Vuelva usted Mañana

Así, no, señor Del Bosque

Crónicas Mundialistas. 15.-

Estimado Vicente del Bosque, seleccionador nacional de fútbol:

Felicidades por el Premio Príncipe de Asturias, concedido ayer unánimemente a nuestra Selección por el mérito indudable, histórico, de haber conquistado el Campeonato del Mundo en Sudáfrica, en cuya hazaña tiene usted una parte importante.

Desde el pasado 11 de julio, vivimos todos los aficionados españoles un gran sueño, el mismo, quizá, que vive usted y que disfrutan los jugadores. Entre Luis Aragonés y usted se consiguió de forma consecutiva lo que nunca: el título europeo y el título mundial, y, además, haciendo el mejor fútbol, el más vistoso, el más eficaz, el menos agresivo y el más novedoso. Y practicando un fair play como ninguna otra selección ha hecho jamás. Una estrellita, distintivo elitista de los campeones del mundo, luce ya en las camisetas rojas y eso quiere decir mucho. Quiere decir, por ejemplo, que hay que seguir defendiéndola, prestigiándola, mantenerla luciente y en lo posible triunfante, pero, sobre todo, quiere decir que no debe someterse a ridículo jamás de los jamases… como acaba de ocurrir frente a Argentina.

Estimado seleccionador. Así como los españoles –yo, entre ellos- le asignamos una gran parte del mérito del título mundial –que quedará para la historia, al contrario que este planchazo de Buenos Aires, que, al final, se reducirá a una simple estadística negativa- , hoy me atrevo a señalarle como responsable único del enorme traspié, de la imperdonable goleada, del “papelón” que “hemos” hecho ante Argentina y ante el mundo futbolístico.

Debe usted saber, señor Del Bosque, que para nosotros, los aficionados, los seguidores de España, los enamorados de su fútbol, esta tremenda derrota ha sido casi una humillación. No quiero darle un tinte trágico, porque no nos jugábamos nada. Pero sí quiero puntualizarle algunas cosas:

Una.- Usted, señor seleccionador, por lo visto, se tomó este partido como un trámite dentro de un paseo triunfal por tierras argentinas. Turismo, alegrías, risas, visitas… y se olvidó de que Argentina siempre juega al fútbol fútbol y no entiende otra cosa que no sea competición.

Dos.- Usted, y perdone que dude de su visión previa del partido, no tuvo en cuenta que Argentina venía de perder un Mundial. Y que tenía ganas rabiosas de congraciarse con su magnífica afición. Y que su seleccionador preparó a conciencia el partido, estudiando al rival y concienciando a sus muchachos. Y usted infravaloró al rival, creyendo, tal vez, que cualquier alineación valdría para ganar.

Tres.- Usted, estimado seleccionador, hizo una alineación inicial –no se moleste por la expresión, porque no es personal- realmente demencial. Sabiendo, como debía saber, que Argentina quería ganar como fuera y conociendo la fuerza arrolladora de la afición que llenaba el mítico estadio Monumental –cuya pasión y cuyas energías pudimos comprobar in situ hace pocos años, unos compañeros y yo, en un encuentro ante Perú sin trascendencia para los argentinos-, en lugar de empezar el partido con la alineación titular, que asegurara, o intentara asegurar, nuestro dominio del balón desde el minuto uno, hizo usted un extraño combinado dejando fuera del equipo al mejor organizador del mundo, Xavi, que con Iniesta y Villa forman el tridente más letal del universo; al mejor portero del mundo, Casillas, a delanteros como Torres y Pedro… Y eso, ¿por qué? ¿Para que jugaran todos? Los experimentos, señor Del Bosque, se hacen con gaseosa, ante otros rivales, en ocasiones más propicias. En este partido se jugaba algo más que un amistoso. Y sus desacertadas decisiones han ocasionado el mayor desastre de la selección en muchos años. Y un sufrimiento inmerecido para la afición.

Cuatro.- Se olvidó usted, señor seleccionador, que uno de los jugadores argentinos es Messi, el número uno del mundo, y que Messi tenía también cuentas pendientes con su afición. Y que su misión sería volvernos locos. Y dejó usted fuera del equipo inicial a jugadores del Barça que conocen muy bien a Messi.
Un despropósito, señor seleccionador.

Lo felicitaré mil veces por haber contribuido a que seamos los campeones del mundo. Pero ante Argentina, ha hecho usted un ridículo sin precedentes. Y con sus decisiones nos ha producido dolor futbolístico, no tanto porque los argentinos nos hayan ganado –que lo hicieron meritoriamente- sino porque ofrecimos al mundo una mediocre actuación, cuando, simplemente alineando al equipo titular, desde el minuto uno, y dejando los cambios para más adelante, las cosas hubieran transcurrido de otra forma, incluso en el caso de que hubiéramos perdido. Porque no olvidemos que Argentina –que no es Liechtenstein- tiene un plantel de grandísimos jugadores, a los que, por cierto, conocemos bien –y usted debería conocer mejor- porque casi todos ellos juegan en nuestra Liga.

Creo, sinceramente, señor seleccionador, que ha sido un daño innecesario, un escozor gratuito, para quienes tanta devoción sentimos por nuestro equipo. Esta vez no solo no ha acertado usted, sino que creo que ha metido la pata hasta el muslo. Lo siento, pero debía decirlo, porque si me callo reviento. No obstante, seguiré admirándole siempre por cuanto nos obsequió en Sudáfrica.

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