Vuelva usted Mañana

Cita con la gloria

Crónicas Mundialistas. 2.-

Hoy echa a rodar el balón en Sudáfrica. Pido disculpas a mis lectores alérgicos al fútbol, pero se trata una de mis devociones y este es el sitio donde doy rienda suelta a algunas de mis emociones intimas. El fútbol, o mejor dicho, el sentimiento de la selección española de fútbol, está clavado en mis entrañas desde que, siendo un enano, me impactaron los gritos de alegría que daban mi padre y sus compañeros del periódico “El Faro” de Ceuta, a la sombra de la gigantesca palmera del patio, cuando Matías Prats, retransmitiendo para Radio Nacional, cantó desde el estadio carioca de Maracaná (abarrotado con más de ciento cincuenta mil espectadores) el gol de Zarra a Inglaterra, la por entonces “pérfida Albión”. Uruguay ganó aquel campeonato, que reanudaba la competición interrumpida durante varias ediciones por conflictos bélicos. Brasil aportó el drama con los suicidios colectivos que siguieron a su fracaso. Y España, a la que a nadie se le hubiera ocurrido denominar “la Roja” porque habría ido directamente a chirona, obtuvo la mejor clasificación de su historia –cuarto lugar- empatando con los campeones (2-2), aunque sucumbiendo estrepitosamente ante los brasileños (6-2), pero, sobre todo, venciendo a los ingleses (1-0), nuestros enemigos irreconciliables desde el desastre naval de Trafalgar.
He visto en la tele testimonios de los supervivientes de la proeza de Río de Janeiro: viejas glorias de cromos ya amarillentos, entrañables superveteranos con la sonrisa ocultando las huellas faciales del tiempo: Ramallets, Eizaguirre, Basora Puchades… y hasta tuve la ocasión hace años de charlar en un almuerzo en Bilbao con Zarra, autor del gol más celebrado de la historia del fútbol español (momento que recoge la foto que ilustra este post), héroe de una mítica delantera del Athletic que todos los aficionados hispanos nos aprendimos de memoria: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza, cuando los leones de San Mamés eran el equipo más admirado de España. Zarra hizo la mili en Ceuta y tenía un magnífico recuerdo de lo bien que fue tratado en mi tierra. Pero de aquella conversación y de otras con “O Rei” Pelé o con Maradona o con otros cracks –reconozco y confieso cierta mitomanía en el fútbol, sólo en el fútbol- ya les contaré en otro momento. Tengo que volver a citar a Ceuta porque un extraordinario futbolista ceutí, Rafael Lesmes, formaba parte de aquella formidable selección. Rafael y su hermano Paco (R. Madrid y Valladolid) fueron dos estrellas “caballas” de nuestro balompié como antes lo había sido Bravo, internacional y azulgrana, o como lo serían después “Tarzán” Migueli (también culé) o José Martinez “Pirri“, (merengue). Menuda cantera la ceutí.
Creo que, por primera vez, España acude a un Mundial sin la etiqueta de víctima propiciatoria, con la esperanza de hacer algo, con la ilusión de demostrar que, al fin, nos hemos quitado los prejuicios y de que un espíritu nuevo ha impregnado de arriba abajo al país y a la selección. Imagino que la “Roja” va a Sudáfrica como fue aquel año a Brasil. Y, dejando olvidada para siempre la goleada tonta que sufrió entonces ante los anfitriones, pueda demostrar ahora (en la Sudáfrica liberada por uno de los hombres más honorables y admirables del mundo llamado Nelson Mandela), que esta generación de futbolistas –los geniales bajitos y los eficaces espigados- que nos dio gloria hace dos años. nos va a seguir haciendo felices, sabiendo, como sabemos, que ser felices con el fútbol es olvidar por un tiempo (reducido, porque la felicidad son siempre momentos) nuestras penas, nuestra crisis, nuestras diferencias…
¡Ánimo a la “Roja”!

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