdad en este pais de una manera diferente se paga con el ostracismo y otras formas de castigo cuando no eres nadie.
En cuando al partido que se la tiene jurada, el PSOE de Cádiz,me da la sensación de que desde hace mucho tiempo todos,los políticos, sin excepciones, han dejado de trabajar para la ciudadanía y se han volcado en sus intereses personales y en los de las siglas que representan causando una sensación de desconfianza en el españolito de a pie, que no ayuda nada a superar los tiempos de crisis en los que vivimos. (Sabes que de este tema si que sé bastante).
En cuanto a la obra de Pérez Reverte, cada palabra es una leccion y un goce para un aprendiz de escritor y un lector, respectivamente.
Saludos Maestro, hablamos de ti bastante en los desayunos.
A mi también me gusta Reverte, la pasión que pone en lo que escribe es como el amargor del té, necesario para saborearlo.
Saludos, estimado Rafael.
A mi me gusta…Dice lo que tiene que decir.
Un saludo Rafael.