Para cualquier periodista que se precie, la primicia ha sido siempre un trofeo a conseguir. El que pega primero pega dos veces. No digamos cuando se trata de exclusivas. Nunca en cambio se valoran de igual forma las noticias bien contrastadas y bien redactadas si se ofrecen a remolque de la actualidad. Lo malo es que, en el ansia de ser los primeros, las prisas pueden provocar imprecisiones, errores o falsedades. Claro que, ante la duda, prima la urgencia. En tales casos, los cínicos se justifican con la peliculera frase de “no dejes que la verdad te estropee una buena noticia”.
Hay quien no se detiene a la hora de conseguir ser el primero en informar.
Acabo de leer en la prensa digital que la policía brasileña acusa al periodista Wallace Souza, del Canal Livre, de encargar cinco crímenes sobre los que, por cierto, informó antes que nadie. Qué listo el tío. El caso resulta complicadillo porque el individuo en cuestión, además de presentador televisivo de noticias y parlamentario en sus ratos libres, parece ser que se dedica también a otras cosillas: narcotráfico, delincuencia organizada, posesión de armas…, pero de eso no voy a hablar porque no permitiré que los datos completos me estropeen este artículo. Lo que trato de resaltar, a modo de ejemplo, es como la gente se busca la vida –bueno, en este caso, la muerte- para conseguir las primicias. Hay que ver. El tal Souza tenía un prestigio bien ganado entre sus telespectadores. Sus cámaras siempre llegaban al lugar del crimen antes que la policía. Qué pedazo de profesional…
Conocí a un periodista que se inventaba continuamente las entrevistas. Y lo hacía francamente bien, pero nunca llegó a matar a nadie. Aquel hombre era un pedazo de pan, eso sí, muy imaginativo. Siempre cumplía con su sección.
Pero no sólo son los periodistas los agoniosos de la urgencia informativa, también lo son algunos medios. Y de forma especial lo son los grandes periódicos sensacionalistas. Mi proveedor habitual de temas especiales de la comunicación, el agudo observador y querido compañero Rafa García Cruz, con quien he trabajado algunos años, me proporcionó hace algún tiempo una foto, que es la que ilustra este comentario, en la que se basaba una campaña de promoción del diario alemán “Bild Zeitung”. Como puede apreciarse, el secuestrado, apuntado por una metralleta criminal, aparece en la foto como Dios manda, o sea con el periódico del día en la mano. Pero resulta que ese periódico del día incorpora ya la noticia en cuestión bajo un titular de cartel: “¡Secuestrado!”
Ingeniosos los alemanes ¿no? El “Bild” es el diario de mayor tirada de Europa. Y el menos creíble. Vaya lo uno por lo otro.