Cada vez me resulta más reconfortante charlar con jóvenes universitarios que quieren ser periodistas. Mi compañero Agustín Rivera, genuino representante de la profesión periodística y profesor asociado de la Universidad de Málaga, se empeñó en llevarme a dar una pequeña conferencia a sus alumnos y se juntaron el hambre y las ganas de comer.
Había que hablar de la noticia, según estaba previsto, porque uno de los temas a tratar era mi último libro (“De Gútenberg a Obama”), pero terminamos hablando de todo. Les conté algo de mi y bastante de lo que he vivido periodísticamente. Como siempre, lo que más llega a los alumnos son las anécdotas divertidas. Y, si encima son didácticas, triunfas como los Chichos… Es un decir.
Uno, en su historial, digamos dilatado, tiene vivencias de todo tipo: para reír, para llorar y para olvidar. Creo que nos hemos reído bastante en la hora que ha durado la clase. El humor lubrica bien el mensaje que quieres transmitir, aunque mi único mensaje esencial es que no se dejen vencer por los obstáculos de la vida, ni por el desempleo, ni por la crisis. Que aguanten, que resistan. Que no dejen de formarse culturalmente. Que estudien idiomas. Que aprovechen las más mínimas oportunidades. Que lean mucho. Les he dicho que no tengo fórmulas mágicas para que encuentren trabajo cuando ya sean periodistas, pero que sí tengo la firme convicción de que cuando alguien quiere algo de verdad termina consiguiéndolo.
Como sé que la carrera de Periodismo se utiliza a veces como opción de “a ver qué pasa” o como parar tener una oportunidad en “Sálvame” o como trampolín para trepar, o, tal vez, para ser los héroes imaginados de otro Watergate, he insistido en que piensen bien si de verdad quieren ser periodistas, porque, en caso afirmativo, les queda un calvario que superar, en el bien entendido de que cuando algo te gusta y lo vives y lo sientes, nunca ves la adversidad con la que tienes que luchar.
Y en cuanto al futuro de la prensa, sometida a duros ataques económicos y tecnológicos, les he dicho lo que realmente pienso: que no confundan Periodismo con soportes. La Prensa clásica creo que, aunque algo más débil, seguirá adelante, como siguió adelante cuando aparecieron la radio y la televisión, sus grandes enemigos. Internet en general y las redes sociales y los periódicos digitales en particular, son, para mí, el invento más grande de la humanidad. Pero, para poner orden en tantos soportes nuevos, y para que la información esté bien tratada, será imprescindible la vigencia de los valores del Periodismo tradicional.
También les he comentado que la especialización en la profesión es una salida aceptable, pero no es, ni mucho menos, la única solución de futuro. Siempre será necesario el periodista de cabecera, que conoce los principios éticos y estéticos de la noticia y de su tratamiento. El periodista contador de historias. El periodista de intuición rápida capaz de descubrir el ángulo noticioso, el titular adecuado, el emplazamiento idóneo. El periodista auténtico que distingue entre el grano y la paja, el periodista todo terreno que ama a su profesión y la salvaguarda de agresiones externas. Y siempre valdrán los consejos de los grandes maestros: Gabriel García Márquez que nos asegura que “lo importante no es dar la noticia el primero, sino darla bien”. O Kapuscinski que tenía por cierto que los cínicos no sirven para el oficio periodístico. (“Que la verdad no te estropee una noticia”, expresión máxima del rechazable cinismo periodístico.) O como Charles P. Scott, quien, en el siglo diecinueve, puso orden en los farragosos contenidos de entonces sentenciando que “el comentario es libre, pero los hechos son sagrados”, diferenciando así, de una vez, información y opinión.
Hablamos un poco también de los géneros periodísticos y me decanté por el de la entrevista, mi más querido género. ¿Por qué? Porque es el que te proporciona más acercamiento al protagonista y a la noticia y del que puedes obtener más información. Además, nunca olvidemos el viejo axioma: A la gente le gusta la gente.
Y como no voy a reproducir toda la conferencia, sino que me limito a algunos de los temas que más parecen haber interesado a los alumnos, termino con mis últimas citas. Descarto la frase tradicional y escéptica de ”el periodismo es un autobús que te lleva a cualquier parte, siempre que te bajes de él a tiempo”, y la sustituyo por otra mía, que considero más humana y que dice así: “el periodismo es el más enriquecedor de los viajes aunque no te lleve a ninguna parte”.
Y al final les solté lo que suelto siempre en mis charlas y conferencias: “Parafraseando a Pablo Neruda, puedo decir que, gracias a mi profesión, confieso que he vivido”.
¡Hasta otra, queridos alumnos, y querido profe!
Muchas gracias por la charla. Personalmente me ha hecho replantearme muchas cosas y reafirmarme en mi posición: “sí, quiero ser periodista” y de las buenas. Un saludo.
Una pena habérmela perdido por motivos de salud.
Seguro que ha estado muy interesante.
Cada vez que escucho a grandes profesionales hablar así del periodismo estoy más convencida de que he elegido la carrera adecuada. Soy de las que piensan que es la profesión más hermosa de todas, “una pasión que te hace vivir dos vidas en vez de una”.
Muy grande Rafael de Loma.
Muchas Gracias.
Querido Rafael,
Muchas gracias por tu post.
Tu charla les ha encantado a los alumnos. Hay muchos comentarios en Twitter. A los del turno de tarde les he leído este post.
Un fuerte abrazo,
Agustín
http://www.agustinrivera.com
Magistral señor De Loma, charlas como la suya hacen que me sienta orgulloso de la profesión que he decidido ejercer. Creo que no hace falta decir nada más. Soberbio.
Muchas gracias
Hola Rafael:
Me alegra haber asistido a la charla de esta mañana. Se aprende mucho de estas sesiones. Que porqué quiero ser periodista????? Pues a veces yo misma tampoco me lo explico, simplemente siento que es mi evolución personal.
Aunque cada día descubro más razones para no seguir con tal empeño, pues muchas de las que tenía en su lista las he ido comprobando en el trayecto. ¡Y maldita la gracia que me hace! Manzanas envenenadas, amistades interesadas, farandulismo y el baile del palmero.
Queremos ser periodistas para ser parte de la levadura que transforme el mundo en algo mejor, ser testigos-cronistas de la historia, intentar ser fiables y confiables. Caminar rectos aunque el mundo vaya torcido y poder contarlo.
Por eso y por muchas más razones queremos ser periodistas.
Como siempre un placer
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