Espero no molestarle en una fecha como hoy, en que lo único que tiene que hacer es ir a votar y pasarse todo el día tumbado en el sofá, frente al televisor, pendiente de los resultados electorales. Hoy debería tener usted la agenda vacía, sin reuniones, sin mítines, sin entrevistas, la jornada entera dedicada al descanso pleno tras el frenesí de la campaña. Por lo tanto, espero que disponga de un ratito para atenderme. No sufra, que sólo serán unos minutos de nada. Una pequeña reflexión para el caso, muy probable, de que todavía no se haya enterado de porqué hay cada vez más gente concentrada protestando contra lo que usted y ustedes representan.
Lo que son las cosas. Hace siete días, concretamente el pasado día 15 –que ya ha quedado bautizado como el “15 M”- publicaba yo, aquí en “La Opinión”, mi artículo habitual que, por las quejas que contenía de la abulia política nacional, titulaba “Nuestra aburrida democracia”. Me quejaba, entonces (¡hace solo una semana!), de que, quizá porque ya somos libres, porque hemos alcanzado muchos de los objetivos imaginados durante la transición, o tal vez por la comodidad social y por el pasotismo, habíamos olvidado los tiempos vibrantes en que teníamos sed de cambios y hambre de libertad y peleábamos por las ideas, por la justicia, por la participación plena de la ciudadanía. Y que, por la apatía general, pero especialmente por la dejadez la juventud, se nos fue enfriando la democracia hasta oxidarse y hacerse aburrida. Pero, he aquí, que el “l5 M” salta la liebre. Estalla la reacción democrática. El pueblo empieza a decir aquí estoy yo. Y yo confieso que no había sido capaz de detectar la que se estaba organizando. Bueno, ni yo ni casi nadie. Pero, de entre todos los sorprendidos, fueron ustedes, los políticos, los más displicentes y los que menos reaccionaron. Al principio fue una reunión de nada que inmediatamente se hizo grande y se extendió a toda España. La juventud, y no solo la juventud, se despertó al fin. Y gracias al uso de las poderosas redes –símbolo de la potencia de las relaciones sociales del siglo XXI, frente a la obsolescencia de las comunicaciones del siglo XX- este movimiento social se ha extendido vertiginosamente en sólo una semana hasta hacerse trascendente y visible no solo en nuestro país sino incluso en la portada del “Washington Post”. Hasta el punto de que, en la opinión pública de los más importantes países, se está empezando a imitar la forma de protesta social de los jóvenes españoles, concentrándose en plazas y elevando quejas contra los poderes establecidos.
Ya sé, lo sabemos todos, que ustedes los políticos no terminan de entender qué es lo que quiere esa gente que se ha concentrado en la Puerta del Sol de Madrid, en la Plaza de Cataluña de Barcelona, en la Plaza de la Constitución de Málaga, en otras plazas de otras ciudades de provincia, frente a las más importantes embajadas españolas en capitales extranjeras. Y es lógico que no terminen de entenderlo. Unos por unas razones y otros por otras. Y todos porque no quieren soltar la poltrona. La derecha pregunta que porqué no se van a la Moncloa en lugar de reunirse delante del despacho de Esperanza Aguirre. Les molesta, evidentemente, porque piensan que solo vienen a fastidiarle el resultado que les anuncian sus queridas encuestas. Temen una reedición de aquella noche del 2004. Y están equivocados. Y los de izquierda, asustados también, piensan que ellos tienen las respuestas al “15 M” y les invitan a votar porque temen que la debacle sea imparable.
O sea, que tampoco parecen entender nada. Y eso que el CIS les ha advertido a ustedes de que la gente no quiere a los políticos. Y sin embargo la cosa es fácil de comprender. Nadie ha concretado las quejas de la multitud concentrada, pero es que yo creo que no hace falta. ¿Quién no sabe que los culpables de la crisis siguen siendo los dueños del dinero, que dictan a los gobiernos y castigan a las clases populares? ¿quién ignora que hay casi cinco millones de parados?, ¿quién no sabe que los partidos son cotos cerrados en los que no pueden entrar los mejores porque no permiten listas abiertas?, ¿quién ignora que la corrupción empieza en las propias candidaturas, consentidas y aplaudidas públicamente?, ¿quién no conoce la necesidad de cambiar la Ley Electoral? ¿quién no cree necesaria una regeneración absoluta de los valores democráticos? Se lo puedo explicar mejor: esto que está pasando se llama democracia. El pueblo quiere participar. ¿Algún problema? Atentamente,
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(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 22 de mayo 2011)
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(Concentración en Calle Larios.- Foto de Carlos Criado, en “La Opinión de Málaga“)