Vuelva usted Mañana

Arte y oficio de la entrevista

En cierta ocasión, siendo redactor de un periódico recién fundado, me inventé una entrevista que al final resultó exitosa, pero si no se explican bien esas cosas puede quedar uno como un profesional tramposo, y como no lo soy en absoluto lo explicaré con detalle. Un día vino Alfonso Martínez Garrido a Marbella a descansar. Se había marchado de nuestro diario un año antes por un problemilla de vanidad y egolatría por su parte y por falta de tacto de la empresa. Llegar a Madrid y besar el santo fue todo uno. Lo fichó “El Alcázar” (el bueno, no el de los falangistas) y recorrió el mundo como reportero de grandes acontecimientos. Su más notoria hazaña fue conseguir en Tel Aviv la primera entrevista, en exclusiva mundial, con el escurridizo y mítico general Moshe Dayan, héroe nacional israelí tras la Guerra de los Seis Días. Poco después, la extrema derecha guerracivilista recuperó la titularidad de “El Alcázar”, el desviado, devolviéndolo a su línea ideológica cavernícola. Y Alfonso fue a la calle. Hombre con suerte, pese a haber insultado a Emilio Romero en las peleas entre periódicos, Martínez Garrido fue admitido en “Pueblo”, el mejor periódico de los sesenta, y enviado a Moscú como primer corresponsal español de la historia en la capital rusa, entonces soviética. En un paréntesis vacacional se nos presentó por aquí y nos dio un gran abrazo. Era el periodista de moda. Años atrás, siendo mi director en Ceuta, había ganado el Premio Nadal con “El miedo y la esperanza”. Juntos vinimos desde “El Faro” para participar en el alumbramiento de “Sol de España”.

El primer día de sus cortas vacaciones me contó cómo consiguió las exclusivas. Por cierto, la del legendario general del parche en el ojo la obtuvo tras ligarse a la secretaria. Me habló de todas sus peripecias y me narró sus espectaculares viajes. Charlamos horas y horas. Al final de la larga conversación se me ocurrió decirle: Alfonso, tengo que hacerte una entrevista. Y él, impasible, me respondió: Invéntatela. Con esas mismas palabras acabé la entrevista que escribí después en la redacción. Era inventada porque la fragüé sin formulismos tradicionales, pero era real porque los contenidos también lo eran. Al protagonista le encantó el trabajo que hice. Tanto, que unos meses después me plagió el invento en “Pueblo”.

Si se practica con profesionalidad, el género de la entrevista es un arte de lo más agradecido que hay en este oficio. Funciona perfectamente en todos los soportes. Ha habido entrevistadores geniales en nuestro Periodismo: Del Arco, en “La Vanguardia”, acreditó durante décadas un modelo de entrevista diaria en la que retrataba a los personajes a base de pregunta y respuesta cortas. Hoy, con estilo bien distinto, el trio de ases Lluis Amiguet, Ima Sanchis y Victor M. Amela hacen, en la contraportada de “La Vanguardia”, las más enjundiosas entrevistas de la prensa española. Alfredo Marquerie, de “Abc”, fue otro célebre entrevistador; por cierto, el primer periodista en hacer una entrevista dentro de la jaula de los leones en el Circo Price. En la actualidad, Karmentxu Marin hace una original entrevista semanal en “El País”, comida incluída. En Ceuta estaba Tony de la Cruz, mi compañero de redacción, que popularizó en “El Faro” su “Café del Puerto”, una entrevista diaria que aguantó treinta años sin fallar una sola vez y que finalizaba siempre con un chiste.

En la tele, Pedro Ruiz y Mercedes Milá, antes de que ésta se pringara en la tontería de Gran Hermano, hicieron magníficas entrevistas.

Imprescindible para una buena interviú: documentarse, relajar al entrevistado, algo de complicidad y entrar hábilmente en intimidad y sinceridades. Y talento, quien lo posea.

Tengo vivos recuerdos de tres entrevistas especiales de cuando era un joven reportero. En un aniversario del periódico, el director Vicente J. Amiguet me sugirió entrevistar a mi padre, José de Loma, linotipista fundador de “El Faro” y persona excepcional. Fue algo único y emotivo. Hice también una entrevista especial a una jovencita ceutí que tenía el corazón en el lado derecho. De familia humilde y necesitada, su padre protestó porque quería dinero y terminó echándonos de la casa al fotógrafo y a mi. Y entrevisté a un buen hombre que se sacrificó para salvar la vida de su hijo pequeño, achicharrado en un brasero. Le arrancaron la piel a tiras, sin anestesia, para trasplantársela al niño. Sufríamos al verle arrastrándose como una momia por los pasillos del hospital. De todas mis entrevistas he elegido estas. Es un género periodístico sobre el que hay mucho que hablar.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga“, domingo 5 febrero 2012)

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