Me produce un momento de especial felicidad editar el artículo número quinientos de este blog. Así es que levanto mi copa virtual y hago un brindis con todos y cada uno de los lectores (me niego a decir usuarios) que, asidua u ocasionalmente, me visitan o, incluso, me leen. Brindo por este mi pequeño periódico personal “Vuelva usted mañana” (que aún no ha cumplido su tercer año de existencia), brindo por el recuerdo eterno del gran Mariano José de Larra y brindo por mis próximos quinientos artículos.
Tras haber recorrido un largo camino por una profesión como el periodismo, en la que vives tantas vidas y en la que tus escritos pueden ser la estela que vas dejando, me reconforta haber cubierto un hito más, esta vez viajando a bordo de un vehículo espacial que cruza el cielo cibernético como un rayo laser. No es la primera vez que cumplo un ciclo de quinientos artículos escritos. Ni de mil. Los he cumplido varias veces. Y no es petulancia. A fuerza de experimentarla, la vanidad ya no es mi parte más vulnerable. La coraza se ha creado ella solita Estoy curado del halago. Ya era hora.
Pero esta vez reconozco que hay algo especial en la celebración. Me sorprende y me agrada tener lectores en infinidad de países de los cinco continentes. Veo las estadísticas del blog y me emociono. No por la cantidad de lectores, que no son tantos, sino por la variedad y por la localización geográfica. Me halaga, eso sí, comprobar que cada dia vuelven a ser leídos artículos escritos hace tiempo. La red ha creado una prodigiosa hemeroteca viva y virtual que recupera instantáneamente trozos de historias que, de otra forma, permanecerían amarillentos en viejos anaqueles.
No fui de los primeros en abrazar la fe de las nuevas tecnologías. Aún hoy, siendo oficiante confeso de la nueva religión, no renuncio a la prensa escrita, ni renunciaré jamás, porque sigo pensando que es la madre del Periodismo. En ella sigo también escribiendo. Pero debo reconocer que la aparición de Internet –el invento más milagroso y revolucionario de todos los tiempos- ha roto los esquemas de la comunicación, ha dinamitado las fronteras, ha puesto en contacto a todas las culturas y terminará por crear un nuevo y pacífico espíritu mundial basado en el conocimiento. Razones todas ellas para que un humilde nauta del periodismo, como soy yo, envíe sus artículos a bordo de las lanzaderas galácticas; esos vehículos irreales que orbitan eternamente alrededor de los soles del infinito. Modestamente. Y sin censura.
En fin. Los quinientos artículos (“entradas” se dice en el argot) han constituido un tiempo pleno de vicisitudes, no exento de algún infortunio, rico en vivencias, que no tengo más remedio que celebrar con gozo. Lo haré al estilo Sabina. No puedo decir que ha sido como diecinueve días. Pero puedo decir que ha sido como quinientas noches…
¡¡Chin, Chin!! … por otros quinientos!!
Felicidades Rafael. Ahora por los mil!!! Calidos abrazos desde las frias tierras britanicas.
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