Vuelva usted Mañana

Audiencias merdellonas

Los programadores televisivos de las cadenas populistas andan revolucionando los shares de audiencia. Bien puede decirse que, pese al número de criaturas que, durante largas horas, se sienta frente a la pantalla para contemplar, babeando, las tremebundas historias de infidelidades, venganzas y odios africanos, sazonadas con lenguaje soez, griteríos, exabruptos, chabacanerías y, por supuesto, cantidades obscenas de dinero (modas tan contagiosas entre las cadenas desinhibidas), éstas, las audiencias, andan por los suelos, pero no por escasas sino por merdellonas, vulgares y barriobajeras.

Visto el lamentable panorama de la vida nacional, que tan escasas opciones nos da a la alegría y al optimismo, la explicación admisible de este deterioro del buen gusto es que se trata de una de las pocas alternativas que les queda al pueblo llano para olvidarse de la otra realidad, la de este lado de la pantalla, tan triste y angustiosa: ¿Qué otra cosa se puede hacer que engancharse a los entretenimientos televisivos más apasionantes? Un viejo precepto del periodismo proclama que a la gente le interesa la gente. (Lo que no calculaba ese axioma es que por esa cuesta abajo del interés humano -el famoso I. H.- se puede descender a los infiernos de la vulgaridad.) Y en cuanto al fútbol, “La Roja” nos ha puesto a cien, tras su proeza del Campeonato del Mundo. Así es que la desconexión de nuestra triste realidad tiene dos polos imantados de evasión para una gran mayoría: o fútbol o Belén Esteban.

Evidentemente, hay otras opciones, para alérgicos a ruidos y cutreríos, pero necesitan de una pesada labor de captación y convencimiento en el entorno. Son productos, afortunadamente para minorías, que requieren algún tipo de participación y que buscamos, aquí y allí, hasta encontrarlos. Nos ayudan a evitar la “depre”. Son series exquisitas como “Los Soprano”, “Mad Men”, “Dos hombres y medio” o “Los Tudor”, por poner ejemplos de televisión bien hecha, divertida, instructiva (aunque los ingleses, como dice Pérez Reverte, inventen la historia para fastidiar a España, caso de la vida de Enrique VIII) y otras muchas series británicas e incluso hollywoodienses, elaboradas con inteligencia, buenos guiones, excelentes interpretaciones y sentido del humor. Y, además, la tele nos depara cada vez más variada oferta de cine, incluso de buen cine. Que es otra manera de evasión sin tener que taparte los oídos o levantarse del sofá y salir corriendo cuando alguien te enchufa a esa gente intensa que empieza a calentarse a primeras horas de la tarde. Lo que de verdad te apetece después de comer es deleitarte (y dormitar unos minutos, digamoslo también), con “Saber y ganar” o con los “Grandes documentales”…

Hoy no hay referencias ilusionantes para la sociedad como las hubo en épocas de transición política, y en años de cambio, cuando, en medio de muchas mayores dificultades económicas que las que padecemos actualmente, existían ideas y promesas brillantes que nos vendían futuro, progreso, mejoras; cuando creíamos en algo, cuando soñábamos con salir para siempre de una larga e infructuosa noche oscura. De qué nos vale ahora haber llegado a ser un país moderno, novena o décima potencia mundial, si la sensación que nos domina es la de ser un país triste, sin ilusiones, sin metas.

¿Dónde están los nuevos ideales capaces de devolvernos las esperanzas de futuro y de redimirnos de la vergüenza cultural en que nos está metiendo nuestra propia depresión?

Una respuesta to “Audiencias merdellonas”

  1. yeiza dice:

    La televisión que nos sirvió de niñera y ventana hacia un mundo más allá de nuestras fronteras ha envejecido.
    Crecimos viendo “Los ricos también lloran”, “Cristal”, “Rubí”,”Esmeralda” y todas las piedras preciosas que el imaginario de la fábrica de culebrones podía crear. Todo eso aderezado con los documentales de la Dos, para poder cristalizar los lagrimones provocados por la Primera cadena y terminábamos el menú viendo Espinete, o los “Power Ranger”. En fin, todos tenemos un oscuro pasado.
    Ahora nos da vergüenza la tele que tenemos, porque amplificar un patio de vecinas con una cámara y poner a la más gritona como reina es chocante de necesidad.
    De todas formas, ideas y creatividad siempre hay. En un época donde el botox y la cirugía mantiene cuerpos incorruptos y deseables. La mente reciclará, renovará, renacerá como el fénix. A alguien se le encenderá la bombilla, abrirá el ojo y descubrirá senderos nuevos.
    Y parafraseando a algún viejo personaje de alguna telenovela vista en la niñez, normalmente era una vieja arrugada y decrépita la que decía: “En el país de los ciegos el tuerto es el rey”.
    Un saludo

    Blog: http://reflejos-juegos-de-espejos.blogspot.com/

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