El Blog de Rafael DE LOMA

Aterriza como puedas en Internet

En materia de creación artística, literaria, musical, vivimos una transición casi traumática que viene de lo puramente tradicional y que se encamina a velocidad de vértigo hacia lo revolucionario. Noticias, composiciones musicales, obras literarias dan el salto a Internet sin siquiera ponerse paracaídas. El aval se lo dan los convencidos al cien por cien, los que hacen religión de la red, aquellos que ya no quieren saber nada de un sistema que peligra pero que tiene aún mucha cuerda para seguir funcionando.

Con los libros aún no han podido. Se anuncia el libro electrónico, que ya existe, pero que aún no ha cuajado. En cambio, continúan prodigándose los lanzamientos del libro tradicional. Con los periódicos impresos la cosa está peor. Los defensores siguen adorando ese momento de su encuentro matinal con el papel impreso. Los detractores, algo más fanáticos, anuncian cada dia la extinción de la Galaxia Gutenberg, pero se dan paradojas. Un escritor muy importante, con una colosal obra literaria, académico además, dice muy convencido que él sólo lee periódicos digitales. Pero escribe cada semana un precioso artículo en el papel impreso, supongo que bastante bien retribuído. Y es leído por más de un millón de lectores cada domingo, amen de las ventas millonarias de su obra literaria, también impresa.

Escucho en la hermana radio un comentario curioso. Alguien, un joven español, realiza un corto cinematográfico que, descubierto y publicitado por un cazatalentos (americano, claro) es colgado en “YouTube”. A las pocas semanas hay catorce millones de visitas. Increíble. Los éxitos en Internet son realmente sorprendentes, asombrosos. Pero también aquí se produce la paradoja. Preguntado en la radio el joven cineasta, dice, con orgullo, pero también con cierto desaliento, que sí, que todo eso de la red es una maravilla, que su obra ha sido dada a conocer, pero que “no ha visto un duro”. Catorce millones de criaturas han disfrutado su talento y él “no ha visto un duro”. Caramba con el invento…

Está claro que aún no se ha regularizado el uso de la red. Y está más claro todavía que la gente se acostumbra muy pronto al gañoteo. Ambas circunstancias deben ser sometidas a un proceso riguroso de optimización. Hay que aprender a vivir en Internet, adaptarse a sus códigos. Yo mismo tengo mis dificultades. Me riñen por no usar en toda regla la máxima de la comunicación virtual: el hipervínculo. Y por escribir en analógico. Lo siento. Toda mi vida he escrito sin saber que escribía analógicamente. Creía simplemente, que escribía con lógica.

Una vez le preguntaron a un escritor consagrado qué consejo daba a los jóvenes. Se limitó a decir que lo realmente importante era tener algo que decir. Las herramientas se van aprendiendo poco a poco. Yo empecé en esto con la máquina de escribir (mi querida y negra Underwood, mi recordada y celeste Hispano Olivetti) y entré a su tiempo en el mundo del ordenador, siempre de la mano de Apple Macintosh. Y ahí sigo, ahora ya dentro de una tela de araña universal en la que asimilo cuanto puedo. Supongo que mejoraré con el tiempo. Tampoco hay que tomarse Internet a la tremenda. La indigestión no es buena.

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